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sábado, 26 de junio de 2010

Por las callejuelas del alma

Dibujo con lápices de colores
en una servilleta : (alattkeva)

A veces por las callejuelas del alma, 
la ciudad interior se tropieza y se hace heridas;
a pesar de sus calles sosegadas, 
se levanta y despierta en las sombras
arrastrando sus recuerdos. 
Limpia el dolor interior con bálsamo de llantos;
entonces es cuando emprende el camino hacia la luz,
necesitada de otro amor que no puede tocar dentro de ella.

Al alba, la ciudad suspira y gime,
respira con dificultad el salitre de sus costas,
se adentra en los suburbios, buscando la bohemia 
de Vida soñadora y romántica a la que se abraza.
-A la ciudad interior no le importaría que le diesen otra puñalada.
La muerte la vigila. Está triste y muy cansada, pero se aguanta.
No se siente 'vieja', es que se hace vetusta lo que la inunda en siglos.
De nuevo, recurre al templo que ha abandonado en la colina;
y en cada atardecer, una lágrima convida a una oración de melancolía.

Otras veces por sus calles sosegadas,
-porque se ha acostumbrado a la ausencia-, 
la ciudad también se estremece entre sollozos.
Entonces la tarde grita arreboles hiriendo sus mejillas
y le dice que la mire...
¡Que está ahí mismo contemplando el zenit como antaño!
Y así se le ilumina de sonrisa la vida hasta que se enconde 
detrás las cumbres.

Hay ocasos que aguardan y guardan el tiempo por siglos.
y la ciudad los busca. Se envuelven en rojos de pashmina
sobre los hombros, porque esas cosas saben de otros fríos
y de sus tristes sombras, donde también se tropiezan sus recuerdos.
-¡Se le abren los dedos a la ciudad por ir en sandalias!!!
¡Ah, es tan cómoda y tan feliz ella! 
Sobre todo si se tropieza con el viento.
A veces no sabe por dónde ir... pero llega...
-¡Con los dedos reventados, eso sí,  pero  lo consigue!
Con suerte puede sentir la caricia de la luna, estremecida.

Teme a la alargada y celosa sombra del viento, 
a la manifestación de sus prejuicios; a sus propios miedos;
a un argumento de espanto que la hunde;
a la engañosa sonrisa que la sonsaca... secretos.
-Porque de las ciudades interiores,
 todos quieren saber sus cosillas y qué ocultan-
¡Siempre hay una insensata que lo cuenta todo!
...
Teme sobre todo. A su vigilante marea de escaparate
con sus esquinas retocadas de hipocresía; 
cuando aparece con su traje caro,
sus tacones altos, sus gafas de marca
y su mirada desdeñosa, pero aguanta la visión...
-¡La ciudad no se queja por lo que no lleva dentro, ni fuera!
Las ciudades no se tienen envidia, las unas de las otras,
son como son y las han hecho sus moradores.
Mi ciudad interior se contenta con su espejo, s
su mar al que se abraza y las tardes de ardentía.

Ella aprendió a temer y... "¡a callar!"
-Es mujer, ¡qué remedio!-
Si tuviese que repetir, evitaría el borde frío de las miradas, 
ese que  hace pensar más de la cuenta cuando le cae de soslayo.
Desde 'su armario', cuando sale fuera, porque hay ciudades encerradas;
que, como digo, son de su interior en todo ¡y ésta mía no era para menos! 
Porque esta mía por tener, no tiene un guardarropa decente y por eso con 'su pluma'
le basta para tapar sus desnudeces tan serenas; 
se tapa sus intimidades con lirismo. 
Así, cuando sale de su interior,
'su pluma poética' es mágica.
Puede vestirse de lo que le dé la gana, incluso de rana que es lo suyo;
ya fuera del mismo, con 'el plumero' de "maruja" que es lo otro.

