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jueves, 11 de junio de 2009

Renunciamiento inútil

Una, no muere porque quiere, muere porque muere el amor. El presta el aire que respiramos, y no se muere en el momento, cuando quien mata aún nos siente y sabe por qué respira también. Morimos en lo interminable de un sentimiento cierto y eterno; somos de los sueños fallidos y de los labios imposibles. Bocas de océano sediento de mareas y arcilla seca deshaciéndose.

Inmunda es la cárcel para los beatos moralistas, donde se guarda el deseo… Pero olvidan el hedonismo de otras pasiones que se callan. No les gusta oír hablar de amor, lo censuran en los otros cuando no es como el que ellos creen que sienten.
No quieren saber cómo sacude el vientre las marejadas que levanta la luna, en sus hipócritas aguas de necesarias calmas, de vidas rígidas y llenas de reglas; arruinadas.

Inverosímil es el beso del viento en los pastizales y praderas, donde se deshilacha la niebla amorosamente humedeciéndolos. Insegura es la rodilla ante el atrio o el altar, donde se inclina la dicha ante lo efímero; donde se yergue en un pedestal la esperanza como el agua que nos falta... -¡Y cómo llueve dentro!-

Pronunciaré un nombre en el fondo del río, libaré el fluido de las estrellas, andaré mis caminos sin cuerpo, para recuperarme de la desdicha de tenerlo sin tenerte; quizá mañana sepan que una flor se ha secado sobre los labios arrugados del deseo, sin haber sentido lo que era un beso de vertiente subterránea, de salvaje cascada desprendiéndose hacia el vacío abrasador, entre sólidos brazos de granito por esa altiva pendiente que se yergue majestuosa e indómita. Quizá no sepan del abismo interminable de un pensamiento sin dueño, ni como cabe un despropósito que se tropieza con su mala ventura de vivirse. Tampoco del desconcierto de orquesta sin director, donde la flauta suena sola y sus notas sin reflexión, se desparraman de risa sobre ese pentagrama iluminado de sonrojos... ¡Así me siento, como el papel pautado esperando las notas escritas, que hacen vibrar mi cuerpo cuando le 'tocan' con sus creaciones. Dedos, tacto, amor, ternura, vida.. escribiendo sobre nuestra piel su poema, su obra. ¡Quien  diga no no necesita esto de la vida para vivir, miente!

Todo puede ser un revés en la camisa sin fuerza de un pobre loco, que nunca lo fue; que siempre estaba cuerdo y sabía de su dirección, dominando su propio ‘estrabismo mental’. Como un renglón torcido que cruza la calle sin mirar… y, sin saber por qué, toma la determinación de no avanzar y se desvía de lo que le llevaba derecho, yendo al contrario y muere arrollado por lo injusto de la vida, pudiendo haberse enderezado en su camino, con un mero beso. ¡Qué poco saben la gente (todos nosotros) de maldad real y nos juzgan sin habernos conocido! Como las naves que olvidan normativa por decreto y sus funciones, dentro de otras aguas jurisdiccionales, siendo alcanzadas por los tiros de advertencia. El mundo siempre tira a dar... ¡Y da!

Y, por las esquinas de los sentimientos, se siente como lloran palabras escondidas que piden limosna; ‘los transeúntes’ (lectores) se sorprenden cuando hay un estallido de fe o amor, cuando resuena una moneda (Léase: conmiseración, admiración, reconocimiento o amor) … retumbando en el platillo de los infelices cerebros; los más menesterosos que como paupérrimos verbos dentro de su creador, apenas si se conjugan y, otros, piden clemencia ante el látigo de ese Cristo que llevamos todos como autores y lectores. (¡Oh, de mi lengua desquiciada, perdonadme!)

Amor: Los túneles de la memoria guardan 'secretos militares', que nunca dispararon ideas, pero liberan batallas dentro del alma y suelen terminar con ellas, moribundas siempre, agujereadas por otras infelices que tienen el mismo terror de reconocerse y “por auto defensa”, matan moralmente; nos matan para no reconocer que también fueron culpables de nuestro dolor. Su cacareada espiritualidad es de viento... como los ricos buñuelos que así llevan su nombre. Pero no saben que se han herido de muerte igualmente. Y empieza otra lucha arrepentida. Nos pasa por ilusos y confiados o por un terrible temor de ser lo que somos o pensamos ante el mundo. ¡Y qué le importa al mundo como pensemos mientras no hagamos daño a los que amamos. Sí cuando utilizamos el temor para que nos olviden  haciendo de verdad daño, ¡pero pasa todo lo contrario! entonces  sí que sabemos de nosotros y de a quién realmente se le ha hecho daño... ¡Al verdadero Amor!

