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viernes, 14 de enero de 2011

Las palabras adecuadas


Pensamos que podemos enterrar la muerte con un verso, disfrazar la vejez con un poema, cuando todo es de la vida y esta incurre en la ilusión de hacernos pensar que puede ser modificado por la palabra adecuada dándonos motivos para ilusionarnos, cuando en realidad lo más seguro es que el musgo prefiere las piedras porque así ha sido siempre... Y no que le digan que es mullido o verde.


Es difícil la maceración del olvido porque este todo nuestro tan lleno de mareas, no nos rompe de una vez cuando nos tocan las cosas del alma, la entraña o el honor, pues la marea va despacio y nos reventará en cualquier momento. Y un verso iluso deletrea bellas palabras para que estemos tranquilos como si no pasara nada. Pero,   
tenemos que saber siempre que son ellos lo que son y que van con nuestros sentidos en el cielo, con nuestra ilusión transparente dándose tropezones contra la realidad; a veces insensata, crédula, miserablemente corta de luces pero anhelando que se nos llene la boca de frases hermosas o de metáforas maravillosas, pero con ellas alzamos simbólicamente una copa de ambrosía para bebernos la vida y tan contentos.


Que en una bella prosa hay un montón de faltas, pero no me refiero a las de la gramática, semántica y ortográficas que pueden descubrirnos como unos infelices juntadores de letras o escribidores, sino, como lo que realmente somos revestidos de tiempo y de frustraciones a pesar de tener mucho por qué estar felices, cuando son otros los que nos dañan, cuando es la vida la que se encara con 'nuestra ficha' para ver si la movemos antes o nos la pisan, consiguiendo empujar, sacarnos del cuadro antes de tiempo, ganando una simbólica partida al tiempo, pero en el convencimiento de que todo fuego es riesgo, que acá se está sólo para saber cómo conocernos en cada prueba, pero sabiendo 'jugar'.
...


No es el halago comedido y agradecido el que nos hace mejores o consigue hacernos superar en todo lo que no sabemos y tenemos que aprender; pero el nos produce una amplia sonrisa y enseñamos sin recato 'el pirsing' del ombligo o la soberbia bien trajeada de supuestos, quizá por temor de lo que no conocemos en los otros y nos figuramos distinto, extraño, no superable por ser mejor dándole el valor que se nos ocurra en este barrizal de supuestos inútiles, en el que todos sin excepción nos movemos por ser de lo mismo, barro o polvo humedecido de diferentes colores y sabores con la angustia de lágrimas. Esta es la verdad que no podemos discutir.


El tiempo nos traspasa en la genealogía del disparate cuando especulamos sobre los semejantes sin conocerlos. No puede ser más injusta 'la convicción humana' cuando no sabe como techar la lluvia sobre la propia realidad de nuestra estampa y allí, completamente empapados asistimos a la friolera de nuestra desnudez física, al abandono de ser lo que realmente somos frente a ellos, porque están seguros de que es así; pero detrás de todo lo que escondemos en una sonrisa que se nos va por las orejas, tras un poema de gargantilla y filigrana de oro o de una prosa que, como ésta, me aprisiona por el cuello cuando me sale del alma. P


 ¿Por qué nos convertirnos sin más en la ácida lluvia de un bosque acabando con todo lo hermosos que nos pertenece? ¿Somos caústicos sin darnos cuenta o unos convencidos por fin de que así debemos tratar a otros? No, es que temamos a lo desconocido y al por qué de todo lo que se expresa o cuenta y hasta se especula. Es que no somos acertados, talvez. 


No, no somos libres de llevar al costado o en la espalda el cántaro de ilusiones para ver, si la leche de la Osa Mayor nos da una nueva ganancia, pues ordeñando las estrellas conseguimos algún beneficio por tener algo parecido a un alma de poeta. 
No podemos ignorar que vamos desnudos ante lo que sí es realmente amenazador al ser humano en una sociedad como la nuestra; sobre todo por la fragilidad de una realidad física ante los elementos naturales. Entonces, ¿por qué tanta presunción o soberbia o por qué figurarnos que la hay en otros, si no han dado motivos para que así lo sea y se crea o presuma como  censurable?... ¿No es ya un tesoro saciarnos con lo que persiste y es dado por bueno y gratificante sin pedir más, supuesto el buen Dios sabe de nuestras necesidades?, ¿no es más loable llenarse de melancolías y llenarlas de aromas en primavera regalándolas, que estar expuestos e ilusa ignorancia y que ella se alimente de sueños pasando por alto que ya de por sí y por ser y estar en el mundo, somos el resultado de un milagro de la Vida?, ¿entonces por qué tanto desamor y odio o daño amoral a nuestro prójimo sin la palabra adecuada en cada momento, por qué les llevamos a un terreno dañino para que piensen lo que quieran y no lo que se debe y porque utilizamos el segundo disfraz según la ocasión?  


Esto es lo que realmente nos falla: ser auténticos y sobre todo prudentes. Hechos, realidades y allá cada ser lo que quiera pensar, porque algunos, sólo nos quedamos con el abrazo y la sonrisa. Creo realmente que es lo que cuenta, su comprensión o su amistad o ambas cosas.





Elisa
2011

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