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Algunos de mis relatos... "Una mona monísima"...y más


Monísimo relato





Una mona monísima se le ocurrió un buen día entrar a un maizal para comerse algunas mazorcas de choclo. Son las más tiernas y las que más gustan a los hombres y a los monos, como a muchos grandes herbívoros. Pero la cuestión es que a los primeros les gusta cocerlas libres de toda cáscara y cabellos, pero a sus ‘primos hermanos’, tal como las cogen de la planta con todos sus nutrientes que son los que valen la pena. También están muy ricas así, pero dan diarrea...¡Cosa mala!


La mona estaba contentísima porque no había nadie por ahí mirándola e iba dejando las cáscaras a un lado; mientras, daba buena cuenta de las hileras de maíz que la esperaban con tamaña sonrisa de felicidad; pues tenía el maizal para ella solita en ese momento. Sólo quería saciar sus hambres con un suculento manjar, diferente al de todos los días en su amada selva. Así, una tras otra, devoraba las mazorcas y dejaba la tusa (corazón de la mazorca) junto al capazo natural o cubertura, que lleva cada una y sirve de sostén a su grano. 


En esto estaba cuando de repente aparece el vigilante del maizal con una escopeta. Se la cala en los hombros, afina la puntería y..., la mona tan monísima ella, se cae al suelo antes de que el hombre dispare. Este, sorprendido por lo que ha pasado e intrigado se acerca a la mona escopeta en mano y la da un puntapié. La mona ni se inmuta, está como muerta y tiene una leve sonrisa de tierna inocencia. Entonces, el vigilante la toca y ve que está calentita y mullidita...



“¡Parece tan indefensa, pobre animalito!” -dice mirándola con inmensa ternura arrodillándose junto a ella y dejando la escopeta a un lado.

“¡Es una mona monísima!, ¿la habré asustado?” -añade de nuevo viéndole el rostro al animal aún joven. “¡Pero qué felpita de pelos tiene por todo el cuerpo!, qué ‘mona’ es la condenada, pero no parece que sea un animal tan malo, debe de pasar hambre, después de todo no se ha comido todo el maizal y aún hay suficiente para cosechar.” --Pensaba el hombre mientras la acariciaba el cuerpo y se excitaba poco a poco y, no pudiendo más, mirando para todos los alrededores, se bajó los pantalones y se puso en faena... No sin antes pensar: ...“Puedo echarle ‘un quiqui’ y nadie se dará cuenta, pues está como muerta o desmayada, no me extraña con el empacho de mazorcas la pobre no ha podido más, luego me ha visto con la escopeta encima y se ha asustado; aprovecharé el momento, después de todo se me ha puesto a tiro... ¡y vaya si está monísima la condenada!”

Así que puesto en faena aprovechó la ocasión y ahí que te den mona ladrona, hasta terminar su regocijado rato el vigilante de nuestro cuento. La mona ni se inmutó, siguió en el mismo plan como ‘la bella durmiente’ y muy sonriente, hasta tuvo la osadía el vigilante de robarle unos cuantos besitos en pleno jolgorio, poniéndole toda la fantasía e ilusión al rato de holganza, seguramente para quitarse también ‘las hambres’ que llevaba de otras 'mazorcas' a las qué hincarle diente... Una y otra vez hasta caer extenuado al lado de su escopeta y de tanta mazorca... pelada... hasta quedarse dormido como la mona.

Tan pronto como la mona sintió que roncaba abrió un ojo, luego otro y por último los dos, se levantó muy despacio y empezó a coger mazorcas, llamó a sus demás amigos monos que se pusieron a atar mazorcas en ristras, y se las colocaron sobre los hombros como un collar, dejando al maizal pelado. Después la mona ‘agredida’ puso su trasero encima del rostro del vigilante dejándole perdido de tiernos excrementos. Cuando éste quiso incorporarse la mona lo amenazó con la escopeta, rompió ésta contra una piedra y se largó caminado como pudo..., con su culo de mona hasta la vecina selva.

El vigilante, encima, 'se cagó' de la ira en su estampa sin poder hacer nada más... Bueno, ya lo había hecho todo. La mona desde lejos, le sonrió antes de cogerse a una liana y volver a sus árboles, alzó su mano y le enseñó uno de sus dedos en ristre, ofreciéndole otra de sus mejores sonrisas.





®A. Elisa Lattke V.

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Los pasos en el espejo

"La poesía no tiene tiempo, el que la lee la rescata, la hace presente y luego la regresa a su eternidad." 
De Doménico Cieri Estrada.

Querido Lector, te contaré un cuento de verdad: 

Una vez hace unas cuantas décadas, al acostarme miré un espejo que había frente a mi cama. -Desde entonces no quiero saber mucho de ellos, no suelo verme demasiado en los espejos y, si lo hago, es por el día: 
Esto que te voy a contar no es un cuento, es solo una parte de muchas ocasiones más... Por lo tanto este relato es verdadero, puedes rebatirlo y darme esas teorías relacionadas con los espejos, leyendas, cuentos y demás, pero no me valen. Me está prohibido mentir. 

Te cuento lo ocurrido. 

Todo parecía normal donde me encontraba en la semipenumbra de mi habitación, iluminada por los focos de la vecindad donde llegaba parte de la luz exterior. Mi posición en la cama, ya acostada, para nada reflejaba mi imagen en el espejo y menos la cama donde me encontraba. Veía perfectamente el espejo, uno de esos que se colocan por encima de un pequeño comodín de cajones. Pero al sentir un cierto sonido de paso me incorperé un poco para escuchar de dónde procedían. Para mi sorpresa después de un rato a la escucha, pude darme cuenta que su sonido me llegaba desde el espejo. Era muy claro, lejano e imperceptible que parecía tener 'vida' real, alguien caminaba pero dentro del espejo. El sonido de los pasos lo percibía a lo lejos procedente del mismo y, empezaba a sentirse cada vez más cercano... Un sonido así de pasos es muy conocido, no nos podemos confundir. 

Tragué saliva pensando que era cosa de mis oídos, y no era así, ¡el sonido o los pasos venían desde dentro del espejo! Al mirar el espejo me di cuenta que se reflejaba un largo pasillo, que por un momento pensé que era el de "La Eternida"(¡ignoró por qué pense en ese momento así! Pero creo que no lo ignoraba del todo, no sé si me entendéis). Recordé que algunos escritores hablaban de ello y que algunos pintores así habían dibujado "El camino a la Eterndad" como un largo pasillo -que seguramente conocemos todos o lo recordemos y que no se nos olvida-, pero que no tiene fin. Es claro, derecho, se pierde en la lejanía pero angustia por lo interminable...Entonces caí en cuenta que... ¡era yo quien me dirigía por el mismo! Pues el sonido de mis pasos se alejaba de nuevo cada vez más y más..., más allá... ¡Pero era yo misma quien lo miraba y lo escuchaba desde mi posición en la cama, ligeramente incorporada sobre los codos. 

