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jueves, 18 de marzo de 2010

Tiempo de vértigos








Tiempo de vértigos


Se sienten un trueno galopar rajando la noche y las palabras se hacen eco de las tristezas. Ellas tienden a arrinconarnos contra el filo de un hierro candente.
Y por los acantilados de mi pecho urge desbordarse un entendimiento suicida,
para beberse el aire de otros vacíos llenos de silencios.

La suelas de los pensamientos nunca se gastan son como mis ideas; ellas asoman entre los dedos huéspedes y toman asiento porque saben por donde ando y les da por escribir poemas. Y de tanto pensar por los sueños andariegos, terminan cansando al texto que esperaba y huye descalzo un suspiro. Se hace canto de ruiseñor en otro lugar de luz.

Taciturnos y desmadejados se quedan los brazos de la noche, amontonando estrellas sobre su regazo; la luna ruborizada ante tanto dislate prefiere irse a dormir, pero no le cuenta a los poetas cuánto los ama; quizá así no estarían con su tortícolis de cada noche, mirándola extasiados.

La añoranza se emborracha con los calostros de la incertidumbre. Mamá de la Vía Láctea lo que quiere. Me pide a gritos que le llene un vacío y que le de más amor para sentirse viva; para dar y recibir, para hacer poesía desde sus entrañas hambrientas... -¡No sé si quiere que se los llene todos y dejarme a mí vacía de palabras!-

¡Oh misterio de caricias para ocasos de fuego, cómo se diluyen en atardeceres sus nubes de colores, llenos de reflejos planetarios! Ellos trazan los caminos de mi vuelta. Sólo el crespón tupido de la noche arropa la ensenada de mi vientre, refugio del ayer donde crecen los adjetivos convertidos en algas... Donde nadan mariposas transformadas en peces colores y vuelan por mis sueños. Sé de mis arrecifes de alegría donde se zambullen mis palabras. Es a
llí busca mi añoranza.

Un despertar sonámbulo por fin se queda dormido sobre mis párpados, Y después de un tiempo, abre sus ojos y mira los azules de su interior, se extasía en lo inmutable del amor. La vida, entonces, bulle en gotas de sangre sobre mis manos agrietadas y adoloridas; hay algo en ellas que me cuentan secretos del mundo. Pero necesito de un jubón rojo que llevo conmigo mientras las miro. Indago sobre la vida y me quedo dormida abrazada a tanto recuerdo.

El tiempo es eco de todo lo que el Amor ha apretujado en una mano, porque Dios también cierra su puño  donde guarda lo mejor de nosotros.
¿Sabes, tiempo mío? Todo lo bello que he dado lo sigo sintiendo en mis manos y aún dibujo el perfil de tus sentimientos, los más hondos y  puros. Lo sigo haciendo con mi índice a modo de pincel. Todo lo recibido también se contiene en su cuenco. Me siento llena de ti y me sabes a sal como mis labios. Te llevaré siempre conmigo. No sé por qué sigo con la escudilla vacía, si todos los días me la llenas de un pensamiento nuevo, silencioso, único, ¡pero hace mucho ruido dentro!

Me gusta estirar mi brazo cuando pido lo que me gusta, tender mi mano y llenarse  en mi espera de un rumor de sueños, sentirte caricia y latido, estar dispuesta y sonriente en cada esquina de mi tiempo, cuando pasa la luna, porque me encanta el sonido que hace la moneda de plata en el cuenco de Dios, pero no entiendo cómo el ciego de alma cree que me alegro por el óbolo ajeno, ¡si es nuestro! ¿No ve acaso que la escudilla estaba llena de poemas y se los ofrecía? 
No, no quiero nada gratis. Cree que los plagio. 

Me muero por saber si mi imaginación ha interrumpido un silencio. Saber de mis  palabras enclaustradas y de los pasos sobre el largo corredor hacia la capilla, ¿los has  escuchado?...¿Y por qué todos los murmullos se han caído al suelo espantados ante mis lágrimas, cuando pasaba  corriendo hacia tu pecho? Por eso tengo que ponerme a llorar bajito para que no me escuche mi garganta, no sea que le dé por sollozar y se irrite sin poder gritarte... lo que te quiero, sólo porque ella se empecina en acompañarme hipando todo el rato.

¡Ha saltado el gato blanco a mi lado!.... ¡Luna!  ... ¿No te das cuenta lo que necesito, ya sé que te da temor bajar a mi tejado! Pero hoy tengo las manos llenas de pétalos rojos, siento muy dentro que se desnuda una rosa blanca cuando se entrega; y el alma entera se me duerme  poco a poco, se debilita dentro. Si no vuelvo en sí despiértame mañana, o tal vez dentro... de otro siglo. Por eso te dejo mi abrazo cada día.


Elisa
3/10

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