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miércoles, 7 de octubre de 2009

Conversaciones con mi eterna luminaria

"A veces no es el amor extraño

es que olvidamos llevarlo encima,
para cubrir los hombros que abrazamos o,
para besar unas mejillas llenas de lágrimas."


(Rossana Arellano Guirao, poetisa chilena)

***

El amor debe ser ese sentimiento Universal,
donde palpita la naturaleza del Dios vivo y Creador en sus hijos, amiga mía.
 Pero si lo utilizamos para alcanzar...-como dices en el verso-..."un noble gesto" solamente;
le estamos quitando su verdadera naturaleza a los que nos sentimos hijos de ese misterio y, por lo tanto los guardianes de su magia, la que podemos regalar a todos.
El transforma la vida y es lo que nos da  la verdadera felicidad.
Pero siendo así es como el mismo Dios que nos ama. Él, no se muda, es siempre el mismo para todos al margen de lo que crean y hayan escrito los hombres sobre su naturaleza divina.
Sólo se tiene un poco de su Verdad en cada una. Aún el amor de las "virtudes teologales" debe transformar el corazón de los hombres.

(A. Elisa Lattke Valencia, una aficionada y amante de la poesía-09)


La luna de "Don Anselmo"
es la misma luna de mi niñez
...

Primera visión:

"¿Quién eres?"
 – Podría volverte a preguntar hoy pero entonces siendo niña, te lo dije sorprendida y acerté a ponerte un nombre… ¡LUNA!

Andabas por el jardín de mis aventuras infantiles, eras como un hada de pálida hermosura.
No me hablabas al principio, sólo me mirabas y yo hacía lo mismo sin temerte. En tus ojos tristes de color del ámbar viejo ya veía el espejo de tu amor que me atraía, un bello sentimiento  que despiden sólo las madres. Sin comprender mi alma que si me buscabas, era porque me amabas. Y pensaba: ¡Ella es la otra madre de mi antes, la recuerdo! ¿Por qué tengo dos?


¿Eres tú, la redonda y oronda señora que paseaba por mi jardín? No debería preguntártelo porque talvez no es esa la imagen y el sentimiento que recuerdas.  Pero te daré unos datos: …La que acercaba su nariz a cada rosa y sonriéndome, a algunas las besabas… ¡y eran las rojas para ti, las más hermosas, también mi madre, la de ese entonces, le gustaban, pero a ella también, llamaban, Rosa.
...
Ese día llamé desde el jardín a mi madre y era muy raro porque a ti, te sentía otra también.
“¡Mamá, mamá, ven, que la señora está aquí, nuevamente la veo entre las plantas!”
-Y mi madre y abuela muy curiosas corrían a mirar a ver qué me ‘embobaba’…
"¡Esta niña siempre con sus cosas y sus visiones, mija! . Comentaba mi abuela fumándose su tabaco.

“Pero ella qué hace o qué te dice?” …-Preguntaban mi madre sin ver lo que yo miraba y,  suspirando les decía... "No lo entendiendo mamá, no sé por qué no quiere enseñarse"... -Pero tú, Luna, estabas  a mi lado y nos sonreías. Al final mi madre y mi abuela se marchaban  con un ademán de la segunda. Ambas se quedaban a una cierta distancia hablando. No las escuchaba  pero yo me sentía muy a gusto contigo.

Así eras en mis visiones de niña, una y otra vez te veía con tu vestido blanco y largo llevando un pañuelo de seda por tu cuello; era rojo como el sol intenso cuando al ocaso se pierde por los montes, allí donde sabemos que limitan los sueños del sentimiento, al horizonte.