Sorprendida ante lo que percibía estando consciente, como también sabía que no estaba sola en ese lecho. Me acompañaba el padre de mis hijos que dormía a mi lado, no quise despertarle; seguro que no hubiese escuchado nada y hubiese pasado un mal rato. Entonces, me acomodé un poco mejor para seguír a la escucha. ¡Para qué llamarle! -me dije-... Hubiese dicho que estaba soñando y talvez, me hubiese perdido de ver lo que que me estaba pasando en ese momento. Pues no era una pesadilla ni tampoco un sueño. 

Seguí con la mirada puesta en el espejo y la visión y el sonido me levantaban la curiosidad, pero no me asustaban en ese momento. Decidí incorporame un poco más sobre la almohada, quería estar cómoda, no perderme nada de lo que me pasaba. 

Y, ocurrió algo diferente al desaparecer el sonido de los pasos que iban hacia ese fondo interminable Me pregunté conscientemente: ¿o, acaso, menguan el sonido en lo que aparentemente a mi percepción llega desde ese fondo del espejo, como de pasos alejándose? Parecía que iban... que estaban muy lejos y apenas se sentían. Pero de un momento a otro volvían en sentido contrario y, de nuevo los escuchaba de vuelta, cada vez más claros su sonido, cada vez más cerca sobre una superficie taconeando una superficie sonora como un suelo de cristal; además se sentía que llevaban calzado de tacón por la sonoridad y la firmeza de la pisada sobre una superficie dura. Miré instintivamente el reloj y pude ver que eran las 02:15 a.m. Notaba que los pasos estaban viniendo al contrario y cada vez más estaban cercanos. Llegaban sin parar directos hacia el mismo marco del espejo y el camino era de luz. No era la luz del exterior la que reflejaba en el espejo, porque observé que no le daba ningún rayo directo proveniente del la calle, pero no se veía ninguna presencia que los generara. Sin embargo sabía... ¡que era yo misma la que me alejaba y volvía de nuevo! 
Entonces fue cuando me entró un poco de pánico y no pude resistir, porque la espera era tensa, difícil, imposible... ¡No era capaz de esperar lo que podría suceder en cualquier instante! Pensé: ¡No, no, ahora no es el momento! Puedo pero no debo porque mis huellas físicas serían absorbidas difinitivamente trás el espejo, ya no volveré... ¡Es que vengo yo misma a por mí! 
... 

Aún fui valiente y esperé unos segundos al escuchar que los pasos se detuvieron, como si intentara abrir 'una puerta' que llevaba a mí misma... Sentí que se movía a punto de abrirse, era el típico sonido de un pomo que gira o una manilla que se baja... ¡Y yo seguía mirando el espejo por unos segundos más, angustiada! Pero no pude más, era imposible aguantar lo que pudo suceder de haber tenido los ojos abiertos (¡lo sabía!)... y, los cerré institivamente, pues estaba segura que era mi mirada la que proyectaba un deseo (...) Di un grito de angustia despertando a mi pareja. Después de ello no pude reprimir el llanto. ¡Quién podría creerme lo que me había ocurrido! Entonces dije que había tenido una pesadilla. 

... 

¿Sabes lo que había pedido, Lector? Eso que tú y yo, más o menos, deseamos cuando las cosas no nos salen bien y queremos terminar de una vez. Aprendí una lección nueva. Desde ese entonces aprendí a valorar mucho más lo que tenía a mi lado, como que valía la pena no decidir tan pronto mi vuelta al más allá, estoy segura que no hubiese dejado huellas de mi marcha. Porque es posible que nosotros mismos planifiquemos nuestro paso por el mundo, somos energía útil que se entretiene con un sueño llamado Vida. 
Pero esto relato real puede que sea un cuento que te he contado hace un momento... ¿O será verdad? ... 


*Querido Lector. Me llaman "la ranita azul". Dicen que "soy mágica". Yo digo que 'la magia' es un estado hinóptico muy necesario a los seres humanos, es ilusión, ayuda a sentirse feliz por ratos. La mía vino conmigo, es mi problema por momentos pero me regala otros buenos para aprender de la vida real. Lo que te he contado fue así de cierto. 

Ya sé que hay muchas leyendas sobre espejos, empezando por el del cuento de: "Alicia en el País de las Maravillas", pero este es una parte de las mías. ¿Sabes? Si mantengo los ojos abiertos delante del espejo no estaría contándote lo ocurrido. ¿Quién es el valiente que contradice su presente? Sobrevivir a todo lo que no es de nuestro agrado, es siempre parte de nuestra entereza, tesón o valentía, porque vivir en este mundo es cosa de valientes. La obra personal si no es la correcta o no se está contento con ella, necesita a diario el cincel, quitar aquí y allá...modificándola para conseguir algo aceptable y yo, lo hago dando amor. Ah, me cuesta llevar calzado de tacón sobre una superficie dura. Y, la vida propia, es como un trabajo artesano que dura la de cada uno en su paso por el mundo, así que merece la pena conseguir hacer con ella un buen acabado final, que se refleje en 'su espejo'. 


Un beso y gracias por leerme. 


A. Elisa Lattke V.


* Los sueños son deseos sin tiempo, el que los desea no los rescata, porque están hechos de eternidad; y ellos nos serán devueltos cuando los penetramos de nuevo. (Ranita) 




LA MUJER IMAGINARIA 
(Un cuento que no existe)



Había una vez una mujer que imaginaba ser otoño. Vivía en un lugar donde se daba la Vida en unas determinadas condiciones, lo llamaban Tierra y otras veces "Planeta Azul", pero el pobre se estaba quedando morado de asfixia sin aire puro por culpa de sus dueños; permanecía asfixiado y el ritmo de su corazón iba acelerado, trabajaba a marchas forzadas cada día para mantener su propio cometido, sostener su contenido. ¡Y es que hay algunas vidas que son muy dependientes del resto, pobre planeta!

A la mujer le encantaba lo que imaginaba porque su amor no era lo que pensaban los otros, ésos... los especuladores de sentimientos que creen saberlo todo. Ella lo guardaba dentro de su mansión de hojas ocres y rojizas que en realidad era el centro neurálgico de su cerebro, pero lo tenía ubicado en su pecho desde donde sentía  el ocaso de su cuerpo y por donde se le iba el alma, con todo lo bello que se le ocurría cada día mientras escribía. 

