A media noche
nadie se enamora de quien no quiere.
Jamás vuelve el rostro al jardín solitario
para cortar la única flor que le queda.
Tampoco mira el vacío para asegurarse de qué se llena.
Pero sí se detiene a media noche ante el paso de la muchedumbre,
descubrirá las estrellas de párpados cerrados.
Nadie se enamora
del perfil de los cometas,
porque tiene los astros a su lado
y, en el espacio visible de sus sueños, dibuja la luna con sus dedos.
¡Nadie le gasta bromas a los cielos y Dios nunca juega a los dados!
Ranita.
Foto y poema: alattkeva
(Noruega)
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