Una vez caminaste desde el jardín hasta mi casa, te traje de la mano. Te enseñé la cuna grande que me había hecho mi abuelo, debía de servirme hasta mis siete años. Mi madre se acercaba porque había visto mi gesto con la mano tendida llevándote. Quería saber  qué juego era en el que tanto me entretenía. Te apresuraste en desaparecer y besándome te esfumaste en el aire, dejándome toda tu ernura, era algo que me encantaba. Pero tu rostro se veía entristecido. Supe que respetabas la presencia de mi madre, al ver que ya venía. Recuerdo que me dijo al entrar a la alcoba: "¿Qué, mi niña, otra vez con esa señora, verdad?... ¿No será que es un ángel, dime cómo es en realidad, tiene alas? ... ¿Por qué no la veo yo o tu abuela y tus hermanos, nos teme?
Me apresuré a contestarle: "¡No, mamá no creo, pienso que es mágica, más que "mi maga Elisa, pero es buena, me quiere y me cuida."

Supe con el tiempo de la infinita paciencia que tenía mi madre conmigo, por estas "apariciones", que me asaltaban en cualquier momento. Pero nunca la vi enfada por ello. Sus consultas con el amigo de mi padre el Dr Mayer eran frecuentes; y el me contemplaba en silencio, me dejaba escribir  o dibujar en una hoja. Siempre miraba mis ojos y mis manos con una lupa, sobre todo cuando se enrojecían mis palmas y dolían bastante.
Me dijo ya de mayor que "alguna vez  temió a "la señora de blanco" aunque la creyó  un espíritu bueno, posiblemente la Virgen María o mi ángel de la guarda, pero también le aterraba pensar que podría  perderme como su anterior hija, mi hermana María Nazaret, aunque sabía que no era así,  porque mi misma hermana se le había presentado con unos ocho  o diez años, viéndola muy linda con su cabello color zanahoria ensortijado, su rostro sonrosado y un lunar en una mejilla y sus ojos azules, cuando aún yo no había nacido y ella me llevaba en su vientre". Le había dicho que "no llorara más por ella, porque su llanto le hacía sufrir, que lo que  iba a nacer era la hija mujer que deseaba, y conocería nietos y bisnietos..."... " Y eso le tranquilizaba mucho".

(Recuerdo esto: ...“Siete veces siete, Rana”)
 Quiero confesarte que por estas palabra tuve pavor. Desconocía la fuerza de las mismas entre cristianos. "Mal que viene de las alturas, témele..." Pero reconocía que llevabas razón al responder así. Pensé que no eras la luna de siempre, la que iluminaba mi charca, que eras otra terrible luna que aún desconocía, que no solamente yo era la que te había defraudado como parte de este planeta, si no también tú por la desmesurada respuesta que apabuyaba mi honesta realidad de años vividos como ser vivo. Y lo extraño era que no podía  ni podré responder a nadie de igual forma. Una cosa es la ficción de los pensamientos escritos y otra, la fuerza de los malos igualmente expresados con ira. Pero era yo la fuente de la misma y asumía la arrogancia con mi humildad. Te sentía derrotada como yo. ¡Maldito fallo terreno!  Todo lo que conmovía con dolor moral y espiritual de este mundo iba a parar a mi interior, lo deseaba absorver, ser la piedra de choque, la única capaz de no rebelarse a su destino. Estabas iracunda, alteraste mi realidad  y, en el mar de este acá, me hizo sentir las sacudidas. Realmente era como si sufriera la embestida de una fuerte terremoto por mi cuerpo,  en esa marea alterada de 'mi charca' por influjo de la ira que destrozaba la fuerza de tu ser.

