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sábado, 9 de enero de 2010

Voy observando por el camino

(Alm)/07 Foto de alattkeva


Las migajas que nos regala el halago son a veces sinceras,
ofrecen su parte de bienestar, producen buen efecto psicológico.
"Pero las migajas pueden ser señuelos que no siempre son verdad."
-decía mi madre.

No puede haber música sin el instrumento del amor, sin la voz,
de la palabra no se hace silbido sensible como en las aves su canto.
Sin un discurrir inteligente la mente no siente lo que lee, no palpa el sentimiento y
no se estremece con lo que le llega al alma; ni se conmueve  "por no dejar" o "por hacer un bien", no se puede opinar o valorar lo que se escribe; sólo se lee, se escucha o se manifiesta en diferentes formas en la vida, dándolo por bueno si no se reflexiona.

Me pregunto: Por qué ese afán de quedar bien con todo para manifestar lo que no se siente y, pareciendo malo, se le da un valor que no le corresponde. ¿No será mejor permanecer en silencio cuando no debemos opinar sobre lo que no está bien o no es bello?... Algo bueno puede haber y no precisamente en lo que se halaga y sí en el que confiado se deja seducir por lo que cree que es bueno y, ello tiende a crear una mala imagen del verdadero cometido que puede beneficiar a otros semejantes, pero hay que saber cómo, por qué y para qué se regalan palabras sinceras. "Las obras son amores pero no buenas razones".

Por qué se duerme en el ridículo de un vano ruido o se le da pábulo a lo que no es agradable a los sentidos. Se acostumbra socialmente a estas manifestaciones carentes de amor real; y no es justa la conmiseración del que sabe o del que pasa de enseñarnos para aprender. Pero hay otros que lo tienen todo y no le importamos. Así que piensan que cualquier cosa "es cariño"... Pienso que ser melodía inventada para el aplauso al idiota o al zafio darle su palmadita en la espalda, es bien triste. Y el que lo hace al que cree que lo ignora, no sabe de la sonrisa despojada de amor o avergonzada que, al que cree tonto, le devuelve en silencio con gran tristeza. Es muy difícil  mentir a quien es sensible.

He visto la transparencia en la polvareda que se desprende del que huye, cuando no ve ganancias o vínculos prácticos en esos otros a los que antes decía apreciar, pero sólo le llevaba la curiosidad, el afán de saber cómo eran, sus vidas, amistades, contactos, sociedad que frecuentaban, su  religión, opción sexual y hasta el color de su partido político, etc. El engaño del que roba la alegría en una mueca de cansancio al que esperaba  un gesto diferente; la mentira en el temblor de unos labios falsos o unas manos que se alejan de quien no le sirve a sus expectativas, inventándose  cualquier cosa para evitar "al pesado" o al que "no interesa". He visto la mirada en la altura, hacia la pequeña moneda de un céntimo que brilla en el suelo, pero teme tocar polvo para sentirla en su bolsillo. No le hace falta que le enseñe su brillo diminuto, tan de poco valor cuando tiene más.

Soy en este crecer interior algo más alta Señor,
cuando te cuento de mí necesito verte por encima,
porque tú me haces grande.
La felicidad de la pequeñez es inmensa, porque estoy expuesta siempre a mi ignorancia,
Sé que no me engaño ni me engañan los disfraces del halago "por mis canas" y sin ellas,
el temor al daño "por ser viejo", porque sé que lo soy y lo que doy es verdadero.

De mi historia casco todos los escombros propios, dejo sólo la pequeña parte que necesito donde florece una rosa roja. Hay un ángel de amor que me ofrece su cielo de estrellas y es capaz de llorar sobre mi humana condición, para decirme que me ama en su silencio. Pero aún te sigo preguntando, Señor: ¿por qué a mí?

Produzco sentimientos y no palabras escritas para convencer a quienes me leen. Quiero que ellas sean hechos en el corazón de los que realmente me quieren. Sé que las mentiras pueden hacernos videntes de las grandes verdades. Soy de las estalactitas que aún siguen reproduciéndose en la cueva, formándose de sus propios pensamientos, mientras la vida me tenga sumergida en este adentro.

Cuando me haga de ausencias tomaré el suelo para ser de nuevo raíz de la vida. Ahora sólo me divierte sentir el amoroso limo que acaricia mis heridas, dejando siempre las compuertas de mi alma abiertas, para que la palabra brote y mis latidos se escuchen en el bosque. Quiero ser el mineral fosilizado del árbol para albergar el alma de los pensamientos y, en ti, cielo de fundidos, soy estructura de conciencia en las grutas donde soy raíz para que nazca y crezca floreciendo el horizonte que te espera. Sé que eres el ser que nunca me mentiría, porque sabes cómo me invento los soles que favorecen las horas de tu luz y paz  interior, en la ternura que te acaricia cada día. Somos jirones de la vida que siempre se nos quedan entre los espinos al paso del camino. Sigo pensando que en el océano de mis dudas y las tuyas, existe la isla del amor... y allí debemos dirigirnos cada día en la vieja barca de sueños, los de este planeta, que poco a poco se desvanece ante mis ojos.


Elisa en: "Don Anselmo"
Enero 9/2010

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