Este sufrimiento de entender y entenderse nunca olvida su dolor. Allí, tiradas en las cunetas de sensaciones están muchas de esas almas que han perdido su cuerpo; ellas, millones de ellas, se les va perdiendo la memoria de todo, de reconocerse sin nada que las identifique acá en el mundo y, cuando envejecen las heridas físicas de este puto mundo en que las confinan, se las da por muertas antes de su retorno. No es de extrañar que los cuerpos no soporten corazones rotos y anden solitarios, acostumbrándose a vivir de sus historias. Acaso hasta se las inventen a sí mismos y se las crean... ¿Lo crees tú también, lector?  Hay de todo, con pañuelo y sin el...

Creatividad de subsistencia o supervivencia. Un pasatiempo más, ocioso o lúdico, pero  necesario… ¿Tendrá valor lo que hacemos algunos? ¡Eso no lo sé! pero es o será un golpe casual si se concursa y se gana por las propias virtudes, sería lo lógico. No, por fortuna no es así. Sí por una  intervención inesperada,  llevados por un pensamiento ambicioso o una mano…'del destino',  puede hacer algún milagro. Mejor lo primero. También queda la opción de gastarnos unos chavos y  publicar por nuestra cuenta. Es lo sensato para dejarlo a la familia como recuerdo, pues lo otro es utópico.  Los trabajos propios como parte de una forma de pensamiento creativo, tal vez piensen que son sensibles para ser reales por ser susceptibles a la duda…Sueñan con ser ficción en el cuento, relato, reflexión, novela y poesía, sólo por prodigarse o por conseguir halagos. (¡Oh, cómo nos gustan!... Sí, nos gustan!) ¿Efímeros ensueños de este mundo? ¡Si lo crees  realmente que es así, te has equivocado! Todas esas almas de cuneta moribundas, no pensamos lo mismo. Las almas también se diferencian como los cuerpos en que habitan. Y no vine aquí para esto, no lo olvides por qué vine... ¡Si, a ti te lo digo,  y no me mires con ese rostro estupefacto, que parece que no te comes un rosco nunca y me llevas dentro!

Y, verso a verso, montones de ellos desarraigados e infelices haciendo su camino de hormigas, van al agujero o, a cualquier cajón donde olvidarse que eran algo y de alguien, pues tienen hasta su autonomía para pensar por sí mismos, porque se les dio vida. Quien escribe se las da, son sus hijos, tiene derecho a quemarlos cuando le dé la gana; o fumigados por la crítica mordaz o por el alzamiento novedoso de los halagos que le hacen perder la cabeza, por el subidón de la fama. La mayoría se muere de asco, van al basurero o al olvido. Mueren antes de vivir porque no luchan con sus errores y limitaciones, porque no sirven para tener paciencia y ser más críticos, pues se contentan con su mediocridad o no se preocupan por mejorar sus recursos y su Lengua, hasta sus temas. Ves, allí está la clave del éxito y en cómo se desarrolla el contenido de cualquier  cosa que hagamos.  Deben buscar la perfección, deben exigirla a su autor como principiantes, para su bella autonomía como profesionales seguros de lo que reúnen y les distingue por ser originales; teniendo todas las herramientas a favor cuando perfectamente terminados, sólo necesitan que unos ojos se apiaden por curiosidad y les lean. Y, aún siendo un buen trabajo la idea bien armado y terminada, teniendo un corrector de texto físico, un literato o filólogo y crítico entendido, quien les dedique su tiempo y lea la obra original, sorprendiéndose positivamente; no hay que tener euforia, no debe haber nada que se parezca a orgullo de clase y hasta complacencia. ¿Para qué o por qué? … ¡Sencillamente porque aún se es nada y es la humildad quien  hace grande al escritor o al artista. ¡El es sólo polvo que se levanta brillante por un instante al sol! Ese es el verdadero premio de quien  cree que puede hacer las cosas bien o cada vez mejor, sin olvidarse. Ese premio sólo se lo merece quien ha sabido esperar y aplicarse muchas desventajas, para convertirlas a su favor, aunque felizmente las guarde en un cajón, sentándose con su espléndida sonrisa y se tome un cafecito.  Así de simple es la vida del que no ambiciona nada del mundo… -¡Es que somos demasiado en busca de lo mismo!.

 …No, sólo somos de la vida en busca de un momento feliz
 donde hemos dominado los elementos y doblegado las dificultades
y conseguido una satisfacción personal.
 ...Somos o seremos a lo sumo espectadores de nosotros mismos y nos vemos ante el espejo. El nos refleja el rostro y nos gusta cuando sabemos lo que hacemos bien.

