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jueves, 16 de septiembre de 2010

De excursión con la familia y conmigo misma como equipaje

 Foto alattkeva-10
Al fondo: La Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos ¨¨(Cliquear)
Todo es posible en lo que encima llevas, dentro y fuera, aunque más  en lo de dentro. 
Todo cuánto retienes y necesitas revisar sin perder el tiempo, lo llevas encima todo el rato, y lo que transportas  dentro 'en la maleta', nuestro equipaje interior,  es el único acervo personal, que por poco que sea de algo vale hasta el final. 


Siempre andamos llevándolo a todas partes con nosotros. Y cuando ya se llega a la estación de esperas como es mi caso,  me doy cuenta del peso que he arrastrado... ¿Para qué? ¡Si esa es otra cosa! Me pregunto: ¿Cuál es el fin?... ¿Lo dejo o me lo llevo encima?. Si total me vuelvo con lo puesto, lo que traje y nada más, salvo que la memoria tenga su propio contador de cuenta atrás y vuelva a cero, por lógica los anales de cada alma guarden todo lo acumulado: sus 'vivencias o memoria. En realidad deben de transferir una información espiritual más física, pues es la que en realidad nos vale a todos. Sus 'códigos de transferencia' deben de ser la clave de nuestra necesidad en el retorno. Espero haberlo hecho bien. Es bella la vida en algunas cosas, pero no tal como una se la figura que puede conseguirlas. El tiempo no es el culpable, es la forma en que se desarrollan los hechos , los de cada cual en los de todos; todos vamos a sacar una respuesta, una experiencia que nos ayude a desvelar el mejor camino. No siempre se escucha, no siempre estamos atentos, no siempre escuchamos al "sentido común". La conciencia real. El alma  individual debe pasarlas canutas con tanta sordera y ceguera. Más de una se apea en el camino abandonando el ingrato cuerpo con el que se viste para hacerse tangible..., ¡menudo peso  le cae encima cuando llega, más lo que le espera!


 Me miro y pienso que ha estirado más de la cuenta la piel que forra 'mi equipaje de vida', unos cuantos palmos más. Lo doy por hecho. Le importé a mi madre así tal cual en su momento, seguro,  pues algo me pondría encima al verme sin nada y temblando, llorando como una descosida! ¿Y quién es el  valiente que se le ocurre volver acá? ¡Vaya pendejo si hay que repetir! ... ¡Seguro que le parecí muy mona así desnudita! Todas las madres somos así, me diría: "¡Ay mi *monita!"Ahora hay que taparle 'los cueros' a la 'mona vieja'... ¡'Menudo  maletero' me acompaña a estas alturas!


(* 'Mona/o' : RAE, entre otros significados: adj. coloq. Col. Dicho de una persona: Que tiene el pelo rubio. U. t. )

Así que, hacemos bien en cerrar el libro, agenda de la vida, maleta o equipaje, pero que no sea muy pronto si aún es aprovechable, eso sí, si se puede seguir llevando un trecho más encima, algo más acomodada a la realidad ineleduble en estas víspera de inviernos. Aunque a decir verdad, el contenido de su peso es lo que más me importa; pues cuando la abro "y la desparramo", -como bien me lo dijese una amiga muy querida-, siento que gorjean los sueños y alguno se escapa, pero ya sus vuelos son en poemas.


 Yendo por la Vida, se disfruta de algunas 'citas a ciegas o con los ojos vendados'. Pero en esta estación de finales de otoño hay que mirar más al suelo por si tropiezas... y te das un porrazo. De alguna, como es mi caso que lo fue, tengo unos bellos resultados: mis hijos y mis nietos. 
Se disfruta de los ramos de flores que nos regalan, como también de alguna caja de bombones a las que debo los kilos demás, seguro... ¡ Me encanta el chocolate!. Lo malo es que  dicen que "sustituye el amor"-¡No sé si hay que acostarse con una tableta, jajajaja!- pero como el amor, la felicidad que sí trae por comerlo, engorda; nos enferma de "lípedos"superfluos. Bueno los conocidos como 'grasas', pero ellos cumplen sus funciones en nosotros si no exageramos o, en todos los animales de eso se trata, sobre todo de nuestra reserva energética sin pasarnos. 

