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miércoles, 16 de febrero de 2011

En el interior de un anciano roble

 
Roble de cinco siglos (Castilla-León-2010) Santiago, Elisa y Esneda. (Troncos con retoño)

En el robledal:

En el interior de una grieta que dividía a un anciano roble de cinco  siglos, nos metimos los tres mientras el hijo mayor, mi biólogo, nos fotografiaba.
Desde su centro y sobre lo que aún le mantine en pie y por mucho tiempo, éramos en su interior huéspedes. Eso sí, le pedimos permiso para hacernos la foto, había que tratarlo con respeto. Era como estar dentro de un Todo. Allí dentro en el su vida estaba abrazando la  nuestra... Combustión, llama, brasa, carbón, ceniza, vida y cuando apaguemos la nuestra es seguro que el seguirá vivo y altivo, esperando tal vez dos o tres siglos más pues habían ejemplares  hermanos que le superaban. Unas autenticas reliquias que merecían nuestro amor, admiración y abrazo. Mereció la pena el paseo hasta los límites de León.

El día necesitaba de los brazos
para abrazar el alba, 
para hacerse a la vida 
estirando sus piernas en las noches, 
arropándose de estrellas.
Nosotros utilizamos brazos y manos
para alcanzar ese día las endrinas en sus ramas.
En el viejo y roto corazón  del roble aún latía la vida
y sus ramas frondosas y verdes
nos regalaban sombra de acogida.
Nuestras ideas eran como su tronco.
pertenecíamos a otro y me sentí raíz.
-El sabía como yo lo que pensaba.
Éramos como en su savia,  energía, elemento vivificador
más jóvenes que el, huéspedes a su cobijo;
algunos éramos mayores,
¡y ya éramos viejos!
el seguiría cuando dejáramos de ser.
¡Irrepetible regalo de la Naturaleza!


Elisa

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