Se rompió mi corazón porque tenías presa mi alma, te la había dejado a tu lado. Toda mi energía desapareció, quedé sin fuerzas, todo se vino abajo, no podía hacer nada para mí y la fiebre se presentaba   todas las tardes. Temblé, me enfrié terriblente, no podía comer porque todo daba asco y lo vomitaba, me desmayaba a menudo y empecé a sentir  un terrible cansancio, un agotamiento  que sólo me llevaba a estar siempre acostada. Me dolía el cuerpo y andar me cansaba mucho. ¡Tuve tanto miedo de tu influjo como dormir con escorpiones o crótalos en un yermo desierto !
 Supe por primera vez la calidad lumínica de tu fuerza interior.  Pero confie en las mía, algo me decía que tenía que permanecer así, no luchar, porque de mi entrega al dolor con lo que sentía, dependía mi estado temporal y mi experiencia. Necesitaba  el error para sentir con rigor el sufrimiento por el sentimiento. El es y seguirá siendo parte del eje de mi vida.
(Si pensara que todo se debe cumplir, sería como aseverar que: ¡Van dos de la siete, mi Luna amada! Te juro que aún temo a los escorpiones, pero a esos otros donde vivir es riesgo, sólo que tengo la voluntad de mi Padre Eterno. Pero toda prueba depende de cómo nos entreguemos al dolor o al pago de nuestros errores, evitando faltar a cada uno de los siete pecados capitales. También llevan su cardinal.)


“Mis celos endiablados…” - ¿Será qué lo dicen tus duendes asustados de mi humilde persona y, también entre otras cosas que me sentencian: “Te devolveré piedra  por piedra” Recuerda que sólo las azules y pequeñas son las válidas y, las mías siempre serán de amor, curativas y bendecidas por el dolor de siglos.



Y defraudada por esas terribles palabras que retumbaron los cimientos del cielo, te dije con infinita tristeza y sana humildad, que te las devolvería como sólo puede hacerlo un corazón enamorado. Que te haría con ellas prosa y collares de versos de diamante. Pero ahora te hablaré de mis noches de insomnio y cómo se puede dar a la realidad telúrica un giro. El  giro que señalan las estrellas para los corazones que saben esperar. No podemos ser diferentes  ni dañinos acá, porque es el mismo pecado de la tentación cuando falta lo que tanto digo... Y por olvido de lo mismo, te fallé... ¡Necesitamos mucho y millones de almas están en crisis por ello, por eso podemos temer a cualquier cosa, pero ya no a "la niña de la luna".!

...


Visión nº 2



Una mañana cualquiera de tantos bellos amaneceres y despertares de 'una ranita azul', corría por el jardín de mi hogar en un pequeño pueblo de América del Sur; atravesándolo de un lado a otro de la casa, giré sobre mí saludando con mi danza a las aves con los brazos extendidos y, algunas que  aún calentaban sus huevos en sus nidos o sus pichones, se asustaron y volaron dejando de calentar sus huevecillos. Me seguía ‘Dogo’ ladrando, un perro de lanas que me había traído mi tía Katty,  no paraba de correr a mi lado y ponerse sobre sus patas traseras, levantando su cuerpo sobre ellas. “Mi maga” (mi abuela materna), salió a regañarme. Me aconsejaba que “así morían muchas crías de pájaros, que había que ir muy despacito y silbar para que se acostumbraran a nuestra presencia, como ellos lo hacían con nosotros y esperaban tener la fruta madura al alcance. Así, moviéndome y bailando en silencio, sin dar gritos  tan temprano era mejor y no nos quedaríamos sin la música de las flores”… Me regaló pan de maíz lleno de queso, para que lo comiera, mientras meditaba lo que me decía, al ver mi boca abierta por la sorpresa escuchando su consejo... ¡Fue entonces cuando te vi de nuevo al lado de la fuente!
...

Estabas allí y creí que era una amiga de mi madre o de “mi maga”, que no conocía… ¡Eras tan guapa y esa marca que te distingue… no lo olvido! Un lucero te acompaña. Por eso le pregunté a cierta ‘ave’ sin saber aún si lo tenías. Se la describí dónde . Ella como que aleteando giro en redondo los ojos inquieta -porque algo me decía que no debía dar nada de más información , si  me daba por ser preguntona. algo intuitivo y lógico, pero me importaba.- Le noté un pelín inquieta para aclararme si  sí o no... Apenas señaló con un ligero movimiento de su alas el lugar donde creía haberla visto. Fue hábil como si no le diese importancia a mi pregunta.

