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miércoles, 14 de octubre de 2009

Lapidación

La grama verde por la que se aventura 'una rana azul' a dar saltitos, es un buen lugar para el descanso o los pasos que se inventa su autora para descubrir el paisaje, hablándose a sí misma, interiorizando realidades, descargando parte de lo que lleva y cae estrepitosamente en su corazón que termina por latir más de la cuenta.
 Es algo que por practicarlo a menudo, puedo darle una parte de mi ser  para la reflexión y la que sugiere otra inspiración más; ella es así en la honda que me atina y la suscita aunque venga de lo que más amo; porque la grama verde me recuerdan esos potreros interminables donde pastaba el ganado y solía correr y correr tomando en el viento el aliento que me faltaba, cuando las cosas que no me gustaban me hacían enmudecer, sorprender mi ingenuidad de niña y ella forma parte de mis agrestes recuerdos. 
Recordar todo, absolutamente todo del tiempo propio que concede la existencia por este mundo físico, es como llevar el peso de un gran equipaje encima de nosotros. Hay cosas dentro del mismo, que no nos gustaría dejar en cualquier lado y sólo son resúmenes de lo que sentimos, sólo es como echar a volar pensamientos con alas  cuando la necesidad de liberarlo no impide que pensemos y lloremos por ellos, porque son recalcitrantes y les cuesta marcharse de todo... Esperan, nos esperan... Es esa libertad que han perdido de poder huir de nosotros o escabullirse entre las ramas de los bosques y los montes cuando yo, 'una rana azul' los llevo dentro. Es la sutileza con la que un pensamiento aligera su cansancio de sentir la vida sobre los hombros y, ellos, son como  bandadas de ideas siempre dispuestas a inmigrar allá donde a la Vida se la llama  por lo que es: Amor.

...
Le tiraron palabras a la cara
sin distinción y con absoluto desprecio;
le llovieron los verbos conjugados
y los adjetivos calificativos.
No escatimaron adverbios comparativos
ni locuciones cuantificadoras.
Le regalaron poemas irónicos.
Pensaron que le habían dado una lección de 'gramática comparada'.
No contentos con lo dicho le restregaron el desamor
utilizando la Enciclopedia del Insulto,
sacudiéndose su "gramática parda" sin estilo.
Se mostraron vulgares, señalando al inocente.
Aprendido con saña para la ocasión,
creyeron que así había que desarmar y romper a quien creían su enemigo.
y creyeron necesario que... "aprendiera lecciones y modales".
Buscaron por todas partes el sexo de las palabras
para  demostrar su concupiscencia hasta en sus gestos.
Les molestaba que fuera un fenómeno diacrónico
que no podían comprender por sus resultados,
sus causas y correspondencia según las leyes
ni cuál era su proceso. Temían ser engañados.
Se ensañaron con todos  sus años vividos
y quisieron que su honor quedara en entredicho.
No podía ser o seguir siendo amigo.
No se creían sus argumentos, ni la disciplina infusa por su cuenta...
-¡Quién se la daba, de dónde venía, apenas había estudiado!
Ofendía e insultaba a sus observadores que no hallaban
la forma de pillarlo en un error y recurrían a su fe;
no era comprendido y creían que lo extraía todo robando a otros,
plagiando a sus autores, dañando y camuflando lo ajeno en sus textos;
no entendían cosas que sólo se llevan en el alma, pero lo señalaban.
En cambio, en quien se daban, se perdonaban las dudas maliciosas,
se admitían las sospechas y se brindaba por los éxitos.
Se creían, se aceptaban sin discutirlas o averiguarlos.

El era una víctima más de las envidias, los miedos, los temores.
Era la forma de aumentar las dudas, lapidando la auténtica inspiración
y le rompieron las ganas de vivir.

Enfermó de amor, sin odios siguió amando y escribiendo.
Sus lapidadores no estaban satisfechos con el resultado.
Al ver que no sangraba del todo, ni daba muestras de dolor,
comenzaron a ignorarlo, dejarla de lado. Era de olvido.
Entonces...
Recogieron todos sus asquerosos versos,  por si se movía su autor...
-Esperaron con ellos en la mano.
Fueron a tocarlo por si daba señales de vida
¡Pero allí sólo estaba un corazón de piedra en medio de la plaza!
No pudieron acabar con el Amor y la Verdad. Se había solidificado.
...
Avergonzados por ser amados,
fueron tirando sus irónicas armas de tanta vileza por el camino.
-¡Eran nauseabundas muestras de arrepentimiento!
Aprendieron a conocer lo que significaba la autenticidad
y una mirada de conmiseración en la ternura que se despertaba
al leer sus poemas; y que el sexo de los versos era cosa de sesera;
que el amor que sentía era una parte más de ese impulso.
Que se masturbaba con sus sueños.
¡Y que su estro les miraba sin entender nada!
Tenían las manos manchadas de absurdos temores
y sobre la realidad moribunda, desparramados, se desangraban los poemas
...
¡Era sólo un soñador, un ser mediocre, pero un poeta de tantos!


Ranita-09

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