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miércoles, 2 de febrero de 2011

Travesía

Desde mi atalaya  pienso y confío navegar en océanos interiores por donde mis ideas izan sus velas. Me dirijo confiada a la Isla Felicidad aunque sea siempre una utopía para todos, pero parece que nos promete maravillas cuando la esperanza le da por ser una neurona despistada, sin poder estar en ambos hemisferios, Sur y Norte, en lo que hay fuera pero también se supone que dentro, pues está claro que en esa dicotomía también existen otros dos dentro de mi  cerebro. Es lógico y tiene su interrelación. 

Así que allí me veo con la mesana inflada por el ímpetu de mi aire espiritual, en el abandono de otras corrientes y fuerzas, oscilando en la alegría de este viaje pero en la tristeza de no hallar todo lo que deseaba, con la nostalgia de dejar lo que tengo conseguido y percibo con los sentidos, pero recobrando lo que soy como energía de un proyecto que me pertenece. Esclava de un destino de siglos, vidente de un ayer inacabado; súbdita del mismo por programado y capaz de sentirme principio y final de mi situación sin desaparecer por ello; sólo soy parte del reciclaje temporal para probar al que todos accedemos para probar capacidades fuera de lo etéreo,tomando un cuerpo físico para poder disfrutar de sensaciones y por  lo tanto tangibles.

Llevo así siglos sin poder acostumbrarme a este viaje al planeta Tierra, lugar de ensayos y conclusiones. Pero es un tiempo de 'infierno y cielos ' necesario, porque sólo así y dentro de mí, buscaré la línea divisoria entre el mito de lo sagrado y lo que conocemos a partir de nuestros conocimientos. Lo que se nos deja conocer del todo pero lo que podría resolver el enigma en menos tiempo, dando por concluida el tiempo en este lugar, donde las posibilidades entre millones son siempre azar. Me concluyo en particular realidad como uno más  de los seres vivientes que razonan su existencia, pero dentro de mi propia particularidad y en mi 'caverna de ermitaño', crisálida en plena metamorfosis como si se tratara de millones de muertes para otras tantas vidas en esos cambios.

 La existencia no es un hecho aislado, es un proceso continuado y no siempre es de Naturaleza divina, aunque en un principio pudiese ser así hasta que los dioses les dio por utilizar lo que sabían y acabar con su propia 'divinidad', abusando de los poderes que les otorgaron para el bien de lo que deberían haber manejado a la perfección. Se equivocaron y nos cargaron con sus errores. Así que de vez en cuando ensayo por mi cuenta y riesgo este viaje interior, me sumerjo en lo que  no pudieron hacer desaparecer del todo, otro de sus errores y somos uno por cada millón de seres vivos que sabemos ajustar los tiempos además de otras cosas, que a ellos no les beneficia para nada en su apreciada Eternidad, más evolucionada que la nuestra por ir por delante; digamos que preparo mis bártulos a conciencia para que no me pille desprevenida la vuelta y, menos, 'su zancadilla', sabiendo lo que se va acumulando en la 'bodega' de mi nave. Así que sigo mirando la subliminal imagen de lo que llaman 'horizonte' cuando llega el ocaso, el mío y de vez en cuando, al alba, me desvelo para saludar el día que ellos nos proyectan que no es el mismo que cuando abandono este lugar. Percibir en mi total abandono a los elementos que me rodean fiel copia del verdadero cielo, siempre es un regalo reconfortante por la belleza de un nuevo amanecer, donde el 'astro rey' hace su majestuosa entrada a este mundo..., y todos tenemos el propio y, como digo al principio, es igual dentro y fuera. 