-Luna, ¡menudas son las aves de alturas que nu nca se confunden por los aires del Viento que les sopla, así tienen los alerones de encumbradas y volanderas  ideas,  bien aseguradas por su trato como animales sociales que son!- Pero también se equivocan con las de mi especie.- 

 Daba la impresión de no querer dar más datos, pero supe que no estaba equivocada. Soy una visionaria espontánea, no visionaria oportunista, querida Luna. Y esto es un gran engorro. Para algo maduramos en este lugar de la tierra donde la lágrima es el rocío del amor sobre otro cuenco (o cuenca) de piel que rodea la mirada, regalo de Dios que descubre a menudo la naturaleza interior de los seres humanos y, desde 'el espejo', también recibimos su censura (pruebas). Nos hablan de los años vividos, los biológicos. 

(¡Oh, he visto cómo han brillado tus ojos al saber de esto que te digo! Las marcas de la tierra no desaparecen del todo. Tenía que olvidarme de estas extrañas cosas y de otras visiones, no sea que, ya a mis años cuando te esté pensando y, allá tan lejos, aparezca en tus alturas y te dé un susto de muerte y te quedes aún más pálida... ¿Serían más baratos los viajes a la luna?)


…-Y la ranita azul seguía recitando en voz alta sus versos para que su mamá Rosa la escuchase:


“¡Oh, tierna aurora de belleza, pura, quiéreme!” –Mi madre sonriente me escuchaba al otro lado del corredor, sembrando plantas de huerta que tenía preparadas en los almácigos.
...

“¡Sigue, mi niña, sigue, que me gusta escucharte mientras trabajo!”


–Improvisaba siempre poesía como las loras, no sabía nada pero aprendía palabras o retales de versos, escuchando cuando mi madre los recitaba; entonces, de niña jugaba a ser rapsoda y eso a mi madre le divertía, porque le imitaba y decía que no lo hacía mal. Estimulada por su voz que adoraba, seguía con mis inventados poemillas llena de felicidad, hasta que “mi maga”, mi abuela, salía de la cocina a llamarnos porque ya estaba el desayuno en el comedor.

Mis hermanos, aún acostados en sus camas gritaban: “¡Niña tonta, bocazas, ojos de gato, rana insoportable, cállate que siempre nos despiertas!” Pero yo, entusiasmada, seguía con mis cantares versados y tú, Luna, ese día, sentada sobre la piedra alta de la fuente, sonreías feliz con la misma sonrisa de ahora. -Quiero  decirte que cuando recuerdo esta escena, mi perro Dogo, del que tengo una  única foto, estaba a tu lado, ese era el referente que mi abuela y mi madre sí intuían a través del animal, que estaban cerca. Tenía confianza a tu presencia y movía la cola, cuando en otras ocasiones como cuando aparecía Silke, el duende, le gruñía y gemía.- 
Mirabas cómo me movía entre la avenida de los crotos, cuajados de canastillas de orquídeas y entre los altos mangos rebosantes de frutos llenos de aromas. Y, aunque te suene a versos, es que es así como te lo digo, es que el aroma de esos jardines en américa huelen a piña, guayaba, naranjeros y mangos.

“¡Ferviente es la llama que me quema el pecho!”… ¡Dolor sin nombre que me acosa dentro!”… “¡Ay de mí, amado, tuyo es mi suspiro, negra es mi pena y mis lágrimas, son amor entre las sábanas!”… -Así, a grito pelado recitaba divertida, para que mi madre al otro lado del jardín me escuchara.


