SEGUIDORES, ¡Gracias por dejarme vuestro presente.

domingo, 15 de diciembre de 2013


Susurros en el viento... Se ha compartido públicamente. - 13/12/2013
...Recuerdos de Elisa

La mujer era mayor y aún su aspecto parecía atractivo. A simple vista demasiado sencilla para ser elegante por sus ropas, pero algo destacaba en ella y era su magia que la hacía diferente. Tomás lo sabía y la miraba de reojo de vez en cuando mientras fumaba en su pipa, quería que se diera cuenta que no estaba nervioso cuando la tenía a su lado.

Ella permanecía de pie dándole la espalda y miraba por el ventanal del despacho la ciudad que se extendía a los pies del edificio más alto; desde allí la vista era magnífica y era su lugar preferido. Sabía de sus críticas y no le importaban que siguiera hablando con esa vehemencia que ponía a todas las cosa; así que callada y resistía todo el rato lo que decía mientras sentía que paseaba de un lado a otro de la habitación. Sabía que lo ponía nervioso. La imagen de la ciudad entre la niebla se veía desde donde estaba y no quería perderse el momento cuando el sol la iluminase por completo.

Para ella era más agradable ver la imagen que ofrecía París a esas horas de la mañana desde ese lado de la ciudad, que escuchar a Tomás. La niebla iba descubriendo poco a poco los perfiles de los edificios, tejados y terrazas como si los dibujara, dejando ver las interminables calles alineadas desde esa altura y todos sus lugares emblemáticos iban emergiendo. ¡París era una ciudad preciosa! Y en todas las estaciones daba su rostro más sugestivo, así que había decidido tomarse seis meses de vacaciones y quedarse en ella por un tiempo a pesar del pesado de su editor y su forma de hacer crítica y tomarse todo lo que ella hacía de la misma manera, hasta que conseguía su propósito; que añadiera unos cuantos dibujos a los relatos, cuentos y poemario. Ya era el sexto libro y se hallaba cansada para entretenerse en esa soledad y tanto tiempo en el estudio de la Vie Roselle no era de su agrado pero prefería esa soledad acompañada de Bach, Mozart y algún clásico moderno. Era un lugar pequeño y luminoso pero de noche era inseguro, por eso Tomás la recogía por la noche y otras veces se acercaba al mismo para salir a comer, llamaba dos veces para saber cómo se encontraba y tenía una llave para entrar cuando quería. Estaba lejos del despacho de la Rue Momensy donde estaban pero sabía que aunque nunca la decía nada, estaba enamorado, eso sí se portaba como un caballero a pesar de ser veinte años más joven que ella.

El estudio era otro lugar más donde pasaba su vida y él se lo había brindado, porque había sido en su juventud el primer lugar donde residió después de abandonar las tropas alemanas la ciudad. No tenía porqué negarse a sus años la única oportunidad que la quedaba y él siempre miraba también por su conveniencia, pues sus escritos se vendían y estaban traducidos a varios idiomas.

Escuchaba a Tomás que no paraba de hablar y se giró para mirar como iba y venía por el inmenso despacho lleno de libros por todas partes. Todo estaba en su sitio, impecable y limpio en ese orden que a él le gustaba. Unos cuantos sillones decoraban algunos rincones del mismo y todos disponían de una mesa y una lámpara donde dejaba los trabajos de cada escritor, siempre tenia tres o cuatro entre manos. Su rincón preferido estaba al otro lado del ventanal y allí se dirigió sacando de su bolso una carpeta azul, solo era un boceto que aún tendría que volver a leer y revisar y unos cuantos dibujos. Dejando la carpeta sobre la mesita se sentó en su cómodo sitio, descalzándose; inclinó la cabeza sobre uno de los cojines y cerró los ojos. Realmente estaba cansada y Tomás tenía mucha razón, sabía que le iba a dar una alegría como se esperaba.

Tomás dejó de pasearse. Apagando la pipa se quedó mirando los zapatos de Elisa. Se acercó y se sentó a su lado recogiendo los mismos y, con ellos en la mano, se quedó mirándola. Sabía que a ella no la gustaba el olor a tabaco. Permaneció un tiempo en silencio y luego hablo pensando que lo escuchaba y lo hizo en un tono diferente:

-"Te he visto en una página nueva que has abierto con un nombre nuevo... creo que la titulas "Susurros en el viento"... No te cansas Elisa, siempre abriendo ventanas por todos sitios que te permite el medio virtual y en todas ellas, vas dejando un rastro diferente; ¡ah, pero no tienes tiempo de asomarte a mi realidad y hacer lo que te pido, no utilizas el mismo tiempo para esos dibujos que necesito y van a ser para tu publicación ...Si te digo la verdad me has dejado mudo por un rato al leer lo que ponías por ahí pues era necesario imaginar el momento que describes en una de esas páginas, sentir la música que conecta con esa parte hipnótica que hace de tus escritos algo mágico, pues tus poemas son eso que no se puede describir porque tú ya lo haces y los demás debemos sentir las emociones que transmites... Es que se sienten y palpan... ¡Ah, benditos recursos los tuyos porque son a veces como un golpe de aire fresco en ese montón de hojarascas de mi otoño, sí, mi querida amiga, es así y tú lo sabes y te crees una anciana y por eso me miras como un amigo y tú eres de mi tiempo y estás también en el de muchos que, como yo, adoran la forma de hacer tus historias; sabes cómo caminar por todas esas hojas sin que se pierda ninguna de ellas de tus pisadas; sabes hacer que se levanten y vuelen las aves de tu imaginación, que crujan a tu paso las de tus escritos.... Eres como ese mismo aire renovador en la vida de los que te leen. Sé que tú siempre caminarás haciendo que no se te olvide por eso has vuelto a mi vida en este tiempo mío, ¡no estás muerta, Elisa!, solo te lo figuras y vives en dos o tres tiempos y en muchos más porque eres eterna, solo estás cansada pero dibujar te relaja y ayuda a terminar ese trabajo que los dos necesitamos..., bueno, eso es lo que espero para mañana."

Cuando Tomás terminó de hablar se levantó para dejar los zapatos que llevaba en la mano al lado del sofá, colocó el chal rojo que tenía al lado del bolso sobre sus piernas al descubierto. Se agachó y la besó en la mejilla, estaba dormida. Encima de la mesita vio la carpeta con todos los dibujos que necesitaba para el nuevo trabajo; emocionado por el detalle salió de puntillas del despacho y cerró la puerta.

El despacho ya estaba iluminado totalmente con ese esplendoroso sol que tanto gustaba a su protagonista.


A. Elisa Lattke V.

1 comentario:

  1. Bonitos recuerdos en este monólogo que vas dejando a través de tus líneas magistrales.
    Un abrazo en la noche.

    ResponderEliminar

Gracias por tu visita.
Cualquier comentario que hagas aquí, se valora y ayuda a mejorar el contenido del blog, sobre todo al buen uso de la Lengua.
Puedes escribir a mi correo personal: auslava@yahoo.es