Se contentaba con sus fríos mares de circunstancias que la inundaban de dicha,  así se pasaba las horas sin lamentarse por ser lo que era... ¡Por lo menos refrescaba pensamientos! Aunque  algunas veces ardía en el ocaso de atardeceres incendiándose de pasiones otoñales. Un buen día decidió quitarse enrojecidas ideas de encima que creían esos otros, que eran de "lascivia o una comedia para llamar la atención, invenciones calenturientas de sus excesos verbales". Es que con nada empezaba a sentir que era de fuego cuando ya  no existía ni ella misma, cuando se estaba disipando en el humo que se esparcía por los espesos bosques de sus pensamientos.  Era la idea de una chispa que se convertía en pavesa sin ir a ninguna parte, porque había dejado calcinada por su forma de ser y pensar para convertirse en vapor de niebla o bruma sobre las aguas. Era paso a través de La Nada, iluminación milagrosa que desaparecía en tiempo pactado, el que tiene importancia para la Creación y el mantenimiento del Cosmos. Combustible. Sierva de La Nada nada aquí y sólo importante allá... Estaba y no estaba y hacía tiempo que lo sabía, desde niña lo sabía por eso observaba todo para aprender a conocerlo en las siguientes vidas.

Dentro de su pecho colgaba cuadros que se inventaba y no sabía pintar el mundo tal como era y sí como se lo figuraba, imaginado por ella. Sólo creía que sabía para aprender de lo que hallaba dentro de su ser, siempre tan guardado y al que llegaba con la clave del 'Amor', sin ella estaba perdida, enfermaba y se quedaba  casi muerta cuando no la hallaba en sus recuerdos; era sueño que soñaba dentro de otros otros que a su vez  fueron sucediéndose unos tras otros sin poderlos evitar, tanto como su vida urdida desde un pensamiento ajeno e inconcluso del ser que quiso que fuese, mientras va cincelando su pobre materia caduca. 
Una vez le preguntó... ¿por qué yo, dime por qué, Señor? Y Él le contestó que le encantaba probar sus inventos para ver cómo funcionaban y, los más fuertes conocerían la Vida Eterna, entonces serían de su Paraíso. Ella, hasta de su benefactor  no le importó enfrentarse a él y le dijo lo que pensaba:
¡Ah, estas jugando con todos, nos haces creer que existimos y sólo somos una proyección de tus ideas, materia materia de energía viva  que tiene luz  propia si está unida, pero separada puedes dominar!

Creyó por un momento que la fulminaría con una mirada, pero no, no fue así  y le sintió reír... Tanto río con su osada verdad que los cielos se echaron a llorar ante el temor de perder la lluvia antes de tiempo.

Así que es parte de un deseos inacabado como tantos millones más de seres que nunca los terminan ni se terminan,  aún en su desorden absoluto como partículas flotantes de colores, confetis vaporosos de lágrimas después de apretarse unos ojos soñolientos, quiso  dejarle un cometido para que nunca olvidase de dónde había llegado poniéndole un ángel a su cuidado que  siempre la creería suya cuando era rana. Con la particularidad de poder traspasar los paisajes invisibles, pasear sobre ellos entre sus formas del brazo de un ser que tenía forma humana, pero que nadie veía como tal ni reconocería con facilidad  porque sólo ella lo sabría al persignar su boca con sus besos... 

Tiene la cualidad de manejar la energía de su mente a la que temen quienes la conocen. Cuando  creen que duerme ha inmigrado  a los más remotos  lugares de su infinito  e inconmensurable pasado que nunca termina, acompañada por su protector.  Un buen día se plantó  delante de la luna  y hasta pensaba que la luna que besaba en sus mejillas, era un gran redondel con sabor a queso de "Cabrales"...  Se había acostumbrado a ser visitante de sus propios sueños entrando a hurtadillas cada vez que se dormía, por los recovecos de su laberinto; les llamaba 'poemas' y como no eran de verdad porque se los traía desde el más allá de sus estados hipnóticos, llevada por la autosugestión e inducción, le parecían buenos pero no era así, también se los imaginaba y desaparecían en el aire junto a ellos. Sólo los grillos con levita creían en ella mientras le daban conciertos en sus oídos; escuchaba como cantaba la luna en un susurro que le daban conciertos a su luna, como algún saltamontes trasnochado que contaban chistes verdes a las flores, haciendo que se desparramaran sus pétalos de la risa con toda sus aromas, dejándolas desnudas para solaz del bicho travieso. Las pobres se tapaban inmediatamente con sus hojas, así el muy pícaro bicho podía ver sus corolas en todo su esplendor, retozando por encima de sus estambres ¡y poniéndose de polen hasta las antenas!  Borracho de néctar, le daba por cantar las letras de los poemas de la mujer imaginaria, echándole más imaginación que ella. La mujer los escuchaba cada noche enternecida con su melodioso 'criii...criii...criii'. 

Uno de esos días en que los otoños también se improvisan por horizontes sembrados de cereales, donde brilla un sol los dientes de  las mazorcas tiernas y de espigas de trigo doradas, quiso ser  algo refrescante como  viento que soplaba, internándose debajo de las faldas de las montañas de forma maliciosa, sorprendiéndolas a todas, ante la sorpresa de otros montes. A su lado estaba otra mujer imaginaria cansada y aburrida de ser lo que era, mejor dicho...¡harta de tanta joda que le pasaba sin soluciones, pero eso sí no paraba de reír ante las cosas que le estaban contando! 

-Así hay un montón de mujeres imaginarias,- se dijo para consolarse.  Y, con mirada sin ver por no mirar por el rabillo del ojo, los de la incredulidad mejor dicho, se dio cuenta que tenía un gran peso encima, pero no se lo quitaba pues era muy pegajoso como lapa incongruente. Viendo lo que tenía al lado y tan parecido a ella, le entró otra risa nerviosa y sacudiendo las alas se convirtió en pajarillo cantor.  Se dio cuenta quién la estaba mirando y se asustó dejándose llevar por el arrullo fogoso de sus endiablados sueños, hasta quedarse dormida a su lado cuando despertó se dio cuenta de que eran repetidas y pidió a los cielos saber por qué le había ocurrido  tal cosa.  ¡No se lo estaba imaginando! Además, supo que era la prolongación de sí misma en otra versión terrestre. Le dieron ganas de irse del mundo viéndolo tan jodidamente infeliz e inaguantable repetido, como incurable de males. ¡Pero, claro,  sólo se lo imaginaba! Sin embargo quiso saber por qué y se quedó a consolar a su doble. Se querían.

