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martes, 19 de enero de 2010

La rosa azul



No sé por que se me ocurrió bajar aquellas escaleras en el momento más inadecuado para ir al baño, pero no me arrepentiré nunca; porque el que quedaba arriba en la habitación estaba ocupado. Decidí utilizar el de la planta baja del hotel, porque, unos momentos antes había pasado por delante y pude leer el rótulo de los aseos en esa zona. Además tenía que acomodar aún parte del equipaje y mi acompañante de viaje tenía ‘un apuro’, encerrándose dentro del aseo... "Mujer, es que es la única forma de ...". 


Venía bastante molesto y no deseaba alterar la situación, con alguna interrupción poco recomendable. Nuestro viaje en tren había sido largo sin ninguna parada en los doscientos kilómetros siguientes. Los aseos del tren no parecían muy limpios y decidimos aguantarnos, así que lo mejor era no comer ni beber mucho por el camino. 


Los baños auxiliares no correspondientes a los servicios de las habitaciones, eran cómodas y disponían de duchas con cabinas transparentes. Los utilizaban los clientes de paso por la cafetería del hotel, que era tres estrellas. Entré acuciada por la necesidad sin fijarme que era para "caballeros".... Cuando salí para lavarme las manos y, mientras lo hacía, vi a través del espejo que la puerta de una de las duchas estaba abierta. Dentro de una cabina se hallaba un bello cuerpo completamente desnudo y de espaldas... ¡Qué espalda y que...! Se duchaba como en un rito para alejar seguramente el cansancio. No tendría más de cincuenta años… Recordé que le había visto en el tren frente a mí, separado por una mesa. Nos cruzamos las miradas más de una vez, mientras mi pareja dormía al lado. Su rostro de rasgos aniñados y aún atractivo me llamaban la atención, sentí que me gustaba y que los colores acudían a mis mejillas, me estaba poniendo 'en órbita'... 


¡Indudablemente que necesitaba un baño en ese momento…! Cogí una de las toallas grandes que estaban apiladas en un rincón y me quedé desnuda delante de la cabina. Él se percató de mi presencia y se dio la vuelta… No estaba sorprendido era como si me esperase.... ¡Oh, maravilla, no sólo era esbelto, guapo y bien hecho, tenía más… y bien puesto! Sonrío al verme invitándome a pasar a la ducha y cerró la puerta con el pasador, que quizá por costumbre se dejan los hombres abierta. Lo que sucedió allí nunca lo he podido olvidar, pero les aseguro que aún la vida me sigue cargando de energía y vibraciones positivas. ¡Ese ejemplar humano bien valía más de una ducha!  


Cuando volví a la habitación ya mi compañero de viaje estaba durmiendo. Me serví un vermouth doble, me quedé mirando las luces de la ciudad mientras fumaba un cigarrillo… Me preguntaba si estaría soñando, pero de lo que sí estaba segura, era que... ¡el viaje a Viena, verdaderamente había puesto las cosas en su sitio! Volví a mirar a mi compañero y recogí mi equipaje, dejándole una nota junto a sus cosas: 


“Dani, nosotros estamos ya para el recambio, búscate a alguien que te haga feliz, yo lo he intentado pero tú no has valorado lo que tienes al lado en treinta años; necesito mi vida de ahora en adelante para mí, creí que la tenía apagada. ¡Gracias por todo, intenta ser feliz, ya no necesito todo lo que me has dado, sólo amor, ternura y un poco de sexo y del auténtico, ya me las arreglaré para subsistir, eres tan libre como yo...¡Cuídate la próstata!” 


¡Eh, Gabi, despierta que se nos hace tarde para coger el avión, te has quedado dormida y vestida encima de la cama; cuando me levanté tenías un vaso en la mano... ¡Menuda cogorcilla habrás cogido mientras yo descansaba, venga, venga, que en un cuarto de hora tenemos el taxi en la puerta del hotel! ¿Y la nota que te dejé? - le pregunta aterrada- “¿Qué nota?... Tú debes estar dormida todavía.” ¿Entonces no hay nota? -Insistí nerviosa y muy preocupada- “¡Venga, no me hagas reír, siempre me escribes la misma cuando viajamos!” ¡No entiendo! “¡Jajajaja! ...Ah, ya sé, eres una picaruela, esperas que te haga todo eso que te gusta y no tienes otra forma de recordármelo, ¡pero dónde vamos tú y yo con los años que tenemos, mujer!”  


Al bajar con las maletas al vestíbulo, se acercó un camarero y me colocó un ramo de rosas blancas junto a una rosa azul. En medio de ellas una nota en inglés que decía: “No me olvides que iré a buscarte al fin del mundo, tú eres la rosa azul que faltaba a mi vida. Gus.” 


Mi pareja miraba el bello ramo de rosas y se acercó y me dijo al oído: “Estos vieneses tienen el don de ser simpáticos y corteses, saben cómo ganarse a los clientes, conquistando a las mujeres bellas, así tienen seguros a sus esposos y amantes ¿no te parece?” Sí… -Le contesté con un hilo de voz completamente ruborizada, sudorosa y temblando. Pensaba en... el momento... ¡No lo había soñado!






Elisa Enero/10 _+_+-_+_


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