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Noches de duendes con luz de luna



Noches de duendes  con luz de luna  Lun Mayo 10, 2010 8:56 am



... Sí, ya sé que se desnudan todas las palabras, enseñando como conjugar el verbo que sientes, el verbo que esperas, este que te digo, nuestro verbo... ¡Amar!
Déjame que con ellas te acaricie en la sintaxis ufana de los conjugados, planeando por tu valle a orillas del mar. Que sea de tus sueños tiempo vigilante donde caminamos, jugando a veces con otro que quiere sentir y gozar; ese verbo alegre con el que reímos y los dos sentimos un bien al soñar. Y tú, escabulléndote entre los sujetos y los predicados y yo, entre suspensivos donde corre la gacela blanca de otros que les siguen, los 'puntos y aparte', pero no finales, perdiéndome entre argumentos de la retórica, la savia de un “Libro de la Vida”; saltando matojos de palabras amontonadas que esperan ser protagonistas; las que se sublevan ante el espanto del olvido, cuando no discurren dichosas por las límpidas fuentes que emanan del sujeto, convertidas en arroyos de circunloquios inteligentes.

¡Oh, amor, si supieras lo mucho que te siento cuando te consigo en mí cada día!
Voy como perseguida por las altas cimas de crepusculares ocasos, o bajando laderas de peligrosa verticalidad y por las abruptas serranías de delicada y áspera orografía, llevándote en esta indómita dicha de sentirte en la tristeza absoluta, donde la sed me pierde, donde los sudores del versear me esclavizan y extenuado el pensamiento es preso de espanto; o maravillado por la inquietud de tenerte a punto de explotar en el laberinto de palabras. Se mueve en el temblor de los labios que me leen y se acurruca sobrecogido dentro de cada sensación que le produzco.

¡Oh, amor! Cómo es qué tú me haces rozar el tiempo de esta manera, para tropezar con las aristas de la sombras sin hallarte o tenerte del todo, precipitándome al vacío d lo intangible, sepultando este ángel desterrado que hay en mí! Llórate mi corazón con la pesadumbre de no ser y ser parte en esta aldea remota de mi alma; desvelo de un padecer sin consuelo por un sentimiento crucificado. No ves cómo tiendo mis manos y clamo con los brazos estirados a la nada, pero hacia un cielo; subido en el filo de mis pensamientos, enseñándome al mundo desnudo, arrastrado hasta aquí a esta cúspide del estro donde se manifiestan todas las palabras que te dedico, para descubrir de nuevo la belleza que corona estos infinitos cantos, donde brillas siempre y está fuera y dentro de mí como parte de esa ciencia infusa que siempre nos sorprende y que, alguna vez has señalado como parte del mundo, pero tu mundo y no el mío porque yo te pertenecí en un antes y ya soy de este en el alma de quien me sostiene... ¡Ah, si lo entendieses pero sientes temor de descubrirte para sentir que al abrazar la nada que te confunde, ya tuvo una razón física y espiritual que se materializa en el Amor. Y, es porque te amo, porque estás cerca y a mi lado y aún en el mundo, porque miro todo lo que hay alrededor y habiendo más que me puede dar y da, felicidad, sin ti no tendría ninguna razón la vida en esta simbiosis temporal que desconcierta. Sigues allí dentro de mis ojos. Porque se hace la luz contigo al amarte. Por eso te pido que no me dejes en este silencio absoluto donde tú, mi luna, allí tan alta en la hornacina nimbada de las noches, al verme cuando enciendes tu reflejo, lo hago siempre por mí. Pero te asustas y te nublas al ver que lloro haciendo de mis bellos consuelos soliloquios de pensamientos que te envuelven en nubes de ternura; las crees tenebrosas ideas sin retorno a la luz que te regala el Astro Rey; porque sin tu luz, sin sus rayos que iluminen el lago interior de tu mirada y la mía donde te adentras, seremos de todos los tiempos. Pues cuanto digo y pienso quién hace crecer estas mareas interiores, sé y estoy segura, que son tuyas, aunque otros me digan que son parte de ‘mis duendes’.


Elisa en: “Don Anselmo”
Mayo/10
 Aprendí a mirar la noche por sus ojos
porque ella
puede caminar por el recuerdo como un ángel.
Antes, Dios mío,
antes, no tenía sus antes!”
(Vicente Huidrobo - poeta)


Noches de duendes


Duendes, sí, por las esquinas de todos mis sueños
ellos me persiguen, esos duendes verdes.
Me sonríen y les miro y les quiero,
por darme estos dos luceros
con los que te miro y también te pienso
cuando ellos saben lo mucho que quiero,
y que me mires acostumbrándote a ser
parte de mis pensamientos.

Si es que aún no lo sabes, te preguntaría:
¿Cómo puedes describirme en el aire
el encanto travieso de una hoja seca,
girando delante de ti; ¡describe mis sueños
que van peregrinos, los cantos de ave
detrás de las nubes que no quieres ver,
ni el temblor del viento cada amanecer!
¡Y por qué me enseñas horizonte gris!
Hasta el alma enceguece y nunca se entiende,
no puede saber si estoy en la vida o vuelvo a nacer.
Y por qué te escondes cuando te presiento
más cerca de mí, pudiendo abrazarme
sin perderme nunca,
no pienses que te amo en materia gris
y piensa que es todo lo que vibra en mí.

...

-¡Y mira lo que hacen mis duendes...!-
...
La torpe materia que anula la vida,
despojando el canto del silbo del ave,
temiendo la lucha de amor y dolor,
que la hace sumisa y comprometida.
Cuando para amar se siente en la forma,
respirando el aire que te hace vivir.
Porque amar es darse al depredador,
sirviendo a Aquél que ordenó Creación.
Se mata, nos matan, te mato y me matas
y todos ya somos parte de lo mismo,
un mismo dolor que se regenera
y surge de nuevo, siendo lo querido,
sentido y buscado, siendo lo que es…
¡Amor en lo dado por cuanto has amado!

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