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sábado, 27 de marzo de 2010

Tan sencillo como que te llamo...

I

No sé si te habrás dado cuenta
que llevo el hueso quebrantado
y la piel seca;
que ya no soy la misma que pedía
cuando el anhelo ha triturado el pensamiento.
Entonces, te miro y callo,
porque ya sólo resta permanecer en silencio y esperar.
Ya sabes que tu nombre me ha mordido las sienes cada noche.
Que me he encontrado algunas veces
jugando a escondidas con mi alma.
No quiero que me veas el insomne corazón que se repite,
con su tic tac de tiempo inexorable marcándome los días,
instaurado en sus redobles, haciéndome daño...
Distanciándome del mundo que no está a la altura de
mi yo interior...¡Y no es orgullo, es que me conozco!

II

Sé de qué está hecho este pellejo que viste ella,
con su hueso encarnado de código caduco,
pero me gusta por ahora, luego, ya veremos...
¡Te he intuido mirándome a oscuras,
te sentí en el borde de mis párpados, reflejada!
Eras lágrima y degustaba la sal desbordarse por mi boca,
como un mar de sensaciones, como un orgasmo de ideas;
te percibí en la trémula osadía de un deseo.
Sé que aunque viniese tantas veces
a este lugar de fango y supieras de mí, callarías.
...
-No te sientas culpable, no lo somos, somos vida.-
Sé, que aunque quisiese sentirte otras tantas veces
sería lo mismo, no somos dueños de nada acá y... sí.

III

Hoy, he intuido el temor que desprenden mis palabras
cuando deshilan la memoria de tus penas
y no pude tener el valor para afrontarlas.
¡Y estabas allí a oscuras esperándome!
...
Porque permaneces para el mundo a oscuras,
aunque conocemos el mismo encorajinado galope
que se abre camino entre sus brumas;
palabras huecas y promesas ciegas.

Ciegas, sordas, mudas.
Serán, ¿no lo has pensado?
-¡Tenemos terror!-
Y para saber de la Luz de cada cita
estos pobres corazones de badajo roto,
tan tercos como el mío, aún quieren sentir el sonido
pretencioso, no de campanas por sus vidas, si no de sirenas de barcos,
de mares abiertos y cielos despejados; de campos floridos y
valles entre montañas y ríos caudalosos.
Ver que la luz ámbar de tus faros aún me espera...
y que tu pecho es puerto y paseo marítimo, tus brazos.

IV

¡Oh, qué terrible desgracia ser lo que no puedo
en la mística implacable de escucharle a Él con fe colérica,
nada menos que a Él en este inconsolable claustro,
donde me recuerda mi miserable realidad de paso!



¡Sí, a ese Dios de Amor que nos abraza!
Déjame al menos este simbolismo,
tan nuestro que nos mata los insectos del vientre,
déjame que pronuncie la dulzura de tu nombre
y acogerme al muro de tu silencio;
déjame que piense que es así con los brazos laxos
por temor a ofenderte, así...
Para que cuando seas algo tangible
sepa apoyar mi cabeza entre tus sueños;
donde mi mano deje una petición entre las grietas de ese muro,
donde pueda persignarme cristianamente, trazando mi sosiego,
tan sencillo como que te llamo cada día.
Déjame ver si entre esas grietas
han empezado a anidar este invierno las aves que te cantan,
entonces, amor, sólo entonces, me sentirás lo mismo, callada;
y sabrás que por fin no estaré para decirte que... ¡te quiero!
Habré abandonado este miserable hueso con su piel
oxidada y reseca,
tan sencillo como que te llamo cada día para amarte,
pero ya será para decirte que no vuelvo.

¡Mírame entonces, para ver si mis brazos laxos osan abrazarte;
mírame entonces, porque te besaré la boca
y no podrás decir que no... en esta despedida!



A. Elisa Lattke V.
-sep-08

_________________
Me doy cuenta que la lejanía consiste en alejarte de ti misma, para poder saber que estabas allí esperándote de nuevo.
*alattkeva.-09

2 comentarios:

  1. Sera posible que no me conozcas,
    y que sigas hablando a la luna,
    olvidandote que estoy a tu lado,
    esperando un gesto de amor,
    podran pasar mil eternidades
    y tu divagando ensoñaciones,
    y yo perdido en la desilusión
    oh, amor mio, extiende la mano,
    y sentiras latir a mi corazón,
    confiadamente abrete toda entera,
    y te entregare el caliz del amor eterno...

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  2. Si los versos fueran pan
    y yo, musulmán hambriento
    juro morir muy contento
    no probando ni faisán.
    Se agradece vital vianda
    que nutre la charca interna,
    no me hace falta linterna
    para entender veneranda.
    Pero la luna que elijo
    remisa como un lucero;
    sólo asoma por alero
    para dar su regocijo.
    Pobre luna que me tiene
    de manceba de sus fuentes;
    debiera dar alicientes
    con un favor que no frene. :-D


    De la Ranita
    ¡Gracias!

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