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martes, 26 de marzo de 2013

Uno de los extremos


"Un deseo puede cambiar tu vida"
Esta mañana de alguna manera ocurrió... Estaban allí entre mis dedos unos cuantos pensamientos o viceversa. Yo y ellos. Así que se pusieron a teclear sin parar hasta que dejé de hacerlo o ellos me indicaron el final. Alguien tiraba del hilo y pude saber de uno de sus extremos. 
Aquí os lo dejo y la imagen que lo sugería era esa del mismo título que lleva al principio. 
Todo lo que sentía antes de ver la imagen era búsqueda de otra que unas horas antes se había quedado en mi retina.-¿En qué páginas me meto? - seguramente alguien me preguntaría por ello y no podría responder porque sé que si lo pregunta, es porque ya lo sabe. 

Si les digo la verdad, estoy en las de mí misma, mis páginas de vida que ya a mis años son recuerdos y repaso de lo que mi alma ha reciclado y de ello he aprendido. Algunas páginas serán siempre porque estos medios las facilitan y me ayudan por necesidad de mis poemas, las que debo visitar para asegurar mis pensamientos ciñéndome a la verdad de la lengua que utilizo y su métrica si las requiero; otras veces porque son la causa de lo que busco y con una sola palabra las hallo. La música como esta es mi conductora: 


Regresar a la raíz es saber por donde se camina y es algo que nadie puede olvidar a pesar de abrirse   trochas entre miles de ideas que abrimos delante nosotros en esa búsqueda. Pero qué búsqueda es la que en realidad puede llevarnos a 'la felicidad' (¿felicidad?). Sí, -podemos preguntarnos por ella cuando ya estamos allí- Según nuestra concepción personal del mundo que nos toca vivir a cada uno de nosotros por separado, será de la que dependemos según creamos en ella a nuestra manera y no como es, porque es posible que todo depende de los contenidos que hemos recibido a lo largo de nuestra existencia, pero también de esos otros que nos hemos traído con nosotros envueltos en nuestro propio 'cascarón'de difusas nieblas; y, ahora en éste mismo donde nos movemos y agitamos y somos dueños de nuestros hechos, testigos de esos otros que son propios del entorno que nos envuelve pues también interactuan con nosotros y por lo tanto son queridos. Son ellos y nosotros y nos necesitamos mutuamente por alguna razón que debe ser así y porque no podemos prescindir de los mismos. Son un hecho real. Estamos siempre dentro y fuera de nuestra mente sin ser del todo nosotros y debemos desaparecer por un instante para ser.

Las veredas nos convidan a todos, la corteza de todas los accidentes que hallamos en nuestro propio mundo no son freno porque siempre serán de su mismo cascarón que es nuestro, en el que picoteamos a diario para ver mas clara 'la luz' del otro lado que nos espera. De  cierta forma aún nos nos pega a la tierra de este planeta con sus cruces por los caminos porque es posible que sepamos que todo es temporal y ello hace que nos recuperemos de todo lo que nos hunde moralmente. Hay que morir y todo acaba, es este el consuelo. Estamos siempre lejos y cerca de nosotros  por motivos circunstanciales a lo largo de la existencia, pero entre lo poco bueno está lo malo y más difícil de soportar pues no dejan de ser dolores que recibimos a diario y precisamente son los que nos plantean cómo resolver esos esos estados interiores. Unos, pegados a su labor; otros pegados a sus desencantos y alegrías buscadas o no, pero todos en su conjunto formando parte de las necesidades propias de la vida que los requiere según unas reglas o quién sabe qué código infranqueable que no permite que no se cambie su trayectoria o nuestra vida, por no saber hallar las claves de la misma, porque queramos o no todo ha de ser como estaba prescrito; estamos como pegados a una obligada realidad que desconocemos y que millones no se atreven ni a cuestionarse porque "si no es así no serian felices con lo poco que hay" (!), aunque siempre haya quien diga que "es así la existencia y que debemos aceptarla tal como se da y viene para cada cual y que no hay otra salida..."  ¡Pamplinas!, es lo que es en todas las religiones  conocidas siempre se dice y de lo que se valen los que las dirigen, siempre hay una respuesta para todo y una necesidad que nos obliga a sustentar la suya. Todo es más o menos así para todos. Es necesario apaciguar a los tardos de pensamiento o acelerados. Hay que disciplinar la existencia para que no nos disparemos y convertidos en verdaderas armas y seamos un peligro para el resto haciendo mucho daño. Los que aguantamos la existencia estamos al otro lado del extremo.
Desenvolverse en los elementos que nos rodean y entender la existencia es como una ecuación matemática y es lo más seguro que podemos pensar, por salir al paso de lo desconocido con cierta sensatez. Yo, fui mala para las matemáticas pero conseguía con lágrimas superarlas, sin embargo medito mucho mi existencia y busco un equilibrio cada día porque vivir es parte de su ciencia para mantenerse erguido sobre el mundo y reflexionar sobre ello. Las rachas de viento son constantes y no me gusta que me empujen a hacer o pensar lo que no debo y sí lo que considero propio de mis necesidades del hoy. Si lo pienso así es porque estoy de acuerdo con el aire que respiro de ello porque me lo pide el cuerpo sólido y el alma lo necesita, aún tiene sed del mundo. Consolidar esos puntos de encuentros en la Vida es un éxito que consigue nuestra búsqueda y una forma de trascender espiritualmente, liberándonos de lo que nos aqueja del mismo sistema en que estamos, el mundo que  no nos gusta tal como se presenta y lo hacen sus gobiernos, pero haciendo lo preciso que se nos pide, porque la Vida es también la de esos otros semejantes y a través de la misma nos resolvemos en su compañía y es muy difícil dar en el clavo cuando nos están empujando y menos,  clavarlo si consiguen que nos aplastemos los dedos mientras los demás se mueven fuera de nuestro control. 
Caminar hacia una sola realidad cuando somos creyentes de una verdad donde su raíz es el Amor, supone hacer funanbulismo en soledad y es como parte de una misma prueba que de diferente forma ya se ha pasado antes por ella. Sí, créanme que es así de cierto y sino, pues no pasa nada; por lo difícil que se revuelve todo ante lo más sencillo o ante lo desconocido que podemos hallar por el camino, incluso por nuestra falta de cuidado. Pero consideramos que es así en un momento de la propia vida porque hemos de pasar por millones de experiencias y una sola no es suficiente. Siempre desnudos ante los que miran abajo o arriba... -¡qué más da!- Pero están allí de espectadores o de convidados, quieren saber, aprender lo que no saben ni porqué han llegado al corro de gente, ¡pero están viendo lo que pasa! Quizá no sea tanto así y estén porque ya estaban llamados en determinado momento de sus individuales realidades y algo van a resolver con sólo ver o, abriendo todos sus sentidos a algo que ya está determinado para que lo capten. Y así estamos esos miles de millones de seres intentando llegar... (¿DÓNDE,CARAJO, DÓNDE?- se preguntan los que menos aguantan.) Todos sin excepción llegado el momento lo sabremos, ¡por favor no nos empujemos que no todos llevamos la razón, eso es seguro, tan sólo un aparte ínfima de la misma! ¿Por qué no estamos uniendo los pedazos para ver si están las fichas completas y por fin armar el cuadro? ¡ Ni caso!

