Me convoca el mundo para alentar la vida
porque sé del canto de las aves
y de los caminos del cielo.
De las palabras sin Fe,
del temor de no tenerla
y de tenerla en la confianza
y por sentirla perderla.
En el ser y su profundidad
llenándose de esperanza,
en ese volver andar
a pesar de otra distancia
y cuando existe el consuelo
debes creer en el alma.
¡Yo besé tus pensamientos
y recogí tu cabeza entre mis manos,
y era sed de amor que había
cuando feliz suspirabas!
Sublime es el corazón
que al pronunciar sólo un nombre
acaricia con latidos sin dañar la vida misma.
¡Qué necesidad guarda la energía
de quien se alimenta de Amor
y sólo vive de el para bombear sangre al cuerpo,
como si el alma no fuese depósito de sentimientos!
¿Entonces, de qué se alimentan las ellas?
Conozco las gruta de los sacrificios donde se esconde la luz
y quién inventa amaneceres, para dormirse al alba.
Tendrá que descartar todo cálculo la esperanza,
porque al fundirse en mis ojos sabrás del camino
y de mi humilde trascendencia sin oráculos.
Mis fallos, mis errores, el temor de los tiempos,
la entrega total al entendimiento, la sensatez.
Entender las cosas como son
cerrada toda herida, más si se han abierto
para qué buscar lo que nunca se pierde en ellas,
deberá cerrarlas las noches de lunas.
Es angustioso, se tiembla, estremeces,
lloras, te rompes... Sangras... ¡Dueles!
No hay odio y sí más amor.
Basta conocer lo que lo sostiene
para frenar el tiempo, para saber de las flaquezas humanas
y sólo basta un momento...
Y, cuando comparas una vida con otra,
sabes que la Luz es esquiva y eres un regazo incomprendido.
¡Quién guarda un primer mandamiento conoce los otros!
Y esa gruta donde permanece mi alma hasta que vuelva...
Y tú, sabes de mis cadenas y las llaves.
Todo, Amor, se construye dentro y fuera
pero se siente en la soledad del hueso,
en los labios del infinito y, si caminas adentro, es donde más duele.
¡Pero no abandones el crepúsculo
mientras yo esté viva, si es donde más miro,
porque me quitarás el horizonte con el que sueño!
Elisa