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sábado, 27 de marzo de 2010

Tiempo de luz

     
Existe un tiempo roedor de la vigilia para presas fáciles, consumiendo sus segundos. La vida es como un texto de la creación, como los renglones del universo, como frases o versos que dan movimiento a las estrofas y se convierte en un poema. Lectura para el alma.

A veces sentimos cómo nos suena el Big Bang de nuestro propio universo y hay sonidos aciagos; otros, alegres y esta historia o cualquier otra en un texto escrita. Nos agota y consume, se hace mar donde la tierra nos detiene para dejarse arrullar, besar, succionar y lamer por las lenguas de de olas de nuestros pensamientos. Un punto de placer nos frena cuando sabemos como sienten sus bahías; como espera y brama y ensordece su deseo al apagarse el nuestro. Satisfechas. Podría ser lo contrario, pero entonces estaríamos en el otro lado, la otra orilla sin camino de retorno, con la sal al cuello. 

¡Ay, aún somos vida y más elementos, cruce de tierra y agua!
Todo empieza allí donde termina la tierra, en medio de las piernas de la vida. Dicen que "la impureza es el presente de Dios y que sólo la poesía es pura, que sus acciones imitan un verso en otros cuerpos tangibles, y son irrepetibles e únicas, pero que la torpeza del autor las llena de impurezas."

 -No me gustaría amar sin haberme quitado las arenas. Debe ser maravilloso sentir el oleaje en el vaivén de un fragor que se consume.-

Aprendí a mirar y amar la vida por tus ojos, antes no sabía que era aún más bella, pero estabas en alguna parte. Ella me enseñó a sentirte que la noche tenía magia y que mis duendes de la infancia tornaban a mí de nuevo; a jugar con mis dedos a sentirme viva, a escribirte poemas a morirme si no te percibía. 

¡Antes, no tenía ojos la luna y le puse los míos de gata en celo! Para que me viese desde la oscuridad de su tristeza. Le regalé mi sonrisa para reírnos juntas, me colgué de las estrellas que ama y conoce perfectamente, porque ella es una más que recibe la luz del sol; así me sintió más cerca. En cada verso que le he regalado se ha mecido el viento en el arroyo; ha danzado la niebla y la bruma, le ha despejado sus sueños oscuros de noches solitarias y, le ha cantado mi pequeño universo interior.

También pudo saber que el aroma de las rosas en el jardín, es intenso cuando están enamoradas y se lo lleva el viento, cuando camina en la  elipsis de su realidad. Aprendió a sentir que, cuando callaba, eran dos almas que se estremecían en alguna parte del universo. Supo esperarme en los muelles solitaria o me buscaba sin buscarme detrás de las montañas, pero sabía donde me hallaba porque su sombra me la llevaba conmigo; y muda, temblorosa, agitada, llena de deseo, seguía mis pasos y me buscaba en su mente y sabía que no la he abandonado y que nunca lo haría... 
Porque conectábamos y conectamos nuestra realidad cósmica a cada instante. 

Sabemos que es grave nuestro gesto cuando miramos a Dios. Él, siempre condescendiente nos alarga sus manos entretejiendo caricias en el aire, nos regala más sueños, más poemas y formas del pensamiento, nos aclara las claves de los secretos y la noche aprende a sentirse en el recuerdo, camina arropada de estrellas o de nubes del brazo de la luna porque sin las ensoñaciones nos quedaríamos sin su fuente de luz mágica, siendo unos solitarios, peregrinos sin nada para saciar nuestra vida acá en la tierra.

