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miércoles, 17 de marzo de 2010

Almas fugitivas

 Me ha conducido un pensamiento hasta ti por entre los sueños. Hoy he podido depositarme sobre tus hombros desnudos, cuando contemplabas tu rostro en el espejo. Me pensabas, meditando sobre la vida, acariciando tu piel y cerraste los ojos... ¡Allí estaba yo delante de ti y no me veías!

Me llevó el aire que respirabas porque te hacía falta, el aura de otros días felices en el brillo de las estrellas, Fui y soy el sonido del agua chocando contra los viejos muelles; te supe en los lunares de la luna asomada al mar de las ideas, con su dorado nimbo circundándola y su sonrisa de inmensidad, iluminada de estrellas, gloriosa y segura como debes ser tú y has sido siempre. ¡Tan pálida en la piel nacarada, dorándose de la ilusiones como nunca! Porque has recobrado la brillante luz de tu belleza, la que nunca te ha faltado pero querías morirte por ser como eres, pero no puedes mi luna evitar que el sol no te ilumine. 


Te contemplaba vanidosa, frente a los rayos de la Selene interior que llevas dentro. Me sentí feliz por saberte de esa forma, viendo de qué otra le sonreís al espejo… ¡Pero no era a él! sino, a ese pensamiento que te inundaba de seguridad y dicha, a tu nuevo amanecer que hace de tu cuerpo un sonido de campanillas, cuando vuelves al trabajo de cada día porque lo necesitabas.
Ahora que estás bien necesitas del mundo y el a ti para saber de tu sonrisa.


 Sé que te tengo en mí como yo sé también, que en algún lugar de tu cerebro permanezco deslumbrándole, reviviendo lo más bello y hermoso de los momentos inimaginables que compartimos.  Reverberan los sentidos y se escapa alguno que otro suspiro al caer la tarde. En su letargo de sueños revives con tu risa. A veces toma de su alegría, de lo más puro que te inunda y te devuelve la felicidad de ser tú misma; y allí en tu interior te sientes una elegida y eres dichosa, porque te sabes amada por un alma a cambio de lo mismo. Un regalo del cielo que compartimos. Porque  ante los ojos que no olvidarás cómo y de qué forma te sentías; serás siempre especial, porque eras mi sueño del ayer, la visión de mis días, el recuerdo del tiempo en la clepsidra que mide nuestra realidad en el cosmos. Me llevé tu risa en mi corazón despertándome de dicha cada día, llenándome por entero mis horas y, esa gravedad de tu gesto, -que no vi- pero me figuré cuando aparentemente airado y rebelde ante la realidad, no dabas crédito a lo ocurrido; intentabas no compararme con lo vulgar del mundo pero necesitabas machacar lo inmerecido, lo que te partía en dos y era tuyo como lo era tan mío. ¿Nunca lo pensaste por qué tuvo que suceder así? Todo recuerdo querías separarlo de ti, no de mí porque me conoces. Lanzarme lejos de tu realidad acabando para siempre con todo lo que despertó y aunó un sueño que nos pertenecía y pertenece. No de la forma en que el mundo se lo toma, no; porque quien sabe de dónde viene y vuelve, ya ha cumplido su ciclo de preparación y debe cumplir con lo que le dejan en sus manos. Nada de lo sucedido te debe ser extraño. Nada de lo que te ha pasado y pasa, tampoco. Nada. ¡Cómo explicarlo cuando el dolor inundaba! Tenía que darte un tiempo para que supieras entenderlo.


Reprendías y enseñabas; advertías y prohibías; te rompías y rompías; nos hacíamos daño pero no podíamos desprendernos de todo lo que el tiempo había depositado en nuestras almas. Era el milagro de sabernos, de hallarnos y poder abrazarnos por fin para sellar el mismo vínculo con la eternidad; rodeado de riesgos para probar nuestro sublime amor tan puro. Encrucijada siempre de desengaños que nos deposita aquí, para sabernos que sí estábamos de nuevo dispuestos a luchar  por el proyecto final, superando todos los fallos; ayer tú, hoy yo, mañana no sabremos hasta que enlacemos de nuevo nuestras almas, fuera de esta cárcel en la que se mantienen temporalmente.

