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Cada hijo de vecino...



"… hazte autosuficiente, libérate y no seas carga para nadie; 
ser mío, reconstrúyete;
eres fuego purísimo,
vive en ti,
vive;" 

(Autor: elelendo "De la infinita guerra"http://www.oriondepanthoseas.com )

¡Despierta,
lucha, 
cambia,
pero despierta y vive, ser mío,
lo que no te han dejado vivir!
Y si el silencio ha de callar siendo testigo,
déjale que juzgue el hoy sentado ante la falsedad, mientras te alejas del miedo para siempre y la Verdad gobierna.

Cuántas veces en este recóndito pasaje caminas taciturno el miedo, en el presagio de ser o no de un destino seguro. Va levantando el polvo del camino mientras arrastra su temor y, cuantas veces nos dejamos el entusiasmo con las comisuras de los labios estiradas, por la sonrisa congelada ante lo que nos rompe la existencia, pero es mejor permanecer en silencio. Pero aún es peor, cuando no se asume el error y con la boca contraída en una mueca de dolor moral, imprecamos a los cobardes que no nos merecen un respeto. Por todo eso que creemos y que nos hacen otros abrir los ojos, cuando no queremos ser víctimas, deberíamos extraer el valor de los bolsillos y no esconder las manos en ellos, mientras nos destruyen. Somos las víctimas del sistema y no izamos la bandera de nuestros valores en alto, defendiéndola, porque se izan todo tipo de banderas engañosas, que no tienen la misión moral que defiende los mismos valores. No nos damos cuenta que están para servir al pueblo y deben abandonar su pretendido gobierno, si nos fallan. Les pagamos a los elegidos por cumplir una misión justa, no la impuesta por otros gobiernos estando ajenos al pueblo que les vota. No vemos bondad y sí negocio en quienes nos gobiernan,  porque nos han paralizado la razón de pensar en libertad, creando leyes que permiten que les juzguemos si nos fallan. 
-¡Cuántas veces podemos ser irracionales!

Cambiamos reglas de moral o se cambian para  disfrazar verdades, favorecemos con errada indulgencia a los bellacos... Y lo podemos saber, mas no cambiamos para aprender a madurar los sanos conceptos de la lógica, que nos han arrebatado; pero arrastramos a otros a la ruina moral del desencanto, dando valor al que más miente para hundirnos y convertirnos en esclavos. Empeñando la vida, encarcelando el alma y con la mirada prisionera, nos vemos metidos en cráteres de espanto, donde vamos vaciando la memoria de lo poco bueno para no indagar sobre la Verdad y la Luz que no pudimos hallar a tiempo. Pero aún somos capaces de bebernos el vino que envenena la copa que nos dan, y que no veamos las miserias disfrazadas que tiene la sociedad. 

Escribo una nota salvaje que en lugar de ser armonía me grita su espanto envilecido, esparciendo palabras atrevidas por el suelo. Describo la acción o el movimiento de los personajes en el teatro de la vida, al servicio de la escena que conviene. Describo el espanto de tener  el ruido en la pena, el pesar sin la luz de la inteligencia y la fe sin la oración que nos consuela. Esa liturgia del abrazo y el beso en el evangelio, por los tantos Judas que nos gobiernan.

No vemos la pesadilla y si se despierta el hambre que busca el equilibrio, el gozo, la paz y la dicha de ser algo más que un tiempo equivocado. Caminos de oteros emergiendo en el espanto de otras inundación se los siglos. Ante la desvergüenza de personajes que no nos son ajenos, pero dañan esta sociedad y son igualmente despreciables al dolor de otros, no renunciando al daño con el que disfrutan, mintiendo cada día. Escribo sin el resplandor verdoso de otros ojos que presiento en mi infinita tristeza, por ser color de esperanza y ya no están para dar fuerza y generoso amor, pero sí son estímulo al alma por ser justos, por esos otros ojos que lo saben, al reflejarse en la pupila dilatada de lo que sabe suyo. 

Es que, de mi todo sale esa luz  que me ha embargado, ante lo exterior que se oscurece y debo iluminarme de su fe, sin confundir mi interior equilibrado. Pero me abisma en otras conciencias, para estar fuera de su dolor presentido; la sospecha y el temor certero de la desesperanza, cuando sabe del malévolo arquero al utilizar la vida ajena, para no rendirse al perderla como añadido y por lo que lucho para guiarlo; pero no pudo por no ser perfecto y decidió dañar el material del que estaba hecho, experimentando con las emociones y corrompiendo. Un daño que convirtió en lanza tensándola al máximo, hasta que no aguantó, enviándola a su certera trayectoria. ¡No lo necesitaba, pero era necesario guardarse el arquero sus espaldas, sin desprenderse de su aljaba!

...

La mano que escribe es efímera como el resto del cuerpo que la sostiene o la mente que la mueve; mis dedos que desatan pasiones de palabras amarradas ¡y miro cómo las echo a volar por los alcores del miedo! Mientras más te acercas, estás en el lugar preciso; no cambiará nada y, si te distancias de los fluidos de la heredad y de la vena que fluye, te apartarás del yo imaginado que soñabas para ti cuando eras promesa de un mañana. Yaces  desnuda ante la visión del alba en la que cada día asoma el sueño reparador de las jornadas, y te conviertes en su habitante al que confiesas de qué están llenos los silencios, pero sigues cazando moscas a la madrugada porque hiede el cadáver de tu espanto. El horror de una mentira se puede disfrazar de un sueño y representar su papel de estrella. Y hace que se persiga con lujuria una estrella en su   maratón fugaz que la aleja del resto sin poder hallar la serenidad que se anhela. ¡Dónde el equilibrio, el respeto  tangible y verdadero del amor tras los cristales que deletrean el tiempo, que sólo despiertan lo baldío en una lucha ciega con la razón y la suerte, delimitada por el miedo de enfrentarse a la acción.

Desvencijadas almas que se arruinan  ante el discurso de la procacidad de un depredador, oscuro es el vínculo favorecido por las sombras que lo cubren, para la devolución de su maldito 'préstamo moral',  en que se arruinan cuerpos y  cerebros y, el alma, cobrándole al miedo su futuro irreconciliable por quedarse muda.

Se sabe vencido, humillado, sin redención. Y me pregunto, ser mío: 
... ¿Cómo una pavesa incendiaria, puede provocar el desastre moral de un ser humano?

Desde los escombros aún palpita un corazón de mujer anciana, que os relata cómo es una parte ínfima de lo que es el miedo. Y por desgracia cada hijo de vecino puede ser hijo del  miedo al describirlo, porque no hay  ningún temor de Dios, ni valor ético, en los dioses de barro que  tienen una posición de poder.

Los Carnavales se visten de 'varones domados' y Circes como en la mitología trabajando en su telar, a ver si caen más en sus redes para atrapar imbéciles. 


Elisa
2011