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lunes, 7 de octubre de 2013

Mujer del tiempo (2)

Somos como un montón de huesos callados
que resucitan con el perfume de unas rosas. (alv)

*El otro poema con el mismo título: Mujer del tiempo (1)



Somos parte de los sulfuros de un volcán...
Lava incandescente.
Hasta estrujando los ojos del llanto como uvas
somos como una fiesta de vendimia,
se vuelven de mosto en cada lágrima.
Siempre hay quien nos quiera yermas,
quien nos desee húmedas,
quien nos prefiera ardiendo.
Mujeres del tiempo y de todas las estaciones.
¡Ah, somos las sentenciadas al nacer,
las que se ilusionan por amar y huelen a rosas
y al ocaso somos de lava calcinadas.
¡Escasos son los momentos de un brindis con buen vino!

El tiempo siempre vigila, carga con lo suyo
o nos lo coloca encima... ¡y allá que te vas!
Nunca se mira hacia delante, tropiezas,
pero alguien se lleva el nuestro pisando firme
y, sin mirar, como siempre, nos separan de lo que se ama;
allí se queda todo.
Enamoradas, amantes, abatidas, señaladas, violadas...
o tendidas para todo, sí, para todo...
¡Tendidas!

Somos puertas sin llaves, ventanal abierto,
caminos de retornos en las huellas de otras,
aves sin alas surgiendo de sus cenizas.
Un cobro que hace el tiempo en su pensador humano;
un toque en la puerta,
una racha de aire helado que entra por la ventana
o alguien toca la aldaba y pasa en silencio.
¡Tendidas!

¡Somos ellas, la mujer, siempre en vertical hasta que se curva, encoge, envejece o pare...
¿Qué? ..."¡Hijos para el cielo o por la patria!"
¡Mas gente por amor y sin el!
Depósito para la superpoblación, necesidad, holgura, negocio...
Y para todo, erguida, doblada, solicitada y en horizontal terminas muerta!
Estamos o no, quizá ya nos hemos ido y estamos de vuelta.
¡No hemos tenido suficiente!
Pero siempre allí tendidas, tan sumisas a veces como amantes;
tan trémulas, a veces pero húmedas, provocativas, esperadas, deseadas, raramente amadas de verdad.
Tan tristes, a veces, por estar cansadas, huecas, repudiadas, viejas...
Quizás, esperando otro cuerpo llegar desde el horizonte a que nos cubra de vanos sueños de esperanzas...
¡Tendidas!

 Somos del quicio de la lluvia.
¿Cuál es la excusa?
Lúbricas y tendidas.

Australia Elisa Lattke Valencia

2 comentarios:

  1. este poema me gustó más que el número 1 del mismo nombre

    quizá sea porque está más macerado, no lo sé

    de todos modos te dejo mi abrazo energético Elisa
    bien por tu duende creador , que siga y siga

    muak

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  2. Es una realidad que nos rodea y una denuncia valiente.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar

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