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sábado, 31 de marzo de 2012

Al horizonte

Recurrir al horizonte
es substraerse al recuerdo
aunque no es lo esencial para soñar,
pero sí extraña de qué forma se cierra su tapa.

Leemos en los signos y ellos dan sus claves.
Todo arcón conserva tesoros encerrados
por el mucho tiempo que pasan bajo el mar.
Allí donde guardamos nuestros pasos contados
y el futuro se reduce al cumplimiento
o, a una vuelta más de tuerca y hacia cualquier parte;
pero eso sí minuciosamente guardados en papel de seda
como pequeños tesoros de delicada porcelana.

En la lectura de nuestros renglones
las aves migratorias somos todos
y nos alimentamos con la flor original nuestras espigas,
sus migas crecen en barbecho. No se pierde nada.
Es un recurso natural para preservar a la planta
si se deja de sembrar,
pero terminan por dar más semillas... Salvajes.
Deshecho el silo el recurso es el camino que ya hicimos.
¡Allí se recurre por falta de grano, pero es del nuestro!
Ellas se cultivan con el mismo mimo que las alimentamos antes.
Brotan desde el Yo natural donde enraízan.
¡Nadie puede decir lo contrario!

Hay una parte del arcón bajo la nave de su mar de ideas
que aflora a su superficie carcomida,
donde reconoces su alimento incrustado,
como palabras que van perdiendo instinto de supervivencia en cada brote;
allí se dejan fantasmas reconocidos que las cuidan;
y todo palmo medido a conciencia tiene su tiempo y su licencia. Brota.
Es esa otra lluvia hecha de llanto la que humedece su crecimiento,
pues es nuestro dolor lo único que hace que las madure
y crezca en su verdadero terreno.

Lanzaría por la borda desde mi precaria nave todo,
pero intuyo que aún puede dar de sí su contenido
y mi alma va en pos de lo que dejo, ¡la muy ilusa!;
tristemente tengo que reconocer que obra bien
tal como si se tratara del mal de Diógenes, guarda todo.
-¡Por eso me harta el vetusto gravamen que es aprender de la vida!

Hay un llanto maduro... Demasiado...
Si leo en la insensatez del miedo ajeno
que sí reconoce la burla y claramente desprecios
y lamentos; donde chocan mis aves sin la luz.
Se nos condena antes de sabernos puros
y minan las aguas que cruzamos.
Esos que nos hacen que nos dolamos van temerosos
pisando huevos ante lo que se intuyen,
no así ante lo que saben que es  tal como se da y es honesto.
Pero abren sus alas y nos cubren como si no pasara nada.
Creen ver que saltan ranas al ruido de las palabras.
¡Palabras!
¡No pensamientos razonados, ideas originales y propias!
Dejan caer ironías inteligentes pero dañinas
inventando razones para eludir su propio miedo,
aplastando a los propios verbos que ya han conjugado.

Reconocer lo esencial de nuestro ser es amarnos
y ofrecer respeto a los demás en lo que damos,
pero es como escribir sobre el agua...
¿Quién lo puede afirmar como cierto en la inmensidad?
Son hechos que firmamos con las huellas de los pies sobre la arena.
Sólo las olas saben a conciencia del amor y cómo acariciar recuerdos.
Nunca los borran, sólo los engullen y permanecen en silencio
para sentirlos en el fragor de su fuerza mientras llegamos al final.

¡Esas son mis aves que vuelan desde dentro extendiéndome sus alas!


Elisa en: "Don Anselmo"  

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