Pero había llegado su último otoño en la quietud de una esperanza que se llamaba eso mismo que dije al principio, Vida. Le había hecho creer que despertaría de tanta locura de Amor real y no imaginado, entonces fue cuando se quedó del todo sumida en un sueño profundo para siempre haciendo su último poema.  Y Las estrellas dejaron de brillar en el cielo, la luna se apagó llena de besos y caricias prometiendo lo de siempre que se dicen los enamorados, porque el sol ni fu ni fa al convertirse en inmigrante sideral harto de la Tierra tan malagradecida, así que se fue a otra galaxia 'con más luces' ¡a tomar viento!. Al mar le dio tal sofoco que se evaporó cuando el sol se le plantó delante para despedirse, con eso de amar a su Tierra hasta sus abismales entrañas, ¡pero la dejo seca y sin ganas de germinar ni una sola rosa!

 Cuentan que  en las noches oscuras se pasea una sombra con una vela para poder alumbrarse, porque se cree que aún fue algo entre tanta sombra negra que intenta acariciar su recuerdo.

Por eso imaginemos que existió la mujer de nuestro cuento... ¡No, no me miren porque desaparezco. ¡Eh, hay más de esas que les digo!


Elisa Lattke
24-9-08
^^*^^^*^^*^^


UNA NAVIDAD QUE NO OLVIDO: "Envoltorio de sueños" 

Tarjeta dibujada a lápiz, coloreada y realizado sobre la mitad de papel de folio por: Elisa Lattke 
Técnica utilizada para algunos efectos: Paint de Windows y Foto Editor
¡Fácil animaros! sus delimitaciones le hace más artesanal. Es un paisaje original pero eso sí tomado de mi mente, recordando los tonos cambiables de las horas en un lugar de nieves donde oscurecía a las primeras horas de la tarde. 



La Navidad en cada uno de nosotros la vemos con el tiempo de diferente manera. Les contaré: 

Me enseñaron a amar estas fechas porque se vivían momentos muy tradicionales y cristianos, pesebre y árbol estaban siempre juntos, tanto como las diferencias religiosas que unían mi familia en lugar de separarla, y sí por otras circunstancias de la vida, pero las opiniones religiosas no eran motivos que se notaran, así que no se notaba en ningún momento lo que se encerraba en el corazón de ambos, mis padres. Pero sí que me encantaba jugar con "el envoltorio de los sueños" como le llamaba al papel regalo y atar mis rizos, con la cintas de seda de esos regalos cargado más de dulces que de verdaderos juguetes. ¡Nos empachábamos de dulces mis hermanos y yo! Y al final había que tomarse un asqueroso purgante, compuesto de paico y aceite de ricino pero muy efectivo para sacar las lombrices. Mi abuela conocedora de hierbas hacía de médico siempre. Ya se sabe en un país tropical estas cosas son normales. Mis padres estaban y eso era importante. Hoy, los padres están en segundo término cuando los niños ven el regalo que reciben. 


Una vez mi abuela me llevó al patio de la mano porque estaba llorando por Navidad, era de noche y debía acostarme, había esperado todo el día a mi padre junto a mis hermanos y supe, que la muñeca que tenía en mis manos no era tan importante como él.. Cuando estábamos en mitad del mismo entre el sonido del monte en la selva cercana, señaló el cielo y pude ver la Vía Láctea en todo su esplendor. Me quedé maravillada con esa visión tan hermosa que nunca dejé de mirarla durante mi niñez y juventud. Entonces me dijo: “Disfruta del más grande regalo que Dios nos regala 'ranita', que nosotros tenemos otro mucho más grandes: el amor tuyo, el que te damos y todo ese montón de estrellas que si bajaran nos sabríamos dónde ponerlas de lo grandes que son, por eso Dios las tiene allá colgadas y como están tan lejos las vemos pequeñas..." ¡Hubiese cambiado la muñeca por una estrella! 


Era una niña de escasos seis años y me quedé mirando extasiada por un buen rato, hasta donde alcanzaban mis ojos y soñé despierta por primera vez, hasta que el cuello me dolió de tanto como disfruté de ese momento. Desde entonces deseo volver a ver de nuevo un cielo así de bello, limpio y brillante, donde disfrutar de tan hermoso espectáculo, todo un milagro natural desde el lugar que ocupo en este planeta. Aquella vez no vi a mi padre llegar. Una semana después pude abrazarlo y la muñeca permanecía colgada en una cerca del patio, para que no se mojara mi abuela la tapaba con un cubo de metal donde la había dejado...¡Ella tenía la culpa, se la había pedido al "Niño Dios" y no le había dicho que quería para ese día a mi padre! 


Esa noche antes de acostarme cogí a mis padres de la mano y los llevé al patio para que viesen lo mismo que me enseñó mi abuela... Pero no miraron el cielo, estuvieron largo tiempo besándose y mis hermanos y yo sonreíamos viéndoles y nos olvidamos de las estrellas. Mi abuela grito desde la cocina donde preparaba café: " Ya podían haber apagado las luces las estrellas, que con los ojos de ambos tienen otro cielo." 


Con el tiempo entendí que ellos, mis padres, también ataban sus "envoltorios de sueños" con otras cintas... Cintas que el tiempo se encargó de desatarlas... Y yo, aún sueño pensando si podré hacer "envoltorios" con todos esos recuerdos... 

Esta Navidad me pediría una estrella pero sé que debo contentarme con la luna... ¡La tenemos más cerca! 


Elisa. 

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La vida no tiene paisajes oscuros o vacíos, toda ella es luz, color y movimiento; si miramos con los ojos del alma será siempre amor y poesía. (Ranitazul-06)

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EL INMIGRANTE DEL VIOLÍN


Una música suave e increíble de violín me substrae mientras voy en el metropolitano. Dejo la lectura y por momentos no me creo que me den un regalo así para mis oídos. Viajo en un servicio público y es lo que menos me esperaba de tantos músicos malos, que intentan ganarse la vida o, cantar como mejor pueden para sacar miserables beneficios cada día, sólo para sobrevivir pero sin nada de conocimientos o sensibilidad musical, "la necesidad tiene la cara de perro", como se dice, pero éste hombre, de cabello ensortijado, delgado, estaba de espaldas a mí.

