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jueves, 1 de abril de 2010

La hoja curativa




Una solitaria hoja de roble se movía por una senda de vientos temiendo estrellarse contra las rocas. Aún llena de vida, enseñaba el verde de su textura. Algunas pequeñas pecas como manchas ocres, se destacaban por sus bordes. Arrancada de la fronda del bosque aún mantenía vida sensitiva. 


En su viaje improvisado miraba con nostalgia lo que dejaba a su paso y sin poderlo remediar, sentía tristeza de no ser parte y vestido del roble-cuerpo que siempre la despertaba cada primavera para volver a renacer. 


Así viajaba y pensaba llevada por el viento. Por fin este cesó y fue a parar al lado del río. Levemente cayó entre algunas piedras sin hacerse daño. Pirra, y sus hermanas hormigas andaban buscando algo así, una hoja como ella, de roble; necesitaban medicinas en el hormiguero. Tuvieron suerte de encontrarla, dándole un cometido muy sano y curativo. 


La hoja de roble contenía los taninos necesarios en pequeñas cantidades. Era antiséptica, antiinflamatoria, astringente y hemostática, les dijo Pirra muy orgullosa de su saber. Era la médico de su hormiguero.




Elisa Lattke
09

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