¡Ah, "la materia gris"... su desarrollo, claro está, para eso son también! Me pregunto: ¡Qué tendré dentro de ella a estas alturas, uf!  ¡No no puedo morir del todo cuando hay moléculas y átomos, que de alguna forma las absorbe la propia Vida! Sé de mi metabolismo... pero del otro crecimiento espiritual no lo veo tan seguro y tanto, soy ambiciosa y eso es lo malo porque si tengo que  tornar acá para volver a 'empollarse' lo que no  quise a tiempo, pues he fastidiado mi tranquilidad, ser molécula de átomo gravitando debe ser una pasada. En cuanto al otro crecimiento pues, algo crecí, no más allá de lo que me hace sentir normal. 


Cuando miro mi agenda aún por terminar recuerdo una cita con el tiempo. El se debe ir orillándose a su mar hacia el final de mi vida, con su ocaso marcando lejanía. Y otra más, que aún es del mismo tiempo vivo, paseando por su orilla de sueños con los pies descalzos, mis sandalias colgadas en el hombro y mis manos llenas de besos. Esperando con menos peso que antes, llevando el cuadro de mi vida bajo el brazo, mis canas, mis arrugas, mis poemas... y mis ojos tomando de su luz para el camino...


 Amado será un tiempo de mi invierno
 besada por las olas que me dieron,
de su gozo avivado entre la espuma
el sentido del ritmo que quisieron.
...
Una vez le dije al mar que cualquiera puede pintar un cuadro, pero nunca sabrá dibujar lo que siente la propia alma. Porque el alma es liviana, llena de sutileza y no fuera de su envoltorio es lo mismo y tan torpe. Es como un trazo delicado, soltura en la forma, conocimiento de la perspectiva en tres dimensiones sobre un mismo plano; y su cuarta, es la esencia y el impulso que le imprime quien la siente, luego, color y belleza. El alma del cuadro va dentro del mismo ser que lo dibuja y pinta, es ella quien nos cuenta si el amor que se siente está aún recorriendo cada pincelada. El cuadro de cada ser le representa como su color. A veces lleno, fuerte, variado con sombras y luces o sin ellas, pero definido en sus perfiles. Otras, suave en los tonos color pastel como una caricia en su entramado o el soporte. Como un abrazo secreto, como un beso a escondidas... Es de amor que siente un alma y se nos ofrece para admirarlo y, aunque se cuelgue a ojos vista se lleva dentro y fuera. El nos habla de la nostalgia, del no pudor ser, o de lo que fue cuando desde dentro nos mira su autor. Retiene la pasión que imagina y ha retenido el amor de su artista. Ese cuadro siempre se tarda en entregarse porque el viento exterior siempre sopla, además nunca lo ve necesario (...) Eso me dijo el viento y preguntó "por qué...". El viento pinta y sus huellas las llevo en mi rostro, sopló muy fuerte levantando su temporal huracanado, recio, grave, vigilante, llenándome los ojos de arena desde que le conocí.


¡Oh mi tiempo fugaz y pasajero!
Dueño eres de mi ayer y ya me dejas,
fuiste vida y te escapas como un ave
surcando el mar, gaviota, te me alejas. 


A ese cuadro le pinté un corazón invisible con mi sangre... dejandole mis huellas. Entonces, me apoyaba sobre el báculo de mi historia.  'Mi equipaje' se convirtió en una cómoda realidad llevada sobre mi espalda. Quise que fuese fácil llevarlo para que no encorvarme con su peso; porque el tiempo había pasado y era ya de escarcha. No comía chocolate... El lastre de mis años se había quedado escrito en menos espacio. Mis sentidos se llenaban de nuevo de mi propio futuro a mi vuelta. Debía sellar un pacto con el agua y su arena, con el valle y la montaña. Moría el personaje interior conmigo. "Don Anselmo".
La vida en otros casos es esto en determinadas circunstancia, un vaticinio importante, un futuro consciente, una marca en el cuenco de las manos. Pero no siempre la realidad es tirana en las consecuencias del tiempo propio, el de nuestro entorno, por no ser coherente con la verdad que habla con amor, echas fuera sentimientos importantes a los que temes, los desbarrancas y empujándolos, les matas. Hay uno que llega con nosotros, hay otro adquirido y hay uno inconcluso. Una sabe cuando todo llega y ayer quince de septiembre, me asome a mí misma desde dentro del árbol. Era el Tiempo quien me abrazaba quizá por última vez. 


