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jueves, 24 de junio de 2010

Te intuyo, Amor

Me amoldo a las migajas, a los silencios, a la vida;
 a este sentir amorfo de melodía inventada
que no sacia en su pena.

Me extravío entre pensamientos, caminando polvaredas de luces
o encendiendo hogueras de sueños;
pero no sacia la pena de mi desnuda pequeñez
en la noctámbula realidad de los recuerdos.

¡Decidme quién soy yo en el señuelo que  se le impone al alma!
Si  no hallo más gesto que el fulgurante horizonte de mis tardes, 
y sin olvido de mi yo viajero. 
¡Decidme del pobre corazón humano, de la soledad en el hueso
 de su estructura de nadas, en su encarnadura de ansiedades...!
 ¿De dónde brota esta sed mía de tan secreta sustancia, 
si sé que en el naufragio pierdo todo para alcanzar tu isla,
por qué me das tanto cuando me sabes limitada?

Por este mar de pensamientos y sentimientos en los que no eres duda,
danzas en el vaivén de otras olas y mi crepúsculo se angustia,
por esas otras sombras plañideras; sintiendo cómo se alejan tus pasos
calle abajo,  y como en la mañana suben cansinos de nuevo, tristes,
como no queriendo llegar nunca, pero enamorados, impulsados por cada suspiro,
saben que quien les tiene, acompaña siempre todo lugar  con el alma.
¡Yo, la menos merecedora por advenediza de tu amor, te siente!

Yo, vecina de mi misma, al escucharte, me encuentro y me sorprendo
Y sé que de buena gana me escupirías al rostro por lo que hice, 
por no creer que me pasaba... por volver amarte a través de siglos.
¡Quería extirparte de mí, quería renunciar a la vida!

Escucha, Amor: cuando tú empezaste a existir se abrió mi pecho, 
no hubo dudas, supe que allí me llenabas de infinito;
te respiré del éter divino en un crisol de fundidos... 
-¡Pero tuve miedo, ardías dentro! ¿Y qué hago con este fuego? -me dije.
¡Pero sabía que contigo dentro, ya no existía la muerte al hallarte!

Si embargo aún sé que el dolor de ser, se llama ausencia- mi castigo-
Que su carga es la renuncia para seguir  existiendo mientras me pruebas;
pero me agota el último hálito del aire que me envuelve... ¿Y si muero?
Y, a ti, sin embargo te impulsa sin olvido pero no de igual forma. Permanece.
-Lo intuyo... cuando sé que me abrazas. ¡Gracias por ello!
¡No sé por qué nos pesa tanta ternura si la llevamos a cuestas para darla!

Sé que mañana, al volver a subir la cuesta, llevarás los pensamientos florecidos,
y su aroma te inundará de nuevo como un crepúsculo de sueños y allí, 
dos almas sentadas en el regazo de un cielo, contemplarán cómo el sol interior
 busca el alivio entre sus cumbres. Permanecerán en silencio extrayendo de la vida
 su fulgor, llenando las retinas de sueños en palabras, con la emoción de una misma mirada que vela el horizonte,  mientras esperas ver unos brazos tendidos de nuevo para acariciar el rostro de su Vida... El tuyo y el mío, llenándose de besos.


ELisa en: "Don Anselmo"
2010

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