¡Ah, tanta maravilla nos fue dada para el disfrute de esta raza de esclavos en el Universo! Fue una entre muchas más de nuestras exigencias. Por eso admirar  esta maravillosa copia relaja y me deja ascendida, flotando espiritualmente para sentirme de nuevo dueña de esa otra añorada  realidad acá en esta esfera que gravita, mientras gira alrededor de su sol, nuestro mundo llamado planeta Tierra, donde otras miles de millones de ellas se  multiplican dentro y fuera)... deseosas de no disiparse y sosteniéndose unas y otras de forma aleatoria e invisible al ojo humano, abriéndose paso para subsistir en el cada vez más estrecho cosmos de su realidad por falta de espacio y, avanzando cada vez más y más lejos, mientras se aleja este vehículo del resto de otros sistemas; necesidad de renovarse ante los elementos nocivos que las agreden agotando su existencia. Terminará como todo planeta caduco en cualquier rincón de un vertedero sideral, allí, serán otros esclavos los que intenten salvar lo poco útil que han dejado miles de civilizaciones a lo largo de anales de luces. Y como responsables del mismo en una estrecha realidad de posibilidades por su finitud gradual, sin poder recuperar su energía en la acción de sus necesidades, se hará inhabitable la muerte de la Tierra. Será más de lo mismo para los siervos responsables e indirectos de la sobre explotación de todo lo que hay en este planeta.


Habrá que considerar a 'la felicidad' como un estado de ánimo que debe hallarse dentro y fuera pero buscándolo con fe al horizonte, en un mar de lejanías y sin ninguna duda. No sé si será verdad y no me miente este interior mío a pesar de otro vientos huracanados, con tanto brío que me lleva a perderme en el escombro de lo que quede de mi ser, porque no dejo de ser incauta siendo dentro lo mismo que fuera, porque cuando persuade la melancolía todas las palabras me convencen, no hay forma de eludirlas de mi velero de pensamientos útiles, donde viajo despierta al tiempo de los tiempos, mi Isla Felicidad.

Pero en este sueño, porque no es más que un sueño dentro de otro, siempre hay un rumbo moviendo el ánimo, agitando una variedad de sensaciones desocupadas, motor de la misma necesidad que nos separa del verdadero motivo del que sabe que es viajero, si no se da cuenta de ello; -quizá estén en paro por la crisis los sueños de la humanidad y los de cada uno; pero no escatiman vanidad y jactancia porque son el motor que los emite y sopla al velero su vela... No es necesario hablar de distancias, mapas lejanos o de otras huellas dejadas por mí o por todos, pues me busco y nos buscamos para saber que cuando me halle  o nos hallemos, no habremos  perdido el viaje y podremos abrazarnos de nuevo. 

La felicidad puede estar de diferente manera en cada ser que la medita, en mí puede ser en el aroma de otros mares o en el tumulto de las sensaciones que se evaporan; o en el idioma de los ritos, las batallas perdidas, los imposibles, las religiones y los astros. La memoria es una palpitación nerviosa, energía, con ganas de despistarse mientras resuelvo  dónde me he escondido, cuando jugaba a ser mayor con otros y, ahora que lo soy y he jugado, no hallo a los que deberían estar aún jugando conmigo al escondite... ¡A los del caos! ¡Y la mía no la quiero perder vista porque tiene las claves de su paradero! Sé que para hallarlos he de hallarme por algún lado; y sé dónde me encuentro, pero ella también sabe que la busco... ¡Me quiere en el corazón de las flores, en el vacío que me rompe con su silencio sin versos, en el dolor donde me asomo y cuando me reclaman unas gotas de sangre por mis manos. Sé que la felicidad de mi memoria puede estar en un corazón enamorado de la ausencia, de qué y el quién en el interrogante que admira lo que no dice, pero sabe donde se alojan dos almas mientras se alejan, por eso anda vacío el cuerpo con toda su osamenta dentro de mí para poder en esa sabia ductilidad tenue o vaporosa, servir a mi espíritu. 

Por todo esto que sé y puedo resolver he comprendido y emprendido la travesía a mi interior;  no dejaré que las semillas de los tréboles duerman por invierno, necesito uno de cuatro hojas, para que me afirme en el germen gozoso de su naturaleza, sin tener que pensar en el bien o en el mal, que ya está todo preparado para mi regreso. Y, cuando me veas, dime alma que me has encontrado en el cansancio, en el jadeo incansable de las aguas y en el cardumen que no imaginamos en esos tantos adentros, donde la música de Dios sigue insistiendo en no olvidarnos. 

Elisa en: "Don Anselmo".2/11 

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