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martes, 11 de agosto de 2009

SOLEDAD DEL SER...

Imaginaros que fui de nube y pasé de largo temerosa;
imaginaros que fui de un vuelo que quiso dejar de ser su dueño. Como leve hilacha desprendida fui pena caminando sola, que quiso ser un poco en cada alma, consiguiendo disiparse en versos, o en plegaria de estrofas compañeras.

Imaginad verme en cada letra, siendo cascada de palabras que deslizan en mis dedos conjugando verbos. Imaginadme imprecisa e incompleta o, como luz protectora, substancia y fuerza arrolladora de los astros y, ahora consumiéndome.

Imaginadme anciana soñadora… luchando contra todo el que me reta y revuelve mis canas; en mi litigio alcanzable por cansancio, enterrando mi muerte espiritual en las estrellas. Sólo, imaginadme que he vuelto, incompleta. Y si pudiera dejar de ser mañana en este mar aterrador de ausencias, que sabe del precio de mi eternidad... ¡por no morir nunca en las dos partes! Me dejaría morir ahora sin cuestionarme nada; aunque la Vida me pida su vestido, lo que tengo y me devuelva desnuda, incomprendida, avergonzada y sola… -¡Qué pobre alma la mía, tan teórica y poco práctica, qué paradoja!- He vivido con pudor sin cometer pecado ¡y soy del verso y para el verso, pecadora! Y cuando te miraba era yo que me miraba, estabas dentro y fuera.


-¡Tú, acechadora de dominios en los oscuros atrios de mi templo, la que abrocha mi mortaja en el último suspiro, cuando aún late el corazón que te regalo, por qué lo aprietas sin llegar mi hora, si no quiero que me veas llorar cuando me gusta reír en este cieno! Sabes bien que cuando sabemos los caminos ya nos pesa la costra del tiempo, nos unge la palabra con saliva y, en las irónicas bocas sorprendidas, se esconde la injusticia. ¡Confieso, que pedí un beso de amor, mi despedida, pero era al mundo, al escribiente de los pactos!

¡Ven, aprieta tu cabeza aquí en mi pecho, siente lo insondable en este sacudir de mi universo, siente el llanto del que verdaderamente ama, desgarrar un silencio conocido! Me iré antes de salir el sol, al alba, mirando tus ojos de tarde iluminada… cuando aún se consume nuestra estrella. Serás el último haz de luz que me soñaba. Quizá mañana también añores el mundo y quieras sentir, la levedad pura de mis caricias en el roce de estas plumas, que visten ya mi alma, la que te dejo.

Imaginadme imperfecta, pero ámame.

¡Solo quería volar, volar contigo, eras mis alas!



Elisa.
11/09

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