Sentí que era una mano de un ángel el que tocaba un bello popurrí de inefables encantos y caricias para cualquier oído… Qué insólita sala para tan buena música era un triste vagón de tren, fue lo primero que pensé, intentando ver los sueños de su intérprete y los de todo ser que deseó alguna vez dar un concierto en las mejores salas del mundo. 
Necesitaba ver su rostro entre la gente apretujada; no sólo escucharle, quería saber quién nos regalaba a todos los viajeros semejante dádiva de arte musical tan bien interpretada… ¿Lo sabrían todos? ...me preguntaba avergonzada ante la duda, porque, el éxito del que toca es saber que lo que interpreta, por lo menos, se acopla en los sentidos de quienes le escuchan, aunque no se sepa de quién es la obra o el título de la misma. 
La música es sólo música y si es bella siempre se queda en el recuerdo sensible de cada ser que sabe apreciarla. Suelo ir a conciertos de Jazz o de rock, pero también de música clásica. Me encanta escuchar a los monjes de Silos o música de órgano tubular. Puedo escuchar una cantata como oír un bolero o un tango… A mí, ella, la música, me hace mucho bien y me recarga el alma. Siento nostalgias que sé y que entiendo hoy más que nunca a mis años. Es un deleite para mí oído que distingue los sonidos para acoplarlos a toda apetencia absorbente que me inspira a seguir viviendo. En la disparidad de mis apetencias musicales, está el versátil encanto de entender a los otros que son diferentes, porque la raíz de toda música es la misma en la cultura de los pueblos y el sentir humano. Toda ella es bella porque es un don dado a los seres humanos, es una manifestación más de la inteligencia y de las artes. Es poesía. 
… 
El silencio se hizo en aquél vagón de metropolitano y quiso que hasta los niños dejaron de reír, jugar y molestar a sus madres con su eterno cansancio de… “me aburro mamá y cuándo llegamos”, para sentir esos arpegios únicos y quedarse, como se dice... “en misa”, silenciosos y mirando por dónde y de dónde salía tal maravilla de sonido. Ellos y yo sentíamos lo mismo, acaso, pero sí había curiosidad por conocer quién así interpretaba esas piezas cortas que limpiaron de energía negativa mi realidad y la de todos los viajeros. 
... 
Era un ángel del Este de Europa… Un joven inmigrante…Que por unas pocas monedas o por nada dejaba que, todo su esfuerzo de años de conservatorio, ilusiones y sueños, quedará como deleite efímero en un miserable vagón de un metropolitano, un servicio público de una ciudad cualquiera de esta Europa por esa nueva “fiebre de oro” despertada, que les trae a la aventura, muchas veces a sufrir y a malvivir aguantando desprecios y tristezas. No todos consiguen volver con algo a sus destinos donde empezaron sus sueños. 
Y ahora, en los vagones de un servicio público este músico… que se defiende como mejor puede regalándoles a los viajeros lo que sabe, me hacía sentir las consecuencias de la existencia, cuando falta lo indispensable para sentirse bien en el país donde se nace. ¿Lo sabrán sus gobernantes? ¡No! Nadie les plantea el ser mejores para evitar que su gente se marche fuera a buscar cómo seguir viviendo con esperanza. Entre gentes que, seguramente ni sabían lo que tocaba ni de quién era esa música, indiferentes y enfrascados en su lectura y sus prisas…la mayoría, sin apreciar el verdadero talento de 'los fracasados' ...

Algunos pocos sabían que eran bellas sus sonatas, supongo… Porque se extasiaron como yo, mirando sin mirar afuera, ensimismados, pero fueron muy pocos. Sí nos robó a otros tantos los sentidos y levitamos dejándonos llevar entre los suaves movimientos de su arco… 

¡Por fin avanzaba entre la gente el artista y podía verle bien! 
Su mirada lánguida y de profundos ojos tristes y zarcos se entornaba y nos miraba de vez en cuando, quizá fuese el único pago, al ver nuestros rostros y adivinar en nuestra mirada lo que sentíamos; algo para el corazón por lo menos, porque sabía de antemano el ligero peso o nada sobre sus bolsillos de esas deseadas monedas de cada día, las que a duras penas se sacaba y que podrían ilusionarle con mayor razón; pero la bohemia es así y ha sido así siempre… 
Seguí la música que manaba de sus manos en delicadas notas por entre las cuerdas de su violín. Acariciadas con suavidad por el arco y sus dedos… 
Las levantaba en el aire y las lanzaba para dejarlas caer… Una a una como pétalos de flores, aromas en tono pastel… Que se mezclaban con el aire y me embriagaban hasta sentir escalofríos de una inefable dicha interior. ¡Qué instante, qué regalo! Se pegaba a los sentidos y ponían una lágrima en mis ojos… En la rutina seria e infame de una existencia repetitiva, el inmigrante nos daba todo lo que sabía... ¡y de qué modo! 
Y por primera vez quizá, esos ingratos viajeros se estremecieran… ¡O, no! ¿Pasaría esto? …me preguntaba curiosa e intentaba descubrir un atisbo de ese algo…que me estaba pasando a mí  ¿Sabrían encontrarle la belleza? 
… 
Puede que en su piel sintieran por primera vez un roce de plumas. Un aleteo, el que sólo produce las alas de los ángeles... ¿Sería yo la única? 

¡Oh, qué regalo me dieron por un miserable euro! …Y, algunos viajeros, un simple ‘rascarse’ el bolsillo con la sonrisa puesta como pago… ¡No hay derecho! Seguramente porque nadie quiere perderse el café de cada mañana fría, compartido con amigos… 
¡Y todo por regalar belleza con la música de J. Pearson, Tchaikovsky, Boccherini y el maestro Rodrigo! 
... 
Las ciudades sin nombre son las que se ocupan para la esperanza de los que llegan a ellas… Los inmigrantes las aman con rabia, ellas se apoderan de sus sueños, se los roban y, algunas, se los quedan para siempre… Raramente se convierten en glorias, pero sí en sueños marchitos y arrugados. 
¡Qué pocos beneficios por dar tanto amor en muchas notas cada día y años de esfuerzo para conseguir un título! ¡Qué sabrán tantos de esto, de todos los que vienen a esta Europa, pero posiblemente sí saben ya de su belleza, las ciudades también la ofrecen y se tocan de otras mil maneras! 

Las ciudades sin nombre siempre son menos amadas. Se las quiere con rabia como a toda amante vieja, que ofrece comodidades a cambio de ofrecerle un poco de calor, afecto y compañía en cualquier noche por una recompensa económica. Los ángeles sólo tocan en su cielo de desamor y lágrimas. Hoy quiero rendir un homenaje a un inmigrante que hizo que yo sintiera el peso del alma con su música… La que se da sí se sabe acariciar a quien se ama… Cuando se mima el movimiento con el arco y se recorre su cuerpo, el del instrumento querido, deseado y besado con pasión cada día, rozando sus cuerdas con la yema suave de los dedos, dándole el amor que pide… Dejando que sea ella, la música, la amante, la que toma la iniciativa… la que completa el poema, mientras el deseo se queda en la piel de los dedos. Placer infinito, seducción en cada movimiento del que tiene a su amada, la música; envuelta en las caricias de su intérprete, las que sólo el puede producirle. 

