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martes, 15 de marzo de 2016

...lagar del alma



Cosechas de mujer 

---La anciana sirvió cuatro copas de vino y se sentó frente a sus hijos. Les invitó a que la escuchasen en silencio y habló: 

"Hijos míos:" --dijo con solemne estado de tranquilidad, mientras miraba a los ojos de todos---
 "En este lagar de mi ser he exprimido mis uvas, las mejores de mi viñedo. He conseguido el mejor mosto y se ha macerado con ilusión. Les he dado un tiempo de reposo en la penumbra del alma, barrica de amor. He ofrecido cada día durante años una copa de la jarra del mejor vino, y por fin llegó ese tiempo del brindis necesario e único por los años vividos. Hoy, dialogaremos con el gozo de la cata en el paladar..., llena, generosa, repetida, especial, única... ¡quiero emborracharme junto a la vida por amor!
Aún podéis percibir que me tenéis aquí delante de vosotros, leyendo lo que sale del alma, y creo, que sin equivocarme, valoro este 'caldo' especial y exquisito con aroma, sabor intenso y afrutado, con el perfecto tono de los años en las cuatro estaciones de mi tiempo y, el que concede la vida en este invierno estación de senectud, conseguida en esos resultados que sus seguidores continuarán, vosotros, mis hijos. Lagar de una cosecha  o de dos vidas, la de vuestros padres, entregadas al oficio responsable de servir a vuestro futuro. Difícil tarea del tiempo por la espera y la lucha que se mantiene a lo largo de los años, por conseguir un objetivo mientras se macera el mosto. ¡Así que brindemos todos en familia por ello!
---La anciana respiro de nuevo haciendo otra pausa, se levantó para caminar alrededor de la mesa donde sus hijos seguían de pie. Todos, con las copas en las manos la seguían con la mirada y se daban la vuelta a su paso. Y, volviendo al sitio que siempre ocupaba  terminó así su brindis:
"Quiero que sepáis esto: llegué a vuestro corazón para una cosecha nueva, una en especial de siglos de ausencia, porque las almas viejas sabemos que ya hemos dejado aquí nuestra labor y hay que terminarla"...
"Me desperté a la Vida con el ansia de sentirla y fue colmada de mimos y caricias, ¡fue mi vendimia de sueños que será como la vuestra en este mundo, la de siempre, la de cada ser viviente que sabe esperar lo que le corresponde del mismo! El lagar se puso de fiesta con vuestra llegada y, ahora ya ha madurado frente a mí y, cada uno de vosotros sabe lo que significa la copa que tiene en sus manos. Ella estuvo esperando cada nueva cosecha, porque nos derramamos en cuidados, dulzuras y silencios, pero también en angustias por los labios... Lloramos. Pero siempre nos empeñamos en embelesarnos  con las promesas, obedeciendo a la naturaleza de nuestro destino; nos bebimos las salobres tardes con prisa por hacer bien las cosas, con sus lágrimas e infinidad de preocupaciones; y al final de cada sorbo, supimos las de la existencia individual, cuando en un paréntesis ganamos algo de sabiduría, entonces de ello aprendimos. Sólo entonces, empezamos a disfrutar de un dulce ocaso al que llamamos vejez y, ahora, toca renovarse en vosotros.
---Por un rato la anciana se quedó de nuevo en silencio pensando para sus adentros. Parecía interminable el momento. Su copa temblaba en sus manos y el líquido daba la sensación de desbordarse. Dentro, su ser hablaba así:
("¡Oh, Dios, pero cuánto nos puede durar tanta resaca, sin despertarnos y cuando ya nos vamos, sentimos el dolor de la despedida!")
"Hoy, el viñedo prepara su tierra de amor para una nueva cosecha, donde no seremos nosotros los que estaremos al tanto del resultado. Sé que aún hay vino en las viejas barricas y las disfrutaréis dosificando su contenido, porque de el se aprende a hacer una reflexión. Y sé también que el corazón late emocionado, mientras los años nos envejecen y se recuerdan los momentos vividos, agradeciendo todas las enseñanzas recibidas.
¡Guardad vuestra copa que volveremos a brindar por el mismo amor que inició esta siembra!, cultivando el viñedo heredado y consiguiendo hacer realidad vuestra cosecha. comprenderéis en donde os dejo el vuestro. Pero,  hoy, es tiempo de un pensamiento beodo, que supo mantenerse sobrio con la fe que ahora abraza, porque sin ella los milagros con sus buenos resultados no existen.
Hijos: ¡El plantío se prepara para el invierno, la cosecha de estos cincuenta últimos años ha sido maravillosa! He dejado mi cáliz dentro de vuestro pecho, hornacina donde quiero que permanezca la votiva llama que acompaña, el Amor que os tengo. Si el  Creador permite, aún se alzarán las copas por nuestro júbilo y por mucho tiempo, porque el es sólo un agujero abierto para el pensamiento, pero no le temáis, siempre se acobarda quien se olvida o descuida y no bebé de la verdad del sentimiento. ¡Esa es la llave que os dejo! Si alguna vez os falto, pensad que habéis ganado la eternidad por haber depositado en el sentimiento, vuestros mejores acordes para sentir la música del alma y de todas las estrella donde estaré. 


1 comentario:

  1. Precioso relato el que nos dejas con esa esperanza latente.
    Un abrazo y feliz día.

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