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jueves, 18 de noviembre de 2010

Nocturno


Inmóvil como una estatua de sal se cristaliza el alma en el tiempo de las cosas;
 y cuando la vida se madura comprendes de tu espacio, 
pero acá, acá en esta realidad individual de cada vida, acá en el mundo.

 Siempre me gustó andar descalza, alzar los brazos, describir un círculo señalando el allá de lo contrario. Con la elipsis natural de mi discurso y, sin ventana ni flor,  ya te sentía. Porque en mi esfera celeste no se miden las distancias. Bien sabes del límite del espacio tiempo y cómo el espectro de su luz  nos maravilla. Si hay que pasar se pasa en el ángulo trasmundo del consciente.

He revisado mis anales en el clamor de mi existencia rota acá. Siempre acá cuando sabes lo qué falta; que las cosas aquí en este lado de la Vida no son como deseamos. Pero es lo pactado y en lo conseguido está el anhelo de servir para sentirnos servidos; aunque sea en el límite del tiempo del azul de un encuentro en cada ocaso, porque lo evoco en la esperanza de abrazarlo de nuevo. Siempre se es una misma en diferentes realidades, una experiencia, pero no siempre se hace olvido... Se es alma.

No, no soy de este tiempo -te lo afirmé- y, cuando lo hago, es porque que he traspasado lo imposible; y no habito el mundo cuando voy delante y a la inversa. Mi presente no existe como el tuyo, pues ya somos el reflejo. Y porque estoy  acá tan lejos de ti como si mirase desde mi Luna a Venus suspirando. Allá, no.
Te digo que sin ventana  la flor ya aromaba tu tiempo por el mundo y asomándome, traje el placer de un sueño.

En la inmutable realidad de un cuerpo sólo hay una jornada de vida, una millonésima de segundo para el Cosmos. Mil velos de niebla nos separan, un cascarón en todos los encuentros y en la vulgar necesidad de lo posible lo mismo que en la Luz, siempre nos tenemos; porque tú y yo, siempre vamos cantando por la misma senda cogidos de la mano; siempre nos hemos amado al atardecer de la vida y siempre hemos lidiado con la muerte; por eso Lázaro nos confunde bajo lápida al volver a la vida y es El Cristo quien nos frena. Simbolismo de la cenizas yermas en los rescoldos de la muerte, que se atizan y esperan en la cruz de un nuevo sacrificio. Pero sé que cumpliremos ese ciclo en la Eternidad, liberándonos, porque somos nosotros los que jugamos a soñar. 

¿Te acuerdas de mis ojos apacibles mirando a través de tu mirada e indagando los silencios de tus preguntas?
No era yo en la insignificante materia que tocaba el ayer sumiso de los sueños, acariciándolo, sopesando el tiempo de las lluvias... ¡Eras tú! No llegué como lo deseado, lo supe en mis runas, porque ya era sólo la prueba del lamento en el hastío que venda las manos que duelen y se abren cuando sabe lo que ata al mundo. Era el ciego tropezándose dentro de sí mismo, buscando la luz a través de la mirada que conoce, sabiendo el camino de la vuelta, tus ojos me hablaban dejándose sus huellas en los míos... y saliendo a tientas para temblar, aún sin saber qué y cómo te haría perder el equilibrio. Lo perdimos.

Te buscaba dentro para hallarte fuera en la misma luz mía, en la que fluye dentro del nosotros. No quería  que todo cuanto se ha amado y ha tenido un peso en el alma, se perdiera en el surco de los altos cardos que florecen, cuando las espigas se han guardado dentro del silo. Y que en lugar de un sabor a sal en cada calle, tuvieses, el triste y desabrido de cenizas. Aunque no lo creas nos necesitábamos y de ello hemos aprendido.
Al contrario de lo que se pudo pensar ante el temor de lo imposible, siendo de un tiempo destemplado y desigual, áspero en lo humano, funcionó la confianza del ave ante el sigilo del gato blanco en el tejado. Pero no por ello dejamos de dibujar el contorno del aire con los brazos, señalando... lo mágico. Y degustamos la pulpa del silencio, saboreándola. Supimos que la sombra era de amor que acompañaba. -¡Ellas lo sabían!-

Por eso en este afán de sentir, mezo este sueño de siempre allí donde sólo se siente la vida  que aún late. Memoria de plata en el borde de una elíptica presente en el plano de un espacio y, por el verso triste, se columpiará la inocencia de lo que sí es bello y no hace mal a nadie porque será  siempre tuyo o mío, de las sombras y sus almas que caminan. Cantarán mis poemas en la estrofa, cantará el verso a coro con todos los que forman el mejor poema, pronunciando tu nombre en la sutileza dulzona de un verso que se esconde avergonzado. Si quieres saberme dentro de ti búscame en las palabras, en el azul del mar, en el vuelo de las aves, en el canto de la rana y el concierto del grillo... Yo también soy poesía.

Búscame allí en la mejilla de la luna, en el poema que llora arrinconado, en un cielo lluvioso de cualquier tarde, en el estrépito de las olas... y allá cerca donde parece que se junta el mar y el cielo; ¡te amo con brazos mutilados! y en otras sombras que bajan abrazando para enseñarme en la luz de las estrellas los caminos... No me olvides que hay un suspiro velando cada noche. Y si quieres que no sea, que el olvido me entierre, dale mis pensamientos, todos, aquellos que palpitan aún dentro del alma y no te asustes nunca, que sólo fui un vuelo de ruiseñor posándose en tu vida.

Elisa en: "Don Anselmo"
(Erste Jahre)



.La poesía es el arte de sentir  la vida  en su máxima expresión estando dentro de la propia, observando y sabiendo que estás en todas, porque eres su esencia, el Alma de un Todo. La poesía es transmutación, sólo imaginar que somos  para poder  hallarnos en miles de situaciones, pero sobre todo en una mirada ajena o una caricia. Sin los otros no somos nada a pesar del dolor o el amor que nos regalan y ellos tampoco lo serían; pero esto se olvida cuando no nos entienden esos otros. Y es fácil pensar cualquier cosa con tal de sentirse diferente, separado del  montón de leña en esta hoguera que se quema cada día como ofrenda y debemos saber, que en esa combustión estamos todos los que somos.
La Poesía es el tiempo expresado desde el corazón del ser humano que nunca sacia de sentirse en nosotros, mientras vamos dejando de ser. La poesía es Eternidad y necesitamos contar lo que la experiencia de paso nos sugiere. Nadie miente en poesía si tiene alma de poeta,  porque es el lenguaje del alma. Sólo cuando no ve lo que mira dice sin saber lo que no ha visto, no dándose cuenta de lo que es y será así siempre: Amor. Soma, alimento.

Los poetas  mueren cuando necesitan el aire que este lleva

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