La vida se hace cuenco en cada mano,
con ellas prodigamos mil caricias;
con ellas  nos abrimos al espacio
pretendemos llenarlas con codicias.
...
Les cuento:
Bajo frondosos árboles de robles, todos ellos centenarios en La dehesa de la Tolbaña,  sierra de  La Demanda, sentí que el otoño, mi antepenúltimo otoño se va terminando y que en cualquier momento, sus hojas secas irían desvistiendo mi realidad. Que este tronco inconmovible que siempre me ha mantenido mirando a lo alto de mi frondosa vida, por los muchos recuerdos que he guardado, se puede quedar desnudo en cualquier momento, pero no de esas hojas de mis pensamientos o mis ideas, de 'su savia' vestidura; no de todo cuanto guardo y sí de todo cuanto soy y tengo como vida, ya sin ella por delante. Entonces, lo pensaba abrazada a un frondoso roble de más de cinco siglos en su diámetro, que medí con uno de mis hijos y era de seis metros... Le acaricie  como un buen amigo, al que volvía ver después de un largo tiempo. Sabía él que seguiría allí muriéndose de pie después de algunos siglos más, si no le pasaba nada y algún desastre natural acababa con su bellísima estampa de vida; precisamente cuando yo no estuviese. Incluso podría volver a verle en el mismo sitio, si los que se dicen ser 'dueños de la Vida' no acaben con su imponente figura, talándolo para madera o leña o la expansión demográfica no acabe con su entorno natural, junto a sus demás hermanos que le rodeaban y algunos con más diámetro. ¡Bellos e imponentes sí que son! Y es raro verles a´´un erguidos en una escasa masa verde que ya nos queda en península Ibérica, ejemplares vivos y   autóctonos de la flora Mediterránea; los que aún podemos admirar con mucho respeto un Quercus, venerables ancianos e envidiables en el tiempo.

Se siente que sopla pasando el viento
y su amante brisa lleva dispersos,
flota en aromas, vigías del tiempo
y muy bien envueltos todos mis versos
 ...
Uno de ellos tenía una enorme grieta en la que nos introducimos, sólo por sentirnos abrazados dentro de su dura corteza palpitante de savia. Valió la pena. El y yo, yo y el o, nosotros... Memoria para mantener en su fronda verde, en su leñosa y dura apariencia de anciano, sirviendo también de albergue a los humanos. Un ejemplo del aguante que hay que tener ante los cambio... de las estaciones y sus fenómenos naturales, que no esos otros donde "el hombre inteligente, el dueño del mundo y de la Vida en el planeta" deja su huella, pero destrozándolo todo. Me gustaría que mis nietos hubiesen estado ahí, cuando en Escandinavia apenas si se cuidaron de tener estos recuerdos. Ya no existen estos verdes y hermosos ejemplares. 


Tuve la suerte de probar mi agilidad, apoyándome en el tronco bifurcado con mi espalda en uno de ellos, apalanqué apoyando en otro mis pies para coger impulso, haciendo equilibrio permanecí un rato sintiendo su energía en esos dos puntos que necesitaba. Luego, subí con dos de mis hijos sobre una de sus ramas. Sus enormes brazos se ofrecían... Sentí que algo entre el y yo se encendía dentro. Recordé mi seráfico sentimiento y le dije: ¡hermano árbol, perdona por nuestro abuso pero es un honor que nos alces en tus ramas! 
Era un privilegio que 'un anciano' de tantos siglos, un ser vivo, pudiese con tres de nosotros! 


"¡Uy, mamá, lo tienes chungo, ahora no sé si podrás bajar!"... -¿Qué te apuestas, rica?


Sé que ya 'mis pajarillos' no son de mi nido aunque  revoloteaban en ese momento a mi lado, entusiasmados con el generoso anciano y con la otra... Vieja, 'la de la proeza' por ver a su madre con casi setenta subirse a una de sus ramas. La escalerita se las traía . "¡Aún estás ágil mamá!... ¿no te ha dolido nada?" "No, sólo me he rozado 'los flotadores', con un buen masaje, hijos!"... La escalera era una ayuda pero no así el impulso que debía de llevarme arriba a la misma rama, luego bajar hacia el primer peldaño, afianzando segura 'mi humanidad'. 


No, aún no había perdido el impulso, era algo natural que también llevaba encima, eso no se olvida desde la infancia y todo lo aprendido. 
Ahora mi vida se llena de otros gorjeos, otros pajaritos nuevos que me alegran. Mis nietos. Sentí que el aire de ese otoño que me llegaba no era de improviso, ni buscado, que alguna vez en mi niñez lo soñé igual y fuera de la patria; que en el vi a mis hijos y nietos y que no fue una visión porque ya era, porque estaba y estoy aún en ella como en un tirón más de mi tiempo. Que llevo un nido cálido en mi regazo y unos rostros que rozan con besos de sus tiernos labios los míos, diciéndome: "mamá o abuela, ¡te quiero!" Y mientras lo hacen sonríen felices de sentir el amor que les regalo, quizá sólo sea pensar que me siguen teniendo más tiempo.
 ¡Pero también hay más... ¡Mucho más que me llena y lo respiro en el aire, si no fuese por ello...!