Somos reos de un pensamiento de amor, sobrevivimos a los tiempos con mendrugos de palabras, recibimos de la mano del Amo la escudilla llena y seguimos ladrándole a nuestra luna. Justificamos la soledad o el desamor, el deseo o la falta de valentía cuando nos ofrece el día su cruda verdad, la de cada ser que espera que todo le cambie y no sabe, que el sol brilla porque sigue viviendo y aún puede soñar hasta que su tiempo no pueda ofrecerle una alternativa real; entonces, nos damos cuenta lo poco que somos ante lo adverso que se hace muro infranqueable y no y la caricia sobre los pétalos; pero la mano que nos tiembla, espera, necesita, no se hace indiferente y vuelve a buscar la noche con su luna o sin ella, porque si no la tiene la talla en su alma; porque sólo así se encuentra el placer de masturbarse, sintiendo ese vicio silencioso y oscuro donde respira jadeante el aire de la vida que le falta, temiendo morirse sin los sueños. Deseando encontrar en ÉL, la obstinada llama que arda en sus palmas de las manos, para poder dirigirla desde el pecho o, desde el plexo solar mientras la acción justifica el pensamiento.

¡Qué tristeza es la soledad del ser! Necesitamos un retazo de luz, un vestigio trascendente de vida en el opaco verso de las tardes, un sorbo ansioso de deseo lúbrico, un húmedo latido, un palpitar cabalgado que se relaja indolente sonriendo, un alma que nos ame. ¡Oh, cuanta complicidad halla la palabra en la mirada de lo amado, y que sola está gravitando por su mente! Luego, el insomnio revive en el alba con tintes caprichosos de amanecer, vemos como se desprenden nuestros besos de celajes enamorados desde los cuerpos que se agitan cansados. ¡Le hemos robado al tiempo sus secretos! Es posible. 

Y esta quimera de soles que viaja nos quema en las manos para restaurarnos pedazos de nuestro yo más profundo. Sentimos como se empeña la Luz de la creación en servirnos de regazo y dulcificamos en vértigos de notas, la danza de las horas que mantuvieron nuestros ojos abiertos. Aún vibra en nuestros cuerpos emocionados por un etéreo amor. Entonces sellamos un pacto de silencio con todas las vísceras de nuestro cuerpo,  con ese algo..., de la cotidiana y yerma realidad que nos embarga. ¡Con la nada!.

Cuando despertamos de ese absurdo sueño visitamos de nuevo el jardín. Y se deshojan las flores llenas de alegría, nos enseñan sus corolas y notamos como el ambiente se llena de nuevo de suave fragancia, donde la mano que no existe pero está y la percibimos, llena de amor en los cuerpos que nos entienden y que nos saben zombis del destino, soñadores de eternas ternuras, náufragos siderales desposeídos de El Paraíso Terrenal y por conocerlo, nos lo inventamos en un milagro de ternuras que nos faltan en este lugar de ansiedades, que poco a poco nos matan por ser los desterrados Hijos de la Creación, una partida de ilusos tahúres de la palabra o trileros del verbo amar, porque apostemos por ella al ofrecernos de vez en cuando la eternidad!


El día se hace una quimera de luces que nos llevan de nuevo hacia esa noche deseada, donde la luna tiende de nuevo su mantel de oscuridad para que sólo brillen sus estrellas, siendo los soñadores invitados de nuestra extraña canción a su mesa. Y el dios Baco nos regala la ambrosía mejor de su cosecha mientras vuelve a poner los dados sobre la noche... 

¡Jueguen señoras y señores, jueguen!

No, no estamos tirados y solos en las profundidades de este mar de dudas. Existen esas tenues maravillas que han conseguido traernos a este lado y apenas se notan, pero allí están. Y no me vuelvas a preguntar... “Dime, de dónde vienes tú, de dónde vienes.”... Cuando sabes que siempre estuve, estoy y estaré a tu lado, si no en tu presencia, lo estaré con la palabra, es mi regalo. Ya sabes que ÉL es muy generoso, nos ama. Tendré que deletrearme a mí misma hacia atrás, como en un juego infantil hasta enmudecer, si lo quieres. Nos da la Luz y la realidad absoluta se nos instala en el ambiente. Y esta noche la luna tendrá los párpados cansados de mis ojos, cuando se quede dormida. Yo sólo sé lo que ella ve cuando me piensa por eso la quiero al quedarse con mis manos. Sólo así me libra de impurezas.


Elisa Lattke
14.10.08

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