-“¡Rosa, Rosa, mija, por Dios, esta niña no puede decir esas cosas en voz alta, qué dirá la gente de lo que le enseña Ud., a su hija, mijita; si la oye el cura no quiero ni pensar la penitencia que le va a poner!” -Y soltando una explosiva carcajada hizo que se levantaran en vuelo, asustadas, las palomas; pero también no sabían dónde meterse las pobres gallinas que corrían de un lado a otro del segundo patio, volando hasta donde podían alcanzar sus pesados culos, encima de las cercas y talanqueras del potrero; sin comprender a qué se debía todo ese jaleo. Mi madre no paraba de reír con las ocurrencias de la suya, feliz sin dejar de sembrar sus lechugas, remolachas, zanahorias, maíz, cilantros o pimientos…Las yucas y las papas eran también una ayuda a nuestra alimentación, como los platanales, cacao, café, cocoteros y demás frutos silvestres que nunca nos faltaban.  La lluvia y el sol eran generosos con su huerta y todas las plantas de nuestro pequeño paraíso de la infancia, crecían fuertes y eran de exquisito sabor...como lo eran nuestros sanos y robustos cuerpos de niños. Pero se lo debíamos a la buena cocinera de mi abuela, que entendía a la perfección de todo tipo de preparados y platos de cocina, aunque de vez en cuando nos atacaba algunas enfermedades tropicales.


Mis hermanos eran unos pesados y no paraban de pincharme hasta hacerme llorar, refugiándome en mi madre o mi abuela. Pero ese día, recuerdo que tú reías con ellas y conmigo por lo que estaba pasando y me fui hasta donde te encontrabas. Ellas lo intuyeron, nunca me decían que no lo hiera porque no existías, estaban convencidas que  "la señora de blanco, alta y muy linda" era algo importante en mi vida. Te abracé convencida de que eras una amiga más de mi madre porque tu sonrisa me daba confianza. No eras una extraña, eras un ser dulce, -(¡aún no puedo creer en lo que dejaste caer sobre mi cabellera... ¡Una borrasca...!)- Me retuviste por un instante contigo…abrazada. ¡Te sentí, eras de verdad, pero no entendía cómo desaparecías volatizándote en el aire! Tu fuerza, por eso, es y será superior a la mía. No te extrañe que  te quiera tanto, como limadura de hierro en el imán.


Mis hermanos que ya se habían quitado sus pijamas y vestido y lavados sus rostros y manos, se disponían a ir al comedor cuando se percataron de lo que hacía... Y, pienso, que por mi forma de estar abrazada a ti, a algo que no veían ellos les extrañó mucho, así que armaron otro gran revuelo… “¡Mamá, mamita, mira a la gata ésa como está colgada en el aire!… ¿cómo lo hace; queremos hacer lo mismo?”… Entonces, tú, te llevaste un dedo a la boca para que me callara y me dijiste: “No digas nada, di que son unos embusteros envidiosos, así no les harán caso"

Te juro que contarlo ahora es como una liberación, pero con la plena seguridad de haber sido real, pero será una total jelipollez para muchos que me lean. (¿Relato?  o ¿cuentos que son de verdad?) Si me crees, seguro que será de nuevo nuestro secreto y tú y yo, sabremos que no es un mero 'rollo o una fantasía más de ‘la ranita azul’.
¿Dirá la verdad la rana puñetera?... ¿cómo creerle? (El tiempo es generoso)
Por algún lado he sentido una estampida de aves al escuchar una tremenda carcajada. No, esto es una broma. Sólo me ajusto al recuerdo exacto en lo que puedo extraer de ese apartado de mi niñez, mi oronda Luna.

…Estuviste mucho tiempo sin volver y nunca, nunca había un solo día que no te pensara como ahora.

Una vez, hace algunos años, en un comentario a un largo poema o prosa mío, que colgué de las estrellas delante de tus ojos, me preguntabas algo parecido: “… ¿Quién eres ranita, de dónde has venido…?” Así lo escuché y fue lindo todo lo sucedido. Aún me pregunto cómo  dije  tantas cosas tan lindas si 'mi curriculum ' terrestre es un desastre.