Es posible que un insecto o un ave se cruce en el camino cambiando la dirección de nuestra realidad o, una simple tangible  racha de realidad pase de improviso haciéndonos tambalear desviándonos de lo que nos hemos propuesto. Hay siempre una oscilación aviesa o no, un inhóspito movimiento de los sentimientos que nos aceleran el corazón y desarropan el alma, pero también lo contrario y quien lo sabe o percibe ya conoce lo que pasa o puede pasarle y no hace nada por cambiar esa trayectoria... ¡Pero hay que seguir porque nos espera una respuesta que aún desconocemos en esa transición y, como "Alicia en el País de las Maravillas", no perdernos de vista al 'conejo blanco', ¡es tan inmenso el jardín y hay puertas que a veces no vemos! Y ellas son como las muchas estaciones a las que no se sabe porqué se llega aunque se tenga el pasaje en la mano y un número; puede que sea el de un Salmo que no leímos a tiempo, por eso nadie nos espera.

 (Es sólo un ejemplo).
 Apegarse a la Vida es apegarse a un bello sueño de amor cuando lo descubrimos, aunque nos parezca incoherente tal dependencia y no es tan difícil dilucidarla aunque la tendencia sea negarla todas las veces con nuestras malas acciones a creer que algo así existe porque somos unos privilegiados, pero no hacemos nada por los que están en ella y no lo sienten de igual forma. Todo el tema consiste en depender como es lógico de la escasa carne que debemos defender del mundo, frágil y trémula ante lo desconocido y que está allí como cebo en una caña de pescador. La pregunta sería: ¿Quién pesca y nos pone como cebo?... No podemos dar tanta importancia a lo que caduca y sirve de alimento  a otros seres vivos con más suerte y sí sólo a lo que hacemos con ella, cuando aún estamos en la vida propia siendo partícipes de su necesaria dependencia o bocado apetitoso de otro depredador más grande o poderoso. Entonces, ¿cómo aprenderíamos dentro de las fauces de otro ser vivo teniendo oportunidad de seguir en el mundo, liberándonos?

Y siempre caminando como si formáramos parte de una alegoría y no sabemos aún cómo estamos, dónde y cuándo veremos la otra luz que buscamos y nos resuelve de todo cuanto somos aún; es tan cierto y real para sentirnos fuera del martirio de pensar qué es lo mejor o, cómo hacerlo bien o perfecto para no caer al vacío de la inconstancia o el desaliento, si aún no se llega al otro lado ¿y el funambulista insiste en terminar su recorrido?; porque, no llegar al otro lado sin nada resuelto es volver a recorrer el mismo camino sin ventajas si nos desnudamos de la fe. La razón de ser en nosotros mismos es ella como futuro y sólo una consecuencia más de la Vida y dependencia necesaria de quien la ilumina por alguna razón a partir de lo que  percibimos o, ¿hace que percibamos?  Sinceramente es sólo es parte de uno de los extremos. Es posible que  alguno de quienes me leen estén asidos al otro, no necesariamente el mismo que tengo, pero siempre será el más seguro cuando ya se ha pasado por algunos problemas y hay que agarrarse a algo.


A. Elisa Lattke V

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