Roble de seis siglos nos abraza y dentro: 182 años


 El árbol como yo no teme desnudarse al frío que le llega, que cada vez más sopla sobre su tronco a medida que se acerca el otoño. En ese lugar donde me hallaba con parte de mi familia,  se sienten los inviernos muy rigorosos. Estábamos cerca de Burgos, entre Castilla León y La Rioja;¡Buen vino los de esos viñedos de la zona! Así que de paso nos llevamos unas botellas para traer a casa y descorchamos la que nos acompañaría a la hora de la comida, haciéndola en el lugar acondicionado para recreo y descanso, bajo la fronda que nos hospedaba. Buen caldo el de la "Rivera Baja del Duero" fue lo más acertado, así entraron muy bien los pimientos asados y la carne de ternera en su salsa, por supuesto acompañado todo de una buena ensalada, fruta del tiempo, café y licor de manzana y "Pacharán", del que elabora mi hijo para consumo personal. Nos quedaba tiempo para  recolectar endrinas y manzanas silvestres y pasar por la Abadía del Monasterio de Silos a la vuelta.


  Mientras lo hacía me figuraba el invierno en la zona y todo el entorno lleno de nieve, completamente cambiado, depositada ésta en lo alto de las ramas que aún aguantarían otros tantos y cientos de inviernos más; como sus raíces la envestida de los vientos de la sierra. Posiblemente como yo ellos aguantan ese amor interior que se columpia siglo tras siglo, mirando cómo el sol se filtra entre las despobladas ramas de hojas que empiezan a cambiar; realidades comparables aunque no en edad. Pensé en lo bello que sería darse un paseo sobre un mullido lecho de hojas secas, antes de llegar el invierno,  cuando toda la hojarasca ofrece los colores del otoño,  como si se tendieran a los pies del caminante desenrollando su alfombra de bienvenida.


Así, como les digo,  iba conmigo misma como equipaje, apretujando pensamientos, buscándoles un acomodo. Me sentía cubertura de todo lo que siento y llevo dentro,  que soy como la corteza del árbol, que como yo, forma parte de lo que soy y voy dejando mientras camino aunque menos dura que la suya, sensible y vulnerable ante cualquier fenómeno psíquico y físico, torpe o insensato que no sé dominar cuando me embiste en el tiempo. Algo que nunca esperas. 
Más allá de mí arboleda donde me siento y siembro mis pensamientos, más allá de las montañas, tengo y guardo mi valle interior. Al lado del mar que me espera. El siempre será el poema inacabado. El me inunda de dicha, me empapa de sueños en silencio. Por eso también le dejo llegar mis poemas a su orilla cada vez que puedo.
Pero allí en ese mar hay otras orillas y en una de ellas se mecen partículas de cenizas amadas que ya parece que no son y son, porque siguen vivas y son prolongación de los deseos humanos. Pienso que todo lo que soy se lo debo y vive dentro de mí entre agua, tierra,  montes y donde se posa y anidan mis  pensamiento alados. Ayer Cóndor de "Los Andes", hoy  gorrión de ciudad gorjeando mis poemas; otras veces paloma arrullando el amor y cuando estoy cerca del mar, la gaviota.


...Una gaviota planeando en olas
allá hacia el fondo del ancho mar,
o blanca paloma, la que se posa
allí en su alfeizar sin arrullar. 


* Durante este paseo tuvimos tiempo antes de volvernos a la capital, de visitar la iglesia de Santo Domingo de Silos, acudiendo a la Abadía para escuchar la liturgia de la tarde en las voces de los monjes, con sus cantos gregorianos. Veinticuatro monjes desfilaron solemnemente por la nave central hasta el altar mayor, para ocupar las sillas del coro. Era "víspera de Dolores", según la liturgia; cantos a María. El silencio es importante para apreciar la belleza y la elevación espiritual mientras se les escucha.
 >Os dejo este enlace como muestra de sus cantos<
*Arriba, al inicio podéis entrar a la página de la Abadía y allí escuchar más cantos gregorianos y conocer algo más de su historia.



Elisa
2010



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