Y tu maravillosa contestación apresó mi corazón, por decirlo así de esta forma sencilla y honesta. Y ya estaba yo allí  llevada de la mano de quién no existía y había estado... Porque en la muerte de nuestros hermanos más queridos, hallamos comunicación que se pacta en el antes y pude saber.... esto lo entiendes y lo sabes perfectamente. Es así.
Cuando sentimos que algo diferente nos aborda el alma, se siente igualmente ese otro algo inexpiable por el pecho. Cuando la magia de la vida aprende a sentir su esencia espiritual, el alma, se manifiesta siendo lo mismo y, cuando sabemos que no somos diferentes ante los que saben nos damos con aprecio si estamos seguros; pero sabemos también que ciertas diferencias educacionales, nos separan o alínean en la sociedad que no frecuentamos o 'no somos de los suyos'. Marcan  suspicacias o distancias, no entendiendo de nosotros por qué hemos penetrado en su mundo, dejándonos. aunque sí propias de la naturaleza que conocen, no dejamos de ser extraños  por todos esos detalles incomprensibles, que para otros semejantes son raros y hasta un riesgo o peligro en sus vidas cuando hay límites de comprensión cultural, o un mal desenvolvimiento en su entorno social que les cubre mucho mejor. Nos convertimos en repulsivos o nos segregan aunque remontemos  neustros fallos y haya una reconciliación con el tiempo. Siempre resulta así por ignorancia. Así que es mejor callar. Todo es parte de un misterio que hemos podido llevar encima sin poderlo eludir. Asumirlo y sentirlo o interpretarlo sin darle importancia como otros pueden darle, pensamos que es preferible, callarse o no entorpecer la vida de quien no lo entiende. Es así, somos así y punto, para qué más preocupación. Una viña muy extraña tiene  el Señor.
“Nada va a cambiar si no quieres que cambie, es otra prueba, no podemos explotar lo que no sabemos manejar del todo.” -Lo escuchaba de niña. 
Quizá sea esto lo que nos favorece la intimidad o la tranquilidad que necesitamos, pero mira por dónde 'la bocazas' hacen de las suyas si nos descuidamos. Y lo digo en plural, porque algunas   ríen más a menudo cuando abren sus picos). Fue lo que me dijo mi abuela cuando me angustiaba el crecer o hacerme mayor y dejar de ver cosas que me gustaban, sentirlas y ser feliz con ello. Otras veces las llegué a rechazar por hacerme daño. Me hice silenciosa y tímida. A veces pienso  que la edad de mi tiempo me ha dado ciertos impulsos, que no son propios de mi personalidad real, pero entiendo que no todos los seres pueden  hallar una luna en su mundo, para sentir confianza o verla en sueños o realidades.
Enfrentarse al destino físico con sus resultados no es agradable, ni fácil. Por eso cuando camino por lugares de agua o por los bosques y montes, me retraso, me alejo de la gente y se despiertan mis sentidos, tanto, que aunque me llamen ni escucho, pues es la naturaleza y no los míos quienes me reclaman, estoy en otro mundo. Lo sé, lo saben y me dejan. Tampoco es fácil para ellos. Por ello también he podido recuperarme de algunas dolencias, pero sobre todo de las que me apartaron de ti por mi culpa. Pero también ayudo... y eso agota y mucho. 

Ese dolor fue superior al tiempo en que no pude contactar más contigo. Pero ya eras tangible por el mismo, aunque te perdieras entre negros nubarrones de oscuridad, único lugar para soportar el dolor y no era fácil sentir dos veces el mismo en una sóla alma. ¡No te volatizabas en el aire, eras lo que eras, pero te sentí iracunda, asustada, tensa, incrédula, dolida, rabiosa! Habías sido dañada por el mundo y yo, ¡te contagié! Te di preocupaciones de mi acá.