Muchos van sintiéndose mal en esa obra personal de ser parte de la ficción o de la realidad del autor. No así otros que quieren ir codiciando un premio de fracasos sin haber concursado nunca. ¡Y no me refiero  a su autor, sino, a los versos, a los relatos, a los poemas, a los cuentos, etc., a la obra en sí, como digo,  a la vida propia de los mismos que es la que debe tener un valor, porque son creaciones originales donde nos dejamos el pulso que nos toma la vida, el corazón palpitando. ¡Originales! Quizá  teman ser reconocidos para no dar sonrisas fotográficas, sin saber que son nada, o pueden ser unos parías o mediocres. Si son algo sensatos antes de lanzarse a tamaña aventura, creyendo que pueden ‘vender’ fácilmente cuando aún sin saber o probar, pueden pensar que es mejor convertirse en papel reciclado, olvidarse para qué fueron ideados o creados y dándole una patada a su dueño en el trasero, terminen sus ilusiones; no poniendo la otra mejilla, un cara a cara en el sonrojo de la verdad, que se siente en su placer de ser lo que es: Un honesto aficionado que ama la palabra y sólo por disfrutar de ella leída o escrita, ¡pero suya, suya, suya! Posiblemente sea el mejor sueño del que no debe despertarse nunca.

Este tipo de éxito es el que se debe conceder, quien atesora en su alma el sueño mejor de su vida. Sabe por qué lo hace,  para quien y por qué y para qué.


Es así la gloria del que no persigue otro premio, más que el amor del que sí cree en su originalidad, en su verdad, su esfuerzo personal y cultivo día a día de lo que le gusta hacer, sin plagiar a nadie. Un placer para el alma y no sólo el del escribir, porque están ellos, sus hijos, sus letras, sus obras, deseando ser siempre legítimos. Es como jugarse el honor "a la ruleta rusa rusa" con un solo tiro, con lo que queda en la recámara del cerebro, que bien puede ser un solo cuento, relato o poema. A veces, salva una lágrima cuando el gesto del labio se estira y se las traga perdiendo el impulso de rodar más allá… y gritar: “¡Por qué me haces esto, qué pretendes!", en ese mismo momento en que se desvía el cañón que apuntaba a la sien pensante, para culminar la última estrofa o párrafo, de lo que pudo o puede ser el último texto de un relato o el tema de un poema de amor que le quedaba. La única razón de escribir, vida mía.

Es que la tristeza también se dice, que se masca, que la amargura se muerde, que el pesar se lleva dentro en el desaliento y se ve en el semblante el sufrimiento. Por eso río de todo cuando me miro al espejo ¿Sabes por qué? ¡Porque me doy cuenta que te amo y es eso lo que me hace feliz, ¡mi premio, mi obra! Por que sé que el placer deja el gemido que le consuela y satisface, cuando todo se marchita con los años y se convierte quizá en queja. ¿Me pasará? Yo no quiero que sea así. Cuando la sordera necesita ser muda ante el ruido que hacen las gaviotas, y el no deseo de describir su vuelo o el canto de las aves, un parpadeo involuntario de alas movidas por el viento, ante lo que cree que descubre en el horizonte, porque ya falta vista y el ocaso se apaga... porque ha perdido todo el color que tenía cuando me miraba en tus ojos. Cuando necesitas frenarte y ves que no tienes veinte o cuarenta años... Es como el aire denso y contaminado que nadie respira, para no llenarse de humo de tabaco, pero sigue fumando frente a otros seres sanos, sin que nadie se lo prohíba sabiendo que es muerte para todos. Pero en cambio, el Amor se aspira de continuo y todos los días y,  si no es recíproco, morimos si nos falta... Así es la escritura del que la ama. ¡Pero quién nos asegura lo contrario! Si el silencio es la pausa de un pensamiento detenido, como un coágulo de sangre en las venas a punto de frenar una aurícula, terminando periplo del cuerpo que lo tiene. Ya da lo mismo con errores o sin ellos. Entiéndelo. Fui y seré lo que ahora soy, nada cambiará lo sublime de mi pensamiento, el mío hacia ti y lo conseguido... ¿Es  malo amar?

Así que, si este cansancio me deja, beberé de mi fuente, tomaré de mis palabras y  de ellas construiré mis propios poemas como siempre. Es tarde para escuchar disparos de incertidumbres o, como se deshace la lujuria rebelde de su traje insinuante y provocador delante de los que lean, desnudándose poco a poco, vistiéndose de piel real con su escandaloso sosiego, con sus razones para sobrevivir, aunque muerta de asco ante las palabras pronunciadas con acerbo, las que en cualquier momento de cualquier instante, pueden perjudicarnos sensiblemente saliendo de su recipiente natural, desparramándose por ahí todas abochornadas.

Todos pasamos esto alguna vez sin ser grandes. Sólo se odian las palabras que no tenían que existir cuando hieren. Estaré así madurando en el renunciamiento inútil como para matarme de nuevo, por querer alcanzar un suspiro que se escapa cada noche de la luna de “Don Anselmo”, mi personaje más querido, su enamorado en la ficción. Sin embargo he sentido que se iluminaba la orilla de la incertidumbre, con un fugaz resplandor de trémula belleza. He sentido hambre de palabras y no he podido controlar los duendes del deseo. Ellos juegan con mi cansancio. Me han dado a beber de ese letal veneno que atribuyes a mi honesto espíritu, tan lleno de juventud espiritual mientras marchito. Será esa la pócima del hechizo que compartimos sin morirnos del todo, coexistiendo.



alattkeva
6-junio de 2009

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