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sábado, 18 de mayo de 2013

COMO SI NO EXISTIERA

"Los buenos amigos son como las estrellas ...
no siempre las ves, pero sabes que siempre están."
Muscaris o nazarenos

Veo claro...
A los nazarenos florecidos
en medio de las piedras y otras yerbas.
Sabes que están allí en sus bulbos
 por más seco que esté el terreno
y cuando llega la primavera,
 brotan en un concierto azul
y todos dicen: 
"¡Ah, mira qué florecilla más linda!..."
"¿Cómo se llama?"
Así debes pasar por la vida
para que pregunte quién eres,
aunque saben que también floreces.

Pero una se acostumbra a todo como ellos
y, aunque sabes que estás, aunque te desdeñe el sol,
eres quien eres, una más.
Y vuelves a brotar por primavera,
¡y pregunta y pisotón seguro!
Quizás, sea gracias al llanto del cielo que naces fuerte
y todo lo aguantas.
(Llegas a conocerte en el desencanto si falta fe.)
En el rumor del bosque siempre hablan las ranas
y no sé si esta sensación de tanto vértigo marea
al margen de hacerme sentir más indefensa,
haciendo que me eleve como cometa
u hoja de hojarascas.

Acostumbrarse a todo no es ser insensible
o invisible a los ojos ajenos,
como cualquier brizna de polvo que se eleva
hasta que entra en el ojos de los preguntones u olvidadizos,
los que no quieren saber, ni ver que estás...
Pero opinan que eres...
"Original, verdadera, especial e única"
-Alguien lo dijo pero ya no recuerdo.

Saber que eres polvo cuando estás de indógnito 
ya es un castigo,
porque si sobla el viento entras en una racha en sus pupilas
¡y descubren que estaba ahí cuando escueces! 
¡No entiendo por qué lloran!
...
Vas perdiendo el contacto con la realidad 
y eres cada vez más lejana;
como hormiga,
como si nada,
 cualquier cosa más 
que se olvida,
   o se teme por ser fuera ya del mundo
  cada vez más irreal,
de viaje y sin maleta.

Como la flor del nazareno te descubren florecido
en esos matorrales del alma,
entre las áridas tierras bajas o las altas
así de pequeño, así de sencillo, azul, humilde, sufridor
al borde del camino de los hombres.
Porque más allá del prado y la montaña,
más allá de la hilera de castaños,
más allá del riachuelo y de mi tiempo
y todo lo que bordea la marisma y su olor a yodo,
hay un ser humano que resume el recuerdo.
Porque ya nada puede convencer al paisaje
de que no existe, cuando surge tu paso florecido.

II

¡Siempre te soñaré como eres
pero nunca como si no existieras...!
No se quiere ver,
nos niega la vida,
nos pisan con desdén
y entonces... ¡ves claro!

Muy claro.
Porque aún te pensabas que eras algo
y cuando eres quien eres, un humano más y sensible, duele;
y sabes que nada va a cambiar
si no te enfrentas al hecho en la costumbre,
por ser esta mía tan ingenua y desgraciada
la de pedir perdón por todo lo que no pasa
pero pisa,
-mejor esto que no hacerlo nunca-
¡Se siente y estás vivo!
Mejor reclamar con un poema que lo dice todo.
Delicadamente, con modestia.
-¡Nada va a cambiar al Amor y la necesidad del mismo!
Al fin de cuentas da lo mismo ser flor de nazareno que diente de león
Asumes ser una pequeña planta
porque no prevés el paso de los hombres,
y, si te conocerse como brizna de polvo, es otra ventaja
pues hasta que no entras por los ojos,
¡no te reconocen que estabas allí para que lloren!


Elisa 

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