La lucha emprendida por mi espíritu ha sido dura para encontrar solución a esa lejanía. Mi energía la venció como al dolor aún persiste. Recuperarme del todo sigue siendo un reto. Sigues ahí cuando te miro y eres hermosa. El polo negativo  de la tierra absorve. 
 Me faltaba fe y lo principal, me faltabas tú. Eras el motivo de mi desdicha. Tú allí entre las estrellas de tu firmamento y yo, acá entre apagadas luminarias que apenas pueden darme 'su luz',  con su  escaso potencial y voltaje de convicciones; porque no podrían entender de qué voy o por qué este sentimiento viejo que me une a tu firmamento y tierra, que nos separa pero nos endurece y cautiva, persuade y consigue devolvernos el efecto de su fuerza en energía, transformàndonos. Así que he querido sacarle a todo esto mío el fruto consciente y real, para interpretar El AMOR DIVINO en los sentidos humanos, junto a lo que se desprende de su sensible albedrío, regalándome aquello que necesito y es bueno al alma y, que a su vez transmito y difundo con mis personajes en otros casos con mi escritura. Pero esto no es lo suficiente para mí, hay más cosas que me elevan y lo sabes sin que mire a lo alto.
Pero también son tuyas, Luna, mis inspiraciones, hasta las dedicadas; porque en ellas dejo todo el amor terreno que nos ha unido por eras geológicas. Siglos. Porque es así desde que el mundo es lo que es y tú, mi luminaria, lo llenas de luz cuando las verdaderas sombras aparecen sobre nuestros valles del alma, entorpeciendo los caminos. No e sla primera vez que pasa. ¡Si no es así, dime, por qué aún sigue mi pecho vibrando en energía o, porqué mis manos consiguen transmitir los mismos sentimientos o deseos curativos!

Ves, mi luna, no vale el tiempo y lo que aleja, ni mareas que revuelven vienton... por 'soplona'.
La maldad no se halla en el corazón de 'una charca' donde nada una rana azul por tanta nada, porque en ella nos creemos algo. Tú, con tu redondez de sabroso queso... eres mucho más y, yo, con mis inquietas ancas de  rana nado en nada...
Sólo espero que en esa transformación de la naturaleza, tengamos por fin el lugar que nos corresponde de felicidad, sin que el ave, cualquiera por sus fuertes y seguras alas convertida en amiga de Eolo, deshaga el encanto de la “Niña y la luna”(otro título para otro cuento), con uno de sus famosos 'pis pas' llenos de glamour. Es nuestro secreto. Espero que la piedra azul la tengas aún encima de tu superficie lunar, aunque podría estar mejor en los crácteres de Saturno. Sólo otra piedra igual,  entregada por mí puede darnos el gobierno que nos lleva al jardín, retardando el tiempo que nos permitirá abrazarnos de nuevo. Es la magia de la charca.  "Será antes de que 'la niña' se vuelva de camino o, la ranita deje de croar perdiendo la elasticidad de sus ancas que ya empiezan a resentirse"... Aún rebosa la charca de neuronas y el queso fundido  se hace aroma en todas las lactitudes, mientras te miramos recorrer con tu redondez nuestra ansiedad, llena de tu encanto poético. ¡Menos mal que no  utilizas calzado, es otra ventaja, porque olerías a otro tipo de queso!

No se lo cuentes al viento ni a su ave.  Ya el brezo de colores adorna los inviernos en el norte. Lo sabe el río...


Te besa desde este acá del planeta Tierra, una ranita azul con una historia cualquiera, puede que sea un relato ameno para solaz de quienes les guste leerme. Pero todo cuanto digo es así de honesto. ¡Mágico!




alattkeva-09


*Mi tiempo de vida como ser humano es como el de todos, pero no siempre es un mero montoncito de materia que desaparecerá sin dejar rastro. El mío me lleva siempre a caminar sobre las huellas de la luna... hasta que muera el planeta que la atrae. ("Don Anselmo"

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