Eso sí, evitaría la frívola circunstancia de la burla solapada,
-y no es fácil perdonar y perdonarse 'algo de inteligencia' 
si te vistes de temor puedes ser pesada, por eso del respeto ajeno- 
y más cosas cuánto nos hace daño,  al dejarnos como ciudad que fue y es, 
sin los adoquines levantados, las aceras a medio hacer y las cloacas abiertas,
¡donde sólo caen los más pendejos! Pero ella no es tan prosaica.

Hoy mi ciudad, se sobrecoge escondiendo sus rodillas...
-¡Tantas veces se ha caído como levantado!-
Es más veces honesta y dice la verdad, sobre todo,  cuando se cae de la risa.
Sus párrafos de sueños, tras sus viejas murallas fortificadas
están llenos de cosas sin hacer, 
sin llevar a cabo y suele ir dejando todo para mañana.
Porque no sirve para esperar "el mejor momento"... 
¡Ja! Aunque madrugue...
No quiere tropezarse de nuevo con tanta ironía y falsedad.
Empieza a sentirse deshabitada, inquieta, alejada, temerosa,
sólo quiere penetrar en sus costas desnuda, arroparse de mar,
ser espuma, salpicar las rocas y estrellarse iracundo contra la maldad...
Y no importándole morir bajo sus aguas, donde se siente segura.
Mi ciudad se tendería en su arena para morir de una vez
y el... mar lo sabe.

Sabe también del triunfo de las sombras
por eso sienten ambos como los va doblando el tiempo;
al uno de oleajes en el fragor de las tormentas; 
al otro por los años mientras detrás de las ventanas se mueven sus visillos
y unos ojos les acechan sus pasos, miran curiosos tras los cristales y callan.
¡El gato azul en cualquier tejado aún sueña con su regazo!

A mi ciudad interior le hace falta su luminaria,
se muere por dentro poco a poco, lo sé. ¡Se muere de amor!
¡Cuando sólo lo extrae y alberga del que versean sus poetas
y la luna sin ningún temor, amaba así y le sonreía.
¡Para qué más si lo tenía todo! 
Pero el viento se hace vendaval, se lleva todo, 
porque hasta las ciudades interiores 'pierden sus papeles' cuanto sopla.

Hoy, esta mía, hoy más que nunca se va muriendo
y el mar sólo lo siente dentro de una caracola.


Elisa en: "Don Anselmo"
2010

4 comentarios:

  1. Hola, Ranita.
    Me encantan tus comentarios.
    Espero que todo te vaya bien. Y tambien espero compartir nuestros comentarios, de todo corazón.
    Un fuerte abrazo, y un beso

    (tu creatividad va en aumento)

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  2. La vida, Celia, es parte de un compromiso que nos apresa cuando ya sabes algunas respuestas. Sólo doy al tiempo algunas mías mientras camino. El ha empezado a apurarme la existencia y yo, me convierto en vuelo de ave.desde arriba se ven mejor 'los tejados, las calles, los patios de vecindad...las esquinas y sus perfiles, pero sobre todo la nobleza del mar. No soy yo quien cuenta, es aquí Él... "Dón Anselmo" quien me lo dice. Si la rana hubiese sido tan madura como los siglos que lleva 'el Viejales' encima, éste no se hubiese cenado sus ancas "al pilpil". Ahora, ya no me lo dejo fuera del alma, va conmigo siempre y ella, 'mi niña azul'es la que pone sus notas de humor. La sal de la existencia.

    Gracias.
    *Estaremos al tanto, Ya está en el Reader De Google lo tuyo y mío.

    Bss. Ranita.

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  3. ¡Es preocísima, mis felicitaciones!
    Buen domingo
    Un abrazooo

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  4. No se pasa por alto el contestar con cortesía, pero cuando salta una página extraña, ya te conté, es cuando recuerdas la moderación del que no se ha visto.

    Ya te visitaré Un saludo de la Ranita, querida Vero.
    Bs.

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