Yo sé lo que me llevo de todo esto, por eso te lo digo ahora que aún sigo viva. Tú sabes también lo que te llena, aunque te notes vacía y desbordada en el contenido de lo que sabes que sí es; pero los dos nos llevamos el gesto importante de todo lo que nos estremecía y nos regala en belleza para sentirnos felices de alguna manera, aunque no llenemos el la vacuidad porque ya está llena de todo lo vivido en tanta ausencia física; no sólo la del mundo porque en la otra, la que nos lleva a ser viajeros de las estrellas, llevamos el cuenco de la felicidad colmado para repartir lo que se desborda del mismo. Por eso nos sabe a sal el aire, por eso respiramos con dificultad cuando nos pensamos y necesitamos que entre más pedimos, nuestros pulmones necesitan de otro hálito cercano y tangible. Así que dejamos que en esas partículas navegue nuestro amor empujados por las velas de nuestros pensamientos, con el verso en la palabras en el mar de la Poesía.

Debes de saber que me llevo tantas cosas de esta etapa que hoy termina…. Que todo lo que nos separó nos une más para la siguiente. Que aparqué la tristeza  para llenarme de ti porque ahora sí sé cuanto me amas, para así olvidarme enseguida de todo lo que nos separó para la reflexión. Necesitábamos saber cuan débil podría ser el amor o si el era capaz de aguantar el tiempo, el que ha trazado la aventura de vivirnos, aunque tengamos que estar recogiendo los pedazos para sentirnos que somos de lo mismo, una sola alma.


Cuando asalta la realidad hunden las miserias del mundo tan pegadas a la carne, en las que el pensamiento se acobarda, duda, tiembla, sufre y llora. Debes saber también que sólo retengo lo bueno que, a ti y a mí, nos dieron en ilusiones calmándonos siempre de belleza, cuando compartimos esta vida. Somos aún cómplices de aquel tiempo enamorado que se ha consolidado en la urgencia… No sé aún de qué te vas llenando y te lleno, hasta que te abrace el alma. Hay un vacío inexplicable que no está en ti ni en mí, pero sí delante como si se tratara del foso profundo que rodea cada fortaleza de nuestras vidas, librándonos de un fallo ajeno a nosotros, no de nosotros mismos. Pero también pienso en ese vacío de toda despedida, amor; el dulce vacío que se produce con la separación total del alma cuando alguno de los dos se queda. El vacío de toda despedida. Yo me llevo lo mejor de tu cariño, tan silencioso y temeroso como el mío, tan fiel a las convicciones de fe que nos sostienen,  pero había algo maravilloso en todo ello y lo hay y lo sigue habiendo, porque iluminaba e ilumina estos momentos de un resurgir especial en los dos; porque de todo ello que pude darte y que contenía mis caricias, y era de ternura que me dabas en tu silencio, cuando aún podía sentirme que era dueña total de tu pecho, cuando aún tu mansión no había sido profanada por las hordas de la insensatez o el descuido, pisoteando lo mejor de ti y de mí porque el mal obra y cambia la vida en los débiles de espíritu, esos amados seres del Padre.

Porque si mañana no estoy, amor, quiero que sepas que si callo, si no sabes por qué... Me llevo los besos dados, mis dedos impregnados de bosquejos, el contacto de tu piel en el temblor de los deseos por cada caricia. Mi osadía en la vehemencia por tus labios, codiciando tu sonrisa. Pero también me llevo lo mejor de todo al  reencontrarnos, la fe de sentir que sí éramos parte de la clepsidra del tiempo, derramándose ante la vida, dándonos una ínfima parte de felicidad en un bienaventurado tiempo, en que pudimos caminar juntos, sintiendo nuestros pasos, el roce de nuestra realidad acá en este mundo; porque todo es imprevisible y no sabemos qué nos espera o cómo sucederán las cosas en esa inconstancia del destino, pues aún  creo que se nos debe algo y, aunque lo espere sé que Él sabe lo mejor si debe ser así. 


No sabemos si nuestras almas podrán tornar a vincularse de alguna forma para sentirse cerca, para saberse de nuevo dueñas de su dicha, pero sí sé que alguna vez seremos nuevamente de ese todo que nos une, en alguna parte de un allá que nos hace especiales a los ojos del Creador, siendo de cualquier astro o lejana estrella fugaz, que quiso dividirse para buscarse en la inmensidad, en la locura de vivir diferentes experiencias a través de los siglos.


alattkeva-10

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