Hoy, he visto a un ángel abrirse camino entre la nada incierta…Y tan sólo un pitido de tren acabó con el misterio de su música. Mi pequeño trayecto de cielo me devolvió al estruendo de los sonidos duros, sin compases, mecánicos y sin sentido, interrumpidos por los silbatos en cada parada de estación nueva... 

Hoy necesito musitar una oración y un deseo por todos los inmigrantes que vienen a otras tierras, cargados de ilusión y de esperanza. Soñadores cautivos del disparate material, buscadores del oro de estos tiempos; los que por culpa de tantos ineptos gobiernos que esquilman las riquezas de suelos patrios, les lanzan a conquistar otras tierras para que sus divisas les den la seguridad de permanencia y el aumento de sus ganancias. Será como pago a ese esfuerzo de sentarse en sus poltronas con el cetro de mando y sus prebendas. ¡Malditos ineptos que tienen a su cargo países ricos en sus suelos y no hacen nada por su pueblo! Y algunos aún se fijan en “La Leyenda Negra” como tema a discutir, cuando hacen más de quinientos años están libres para decidir su futuro. ¡No lo entiendo! Para mí todos los inmigrantes son iguales, no así la situación que les lanza a esa ‘conquista’, muchas veces infausta por alcanzar una mejor existencia para morir en su patria pero con un sueño realizado. La mayoría ni tan siquiera lo consigue. Pocos saben que se engañan con sus presuntas riquezas que consiguen, cuando vuelven de vuelta a la patria y, ven que ella, sus gobiernos y sus leyes y sistemas de privilegios, no les da la tranquilidad, el amor, la seguridad y el bienestar que se merecen de nuevo, porque en muchas patrias nada cambia, están los de siempre con lo mismo. ¡Viven ellos! Muchos prefieren no volver nunca y llorar su amada tierra, lejos, a pesar de irse muriendo por ella cada día. 
… 
Sólo pido a la vida que, quien así busca trabajo honradamente lo bendiga y no se muera de hambre. Hoy hubiese dado mucho más que un miserable euro, pero mi corazón dejó la energía en todo buen deseo. Me he sentido una miserable. 


A. Elisa Lattke Valencia

11-3-05.


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"UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA”


Dedicada a las muchas mujeres que trabajan y doblan su esfuerzo diario de vuelta al hogar, pero falta les hace desdoblarse de vez en cuando. 

***

Clara estiró las piernas sobre la cama y se acomodó las almohadas debajo de su cabeza. 
Así permaneció largo rato, con la mirada perdida entre el cielo raso de la habitación. Por un instante creyó que se separaba de su cuerpo… Que algo pasaba y se rompía dentro de su ser…. ¡Era lo que más deseaba al volver del trabajo cada tarde! Romper, romper de una vez con todo y relajarse para siempre, desconectando de todo…, y de todos, familia, amigos, trabajo… ¡todo! 

Pero no, no era así como ocurría siempre. Allí fuera estaban su marido y sus hijos o, a veces tan sólo estos solos, esperando que llegara para que les preparara la cena… ¡Inútiles! -murmuraba. Tenía la sensación no de ser abrazada precisamente, sino que algo caía encima de ella y ya no la abandonaba hasta volver a encontrarse con otra incómoda realidad durante el día, su trabajo en la empresa y luego en su hogar. Nadie se preocupaba por ella, pero sí ella por todos. Así transcurría la vida con toda su perfección que organizaba cada día en un lado y otro, un significativo sueldo cada mes y unas vacaciones de vez en cuando, pero con la misma sensación de trabajar como una loca sin diversión ninguna, ni uno solo de los momentos eran para ella; siempre esperaban que llevase el peso de todo, la bestia de carga… ¿por qué tenía que organizarle la vida a otros? Pero comprendía que así tendría que ser, que así era la vida, su vida sin cambios y en esa rutina diaria, tan plana y servil a la que se había acostumbrado sin rechistar. Incluso atender a aquellos que desconocía o eran parientes del marido por vacaciones. Todos se divertían mientras comían en su casa y su marido les hablaba de… “sus suculentas y deliciosas comidas tan bien hechas”… Todos bebían y reían felices y ella miraba como en una pantalla sus rostros alegres como lejanos bosquejos de un cuadro, completamente ajeno a su propia existencia. Así un día tras otro y hasta por vacaciones se repetía lo mismo. 

Ahora, allí tirada como un fardo encima de su cama, cansada hasta los huesos, meditaba sobre su realidad ante el alboroto de sus hijos peleándose por no sé qué cosa que no encontraban. Pensó por un momento desaparecer saliendo por la ventana, pero para salir había que dejarse caer de lleno sobre la acera de la calle, el toldo del almacén del local de abajo o, con mucha más mala suerte, encima de algún transeúnte descuidado…si es que los transeúntes no miran para arriba lo que cae, que siempre es bueno mirar a lo alto a ver quién tiene ganas de suicidarse. 
Estaba tan sumamente agotada que allí mismo se hubiese quedado dormida. Pero la vida palpitaba a su alrededor y pedía su intervención de nuevo en esa parte de su realidad más íntima, su familia y hogar. Estiró los brazos y las piernas para encogerse de nuevo y permanecer un instante acurrucada en posición fetal… Qué delicioso, -murmuró- dejarlo todo y quedarse así hasta el día siguiente. Cómo lo deseaba, y así siguió un buen rato a pesar de entrar sus adolescentes hijos dos veces a la habitación requiriendo su presencia. 

¡Eh, despierta, ven a mi lado! -Escuchó una suave voz que la llamaba y pensó si se había quedado dormida por mucho tiempo, porque no escuchaba ningún ruido en la casa y se incorporó sentándose sobre el lecho. Volvió a estirar los brazos y piernas como era su costumbre; la habitación estaba en semipenumbra y, de nuevo, escuchó la misma voz de antes que le hablaba, esta vez pronunciando su nombre: 

-¡Eh, Clara, ven a mi lado, te necesito! 

La dulce voz de mujer la invitaba y se acercó, por un instante no podía ver su rostro pero cuando la tuvo delante era ella misma y se quedó sorprendida. Miró hacia la cama donde antes había permanecido acostada y vio que aún seguía su cansado cuerpo en posición fetal; sintió un terrible escalofrío de terror porque no entendía qué estaba pasando. ¡Ella era la que se llamaba con su propio nombre! No podía creérselo pero sin embargo tenía necesidad de constatarlo de nuevo y quiso mirarse de nuevo allí acostada, pero fue incapaz de hacerlo… ¡Ella era la que estaba sentada y la misma que la había llamado! Seguro que se trata de un mal sueño, pensó; pero cómo controlar un estado onírico ajeno a la realidad, pensaba, cómo podría ser la misma que estaba acostada y a la vez la que estaba sentada frente a ella... Se levantó de la silla y, de reojo, vio que ‘la otra’, su doble… seguía plácidamente dormida, y hasta le pareció que roncaba. 

Salió fuera de la habitación a buscar a los chicos que estaban tan callados, quería enseñarles cómo se había desdoblado, pero se dio cuenta que había atravesado la puerta sin abrirla y que prácticamente su cuerpo flotaba en lugar de caminar por el pasillo hasta el salón. Mientras esto pensaba veía al pasar la habitación de sus hijos con la puerta abierta y a ellos en completo silencio haciendo sus trabajos escolares; cuando llegó al salón pudo darse cuenta que su marido leía entretenido un libro con la televisión encendida y sin volumen. Bebía una cerveza y se acordó que tenía mucha sed. Cuando llegó a casa, deseó tomarse un zumo y ni tan siquiera pudo hacerlo por encontrarse hecha polvo. Fue al frigorífico y quiso abrirlo pero sus manos podían traspasar la puerta del mismo y encima ver lo que había dentro; intentó coger el cartón de zumo pero su mano no podía llevarlo hasta la encimera para buscar un vaso. Abrió el grifo de la pila y quiso beber agua pero no pudo girar la manilla del grifo… En ese momento entraba su marido a la cocina y lanzó la lata vacía de cerveza a la pila, sin percatarse de su presencia por más que movió los brazos cerca de su cara y le dijo que estaba allí mismo frente a él. ¡Nada, era nada, no la escuchaba, no la veía ni sentía…, quizás estaba muerta! Entonces, volvió a la habitación muy angustiada, se sentó en la cama y acarició su cuerpo que seguía en la misma posición y pensó que estaba muerta, sólo era eso… ¡estaba muerta, no podría ser otra cosa! No era de extrañar que con tanto trabajo le hubiese dado un jamacuco y estuviese allí encogida y bien muerta. Sólo así podía entender lo que había pasado. Quiso tirarse por la ventana como antes lo había pensado… y se acordó de lo que le había atravesado el pensamiento por un instante, un poco antes de sentirse en esa situación tan extraña que no podía comprender. ¡Eso es, -pensó- …me he suicidado, me he tirado por la ventana, no puede ser otra cosa, es posible que aún no lo sepan ni mis hijos ni mi marido! …¡No te digo, si no era de extrañar que algo así pudiese ocurrir cualquier día…! 
Se sentó de nuevo en la silla a mirar su propio cuerpo y se preguntó si podría ser ya un alma en pena… Sintió pasos acercarse y vio que se abría la puerta y entraba su marido. Lo miró con una gran ternura y quiso acercarse para besarlo pero él ni se enteraba por más que lo abrazaba… ¡Eh, Jorge, que estoy aquí! Este se inclino sobre su ‘doble’ que estaba en la cama aparentemente dormida y depositó un beso en su rostro y empezó a acariciarla… ¡Venga, perezosa, venga, que ya está bien, menudo sueñecito te has dado, bandida, quién fuera tú! …¡Clara, Clara, despierta, ya está bien mi amor! 

Dicho esto sintió un terrible tirón que la estremeció y de un sobresalto se despertó ante el rostro sonriente de su marido. Una terrible jaqueca se había apoderado de ella y como pudo se acercó al cuarto de baño para buscar una pastilla. Se miró al espejo y comprendió que allí al otro lado estaba ella mirándose a sí misma, tal como se acababa de ver en lo que juraría que era un sueño; pero no, no lo era porque tenía la sensación de haberse relajado de tal forma que su espíritu energético la había abandonado por completo, pero la experiencia había sido casual y muy reparadora, eso sí. Mientras tomaba la pastilla para calmar su dolor de cabeza vio el título del libro que su marido había olvidado en el baño y que, ella, le había visto leer cuando se encontraba… dormida, si es que era eso lo que había pasado de esa forma tan extraña y fuera de su cuerpo, pues eso fue lo que le pareció ver de sí misma. Lo cogió entre las manos y lo abrió por una de las páginas página, leyó un poco y se quedó sorprendida. Ahora entendía lo ocurrido, no era la única y el fenómeno era común en ciertas condiciones físicas y mentales… Ah, -se dijo para sí- qué casualidad, ahora sé cómo liberarme de tanto problema y, sin pensarlo, se acercó con aquel libro hasta donde estaba su marido y le dijo: Oye, Jorge, cuando lo leas me lo dejas, parece interesante el título. Él le contestó: -¡No sé si lo vas a entender pero debe de estar loco el autor, porque cómo se entiende que la gente salga por ahí de su cuerpo y se dé un garbeito y vuelva, anda ya! …¿Tú te lo puedes creer, Clara? 

Que sí, me lo creo, que sí hombre, no seas tan incrédulo…Y por favor no vuelvas a tirar las latas vacías de cerveza dentro de la pila, hay cubo de basura. ¡Y no entiendo cómo puedes leer con la televisión puesta! 

Y Jorge completamente sorprendido la inquiere quedándose boquiabierto: ¿pero cómo lo sabes?... si ya no está la lata en la pila porque la he recogido y tirado al cubo antes de llamarte y, además, aún no has pasado a la cocina, cómo puedes saberlo. …¿Oye, pero cómo sabes qué leía con la televisión puesta? 

¡Cosas mías, amor, cosas mías! -le contestó clara sonriente y se dirigió a la cocina para preparar la cena. 

¡Bruja! grito cariñosamente Jorge sin entender ni una sola palabra. Y Clara lanzó una carcajada y se puso a cantar una cancioncilla repelente y muy conocida…”Una experiencia religiosa”… 

*
Por: Elisa. 
13.11.05 
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(® Dibujo a lápiz por: A. Elisa Lattke ) 


DRUNA LO SABÍA...


Todo parecía presagiar un cambio en la vida de Druna, mujer joven bordeando el otoño de su vida. Las cosas no habían salido como ella deseaba. La vida no había sido lo suficientemente generosa como para sentirse feliz. Y, el tiempo iba marcando su rostro con sus huellas de ineludible reproche, marcas de sus experiencias amorosas y de sus 
años sostenidos al borde de ese abismo llamado Amor, donde aún seguía perdida sin encontrarlo. Todo parecía inútil y nada para ella había sido perfecto o agradable, salvo esa pasión desenfrenada a la que se había entregado, desde que conociera al único ser que había podido rescatarla de su muerte espiritual. 

Su rostro era aún bello pero en él se marcaba la tristeza y dejaba ver un rictus de amargura, que incluso realzaba su expresión, haciéndola muy interesante y atractiva, desde donde miraban unos almendrados y tristes ojos azules. 
Su atribulada alma no sabía dónde estaba, "¡cómo llevársela si su sitio estaba allí! - se decía así misma muchas veces y, esta vez, conteniendo el llanto. Así que decidió irse sin ella, dejarla para siempre, necesitaba encontrarse de nuevo así misma, ya no aguantaba la vida ni a su pareja, eso creía en medio de la ofuscación y el temor de perder lo más hermoso que le había ocurrido en su vida... ¡haber encontrado el verdadero amor, el significado verdadero de ese sentimiento por primera vez y sentirlo cada día, con esa suma necesidad de ser en el mismo su pertenencia! 

Todo parecía acabado, saldado y pagado a un precio muy alto: su tiempo, su vida y hasta su pobre alma tan perdida y sin hallarse. No, no quería llorar, ya había llorado demasiado y, además, se iba para siempre, necesitaba ese viaje, desaparecer de una vida única y amada. Era invierno y no era lo más oportuno llevar unas gafas oscuras delante de su rostro, se decía mirándose a un espejo con los ojos enrojecidos. 


Recogió todo lo que quedaba de su vida con cuidado y lo guardó en el maletín azul...Siempre lo llevaba consigo... Cada vez que encontraba algo que había dejado de ver por algún tiempo, estaba en el maletín azul, lo observaba intensamente y procuraba sentirse segura y, si era importante lo depositaba allí dentro para no olvidarlo en ningún lugar donde iba. Necesitaba dejarse llevar por los recuerdos, al fin y al cabo eran los últimos a 
los que podría dar un somero repaso y , en ese momento eran como epílogo. 
Con gran cuidado recogió cada cosa que creía conveniente llevarse: ropas, calzado, fotografías... Era un rito que la transportaba a otro mundo... ¡y cuántas veces había pasado lo mismo!, todo tenía un significado diferente pero resumía su propia forma de vivir y pensar... ¿Pero cómo llevarse su alma? -Seguía preguntándose-. Cómo, si se quedaba allí y, ella, no quería llevársela, sentía que la tenía desprendida, arrancada, alejada por completo de su cuerpo... ¡Le pertenecía a él! Hasta sus cuadernos de poemas y demás libros recibían el mismo tratamiento, uno a uno los miraba, se los llevaba hasta su pecho y cerraba sus ojos intentando pensar en lo que habían significado en cada momento. Cada uno era un mundo diferente, un instante de amor, ilusión o gran pena… Uno a uno los acomodaba con mimo de forma parsimoniosa y de vez en cuando, miraba el reloj, el que había depositado la noche anterior en la mesita próxima al lecho donde tantas veces la pasión y el amor habían fraguado el sentimiento. Por fin decidió recoger el reloj y ponérselo, lo mantuvo un rato en una de sus manos mientras acariciaba sus cabellos con la otra y, mirando la marcha del segundero, quedó con la mirada fija en el mismo...Allí estaba el nombre de él, en el fondo de la esfera, alrededor de ésta y junto al suyo. Cada vez que quería ver las horas ese nombre grabado le recordaba a quién pertenecía… ¡No, definitivamente tampoco se lo llevaría, se quedaría allí mismo con su último poema, el que había hecho para el día de "San Valentín", se lo había entregado con un largo beso y una promesa de amor ineludible! ¿Pero dónde estaba él?...se preguntaba sin poder contener el río de lágrimas. 

Ya casi tenía todo dispuesto, miró los billetes de avión constatando las horas y el tiempo que le quedaba. Preparó los zapatos de tacón, los más bajos y cómodos para el viaje. Buscó y comprobó en su bolso de mano todo lo que era imprescindible. Miró la foto de Armando sobre la mesita de noche, por un momento dudó acerca de si guardarla suponía no olvidarle jamás, pero no, para qué..., si aunque fuese escaso su equipaje esa foto ocupaba mucho más espacio en su realidad... No, Armando se quedaría allí como la 
mayoría de todo recuerdo que compartía, era suficiente el reloj con su nombre porque su tiempo le pertenecía..., él se lo había dado y ella toda su alma... 

Faltaban dos horas para salir hacia el aeropuerto y decidió dar un paseo por los alrededores. Necesitaba ver por última vez esas calles de su barrio tantas veces transitadas con Armando, en uno de esos paseos vespertinos. Ya en ellas después de una larga caminata, se dejó caer sobre un banco de un pequeño jardín cercano a al apartamento que compartían, ni siquiera era suyo, era de él. Allí mismo en ese banco lo había conocido, le encontró solitario mirando sin mirar al infinito. Y se arrepintió de haber decidido despedirse de sus propias huellas, andando sobre ellas de forma inversa. Los recuerdos se agolpaban...¡Él, tan zalamero, inefable, inolvidable, con ese sentido del humor que tanto le gustaba, su forma de ser y hacer tan fogosa, tan buen amante!... ¡Dios, qué pensaba en esos momentos, cómo irse sin decir nada, cómo romper su vida por un instante de celos! No podía substraerse a la realidad que le envolvía, parecía que ese banco donde estaba sentada era mágico… No tenía fuerzas ni para levantarse y abrir los ojos.... ¡Qué forma de seducirla la primera vez y llevársela tan rápido en cuerpo... y alma! 

Suspiró profundamente, echándo la cabeza hacia atrás, apretando más y más los párpados para no llorar, casi era ya el momento de subir al apartamento y recoger sus pocas pertenencias. Tan pronto como su gesto traducía sentimientos imborrables y sus lágrimas eran imposibles de controlar, sintió que alguien estaba a su lado y depositaba un beso sobre sus labios. Abrió los ojos porque ese aroma que la inundaba de suavidades mágicas era ya conocido. No pudo decir “no”. 

Druna lo sabía... Armando estaba allí, junto a ella, con un enorme ramo de rosas rojas, su mirada y sus besos... Así que el único viaje que haría sería el de siempre, dejando que abarcara todo su cuerpo con sus brazos para rescatar de nuevo su alma; ellos eran su verdadero destino, hogar de sus sueños, parada y fonda de su corazón. 



® A. Elisa Lattke Valencia 
Abril--06 
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*Un mañana deseado, es sólo un hoy que aún no termina de hacerse realidad